“Nos quieren en casa”

Las feministas turcas se movilizanFeministas turcas critican la llamada del Gobierno a tener más hijos

Ricardo Ginés – Estambul

El cuerpo y la imagen de la mujer son "campos de batalla ideológicos", se queja la escritora Elif Safak
 

Si no queremos que descienda nuestra población, cada familia (turca) debe tener por lo menos tres hijos (…) Cada hijo es una bendición". Con motivo del día internacional de la Mujer, el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, de raíces islamistas, se dirigía así a su público en Usak, pequeña ciudad del oeste de Anatolia.

En la alocución, que fue emitida poco después en televisión por la cadena nacional CNNtürk, Erdogan, con su tradicional retórica vehemente, advierte del peligro que supone el control de natalidad, que, a su juicio, "desea acabar con la nación turca". Lo cierto es que, con una edad media de 28,3 años, Turquía es un país joven en comparación con otros europeos.

En todo caso, y como viene siendo habitual en sus discursos pronunciados en Anatolia y no de cara a la galería diplomática, Erdogan hizo una separación populista entre un ellos,Occidente, y un nosotros,musulmanes.

La reacción por parte de asociaciones feministas y mujeres críticas con el Gobierno no se hizo esperar. "Tayyip, tú da a luz y ocúpate de los niños, nosotras seremos primeras ministras", "¡Queremos trabajo! ¡Erdogan nos quiere en casa!", coreaban muchas de las mujeres en las protestas por sus derechos que tuvieron lugar a lo largo y ancho de Turquía y que reunieron a miles de manifestantes.

El diario liberal Taraf tomó el relevo al día siguiente y dio pábulo a disquisiciones sobre si no estaría mejor reconvertir el día de la mujer en Turquía en el día de la Natalidad. Otros medios laicistas, la mayoría y de mayor peso en Turquía, fueron menos irónicos y subrayaron de forma muy crítica una retórica "que infunde miedo", como criticó el diario Milliyet.

Desde que el Partido de la Justicia y Desarrollo (AKP) llegó al Gobierno en el 2002, su legislatura ha estado marcada, sobre todo en los primeros dos años, por un fortalecimiento democrático – al que obliga la Unión Europea en el camino de acceso – y que ha sido y es apoyado por un minoritario pero importante sector liberal de la sociedad civil-.

El sector más laicista, sin embargo, recela de las verdaderas intenciones del Gabinete liderado por Erdogan y ve en el camino europeo una simple estrategia para erosionar y deshacerse del control del ejército, autoproclamado guardián de las esencias kemalistas.

En el calor de la discusión, como afirma la escritora turca Elif Safak, el cuerpo y la imagen de la mujer se han convertido en "campos de batalla ideológicos". Esta aseveración se vio refrendada por las caricaturas de las mujeres con velo de los medios más laicistas turcos que el año pasado recordaban la discriminatoria estigmatización de las que no lo estuvieran en el vecino Irán.

El velo islámico se ha convertido así en el símbolo clave de feminidad turco, instrumentalizado por la clase política de uno u otro signo.

El quid de la cuestión es si resulta o no cierta la viñeta del periódico Milliyet de finales de febrero en la que una mujer vestida de forma estrictamente islámica porta un cartel que dice: "Deseo libertad para mi religión que limita mi libertad".

Por regla general, las mujeres turcas que llevan velo trabajan menos fuera de casa, se recluyen más en ella y tienen una mayor descendencia que el resto de sus compatriotas. Pero también entre ellas se encuentra por ejemplo Songül Dogan, célebre por intentar atracar un centro comercial con türban y pistola.

Algo es indiscutible: para las esposas de los políticos del AKP, el velo islámico ha supuesto, por regla general y a pesar del elevado nivel medio de educación, un primer paso hacia su actual reclusión como amas de casa. Y es en el hogar matrimonial donde un 51% de las mujeres turcas, acostumbren a llevar velo o no, sufre la violencia doméstica, según un estudio del Worldwatch Institute.

La Vanguardia  (17.03.2008)

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