La izquierda irrelevante

soledadCómo no podía ser de otra manera, y como muy acertadamente constata el Sr. Vicenç Navarro, en una primera aproximación a los resultados electorales del 27S, lo que se puede constatar es un triunfo sin paliativos de las opciones que basan su quehacer político en el neoliberalismo. Cierto, todo aquello que quedaba oculto en el tren que viajaba al país de las maravillas que se extiende tras los montes de la independencia, el acendrado debate si nos vamos o no, venía ocultando que entre las fuerzas partidarias de esa arcadia feliz a la que nos llevaría el tren puesto en marcha ya hace tiempo, en todas ellas (no solo en las CUPs) hay un vivero de políticos partidarios de esa lacra que azota a la humanidad en forma de teoría económica que tanta miseria muerte y malestar viene causando entre los pueblos del mundo, sometidos todos ellos (bien que unos más que otros) a esa tiranía encargada de acumular cantidades ingentes de bienes y recursos par una minoría de megarricos a cambio de extender la miseria en millones y millones de hombres y mujeres de nuestro planeta. En nuestro país, en España, Cataluña incluida por supuesto, la pobreza se ha convertido en un azote para cerca del 30% de la población, lo que no impide a los voceros del sistema en forma de agentes políticos, proclamar a los cuatro vientos, con toda la desfachatez, que estamos saliendo de la crisis. Que somos el país europeo que más crece. La economía crece y, al tiempo, crece la miseria. Mal presente tenemos y, lamentablemente, peor futuro se nos presenta.

Entre las fuerzas del bloque no directamente independentista, no es menos clara la hegemonía de las opciones abiertamente neoliberales. Así en C’s, sin duda el gran triunfador de los comicios; pero no es menor el fundamentalismo de mercado del PP o el, en este punto, concomitante neoliberalismo del PSC, ya encaminado así desde los lejanos tiempos del compañero Felipe. (Feelipe, Feelipe, Feelipe). En el caso del PSC, esa deriva ya añeja como decimos, queda plasmada en el contubernio en apoyo al TTIP que el grupo socialista del Parlamento Europea mantiene con el mayoritario grupo popular; vaya, que en Bruselas funciona a toda hostia, en ese asunto vital, el equivalente a la Gran coalición PP – PSOE. En este bando solamente Catalunya Si Que es Pot, (¿alguien es capaz de encontrar un nombre menos afortunado para una opción política?) mantiene una posición abiertamente opuesta al neoliberalismo.

De aquí que sumando y restando, en el campo de la defensa de de los derechos sociales, incluso yendo un poco más allá que es mucho ir, en ese campo yermo de fuerzas de transformación social, léase de transformación socialista, nos encontramos con los diputados de CSQP con posiciones tibias, cada vez más tibias, en todo cuanto pueda apartarse del eje del debate que plantea el grupo hegemónico, y aquí ni hablar de lucha de clases (el movimiento obrero, influido por estas fuerzas, simplemente no existe como tal), no sea que los vayan a tomar por rojos. Las CUPs, al menos en los papeles, se muestran como una fuerza anticapitalista, partidaria de salir del Euro, de la Unión Europea y de la OTAN. Esta formación, que toma gran impulso, tiene al parecer, un handicap importante hasta el momento. Su granero de votos no está entre las capas populares de los cinturones industriales. Es decir, su anclaje entre los trabajadores no parece, hasta el momento, de gran solidez. De todas formas no queda menos que, desde una posición partidaria de la transformación socialista de la sociedad, saludar sus propuestas radicales.

Concluyendo: sumamos 21 diputados de izquierda (radical) ¿partidos por la mitad? entre la independencia y la no independencia. Ese, y no otro, es el capital político que las fuerzas de izquierda atesoran en el nuevo parlamente catalán. Esto es: una izquierda absolutamente irrelevante. 21 diputados por la transformación social contra 114 por la asfixia neoliberal, por la continuación del expolio social. Esta es nuestra triste realidad.

Todo por hacer.

Tras casi treinta años de vida de IC, con los posteriores añadidos de verdes (al calor de la formación de moda del momento – los verdes alemanes) y al ayuntamiento con EUiA (nombre no menos glorioso que aquel de CSQP), el comportamiento electoral de la formación, ya limpia de cualquier concomitancia comunista, está muy lejos de cumplir con aquella visión onírica de Ribó (tal vez había fumado algo) que predecía un govern a Catalunya dels homes i denes de IC. Más bien al contrario, el oportunista juego de la indefinición que a lo largo de toda su historia ha venido practicando en cuestiones que son vitales (la social y la nacional) han terminado por colocarla en la más absoluta de la irrelevancias. ICV- EUiA, sin entrar a valorar la bonhomía de sus integrantes, se muestra como una formación incapaz de remontar la situación, sobre todo en unos momentos en que se precisa es justamente claridad en las exposiciones y las propuestas. IC ha dejado de ser útil (si es que alguna vez lo fue) como instrumento de emancipación de la clase obrera, a pesar de que es en las áreas que habita esa clase obrera donde la formación consigue sus mejores resultados.

Las CUPs, con cuyo discurso coincido sin ambages: salida de la OTAN, algo esencial para cualquier proyecto de emancipación social toda vez que es el garrote de la OTAN la clave de bóveda que aguanta al capitalismo decadente, a base del suministro de bombas por doquier; cómo no compartir su propuesta de salida del Euro, algo que empieza a ser un clamor en toda Europa, pero fundamentalmente entre los pueblos del Sur, una vez advertido que es la mayor renuncia a la soberanía que el Estado (todos, pero sobre todo los del Sur) ha hecho a lo largo de su historia; o la salida de la Unión Europea, vista como el proyecto de la Oligarquía, fundamentalmente alemana, pero en general la de todos los países que conforman dicha unión y por lo tanto la oligarquía española de la que, en mi opinión, forma parte la oligarquía catalana; o cómo no compartir su discurso radical anticapitalista, toda vez que el capitalismo, que siempre ha sido el instrumento de las oligarquías, ahora entra en una fase aguda de la lucha de clases en la qu, son ellos los que están ganando, Buffet dixit. Todas esas cualidades no tienen al parecer una base popular sólida dado que no consigue penetrar en los barrios populares, allí donde ha vivido y pervivido la izquierda clásica, con lo que no deja de ser un brindis al sol.

A quien esto escribe ya le va bien la forma de conexión de Cataluña en España que en estos momentos tenemos -lo siento, lo veo as-í, que se encuentra cómodo con las cosas como están en ese aspecto, que entiende que la cultura catalana cuenta con los instrumentos que le pueden permitir desarrollarse en plenitud, tanto como pueda dar de sí que, a tenor de lo que los señores Borrell y Llorach presentan en su estudio, Cataluña participa de una cuota razonable de los presupuestos del Estado, con un retorno de recursos, en gran medida, acordes con las característica de nuestra comunidad, aún admitiendo la necesidad de ajustes que pueden y deben quedar resueltos en la mesa de negociación. Es decir, cuando la calumnia del España nos roba se demuestra que es eso, una calumnia, cuando las razones de tipo cultural solo son las consignas que las fuerzas hegemónicas lanzan y las formaciones débiles siguen a pies juntillas (y así les va), cuando todo eso es falso aunque pretendan negarlo, cuando es innegable que Cataluña decide de forma autónoma sobre aspectos esenciales para la vida de las personas, tal vez con mayor nivel de competencias de los que en estos momentos puedan tener países como Grecia, lo único que queda en el argumentario del nacionalismo son las pasiones, la idealización de la nación mítica y eterna que no ha sido sino la construcción nacionalista de los últimos cuarenta años y que, tal como yo lo veo, no es sino una pulsión pasional, una ideología que manipula el natural amor de los personas a lo suyo, hasta reafirmar dicho amor a través del odio a los otros, en este caso España y los españoles, sobre todo si viven en Cataluña.

Pero además de todo eso, no consigo ver las ventajas que para los asalariados, para la clase obrera, para los mileuristas y menos de mileuristas, para los trabajadores y trabajadoras precarizados que tanto abundan en Cataluña, y en Valencia, Madrid, Sevilla, Oviedo y etc., o para los centenares de miles de parados que hay en cada uno de los territorios españoles. No consigo ver una mano negra en el PP y una mano blanca en CiU. No, todo son manos negras y CiU ha sido con frecuencia la inspiradora de las mayores agresiones que se han cebado con los trabajadores y trabajadoras españolas a lo largo de los años de democracia parlamentaria, con independencia del partido neoliberal que ocupara la Moncloa.

Considero que buena parte de los trabajadores y trabajadoras catalanes, con empleos más o menos buenos, con contratos fijos – cada día más debilitados – o precarios, con una inestabilidad perenne, cada vez con mayores dificultades para iniciar proyectos de futuro, abocados al interés insaciable de un capitalismo en fase terminal, carne de cañón del mercado, todos, tenemos muchas cosas en común, y mucho que ganar marchando juntos hacia la conquista de la democracia radical, transformadora, anticapitalista y orientada hacia la construcción del socialismo junto con los pueblos de España, incluso ambicionando la integración en una confederación de pueblos ibéricos, tarea esta última tal vez en espera de ser fecundizada.

La salida de la OTAN, del Euro, de la UE, el rechazo al TTIP con la negación del derecho a negociar que se autoatribuye la Comisión Europea; la auditoría de la deuda, la búsqueda de espacios de entendimientos entre los españoles de diferentes culturas y tradiciones, mucho más fértil para los trabajadores que la búsqueda incesante de todo aquello que nos separa, personalizado en el fet diferencial que tanto ha contribuido a la fractura social que hoy, se reconozca o no, se vive en Cataluña. La dignificación del trabajo y, por supuesto, de las condiciones de trabajo, hacer de los derechos proclamados derecho positivo: al trabajo, a la sanidad, a la enseñanza, a la igualdad de oportunidades, a la libertad ideológica, a una prensa ética y estrechamente vigilada por una deontología severa y de conocimiento público, no oculta y corporativista. Todo, todo por hacer. Un amplio campo en el que concurrir y en el que se reconocería multitud de gente dispersa, restos de formaciones agotadas en batallas y, por desgracia con frecuencia, batallitas estériles.

Es una tarea difícil, complicada, seguramente desagradecida, pero necesaria. Partimos de la nada, debemos autoconvocarnos y poner todos los medios para organizarnos buscándolo todo. Es la única vía hacia el futuro.

Chema Sabadell.

Crónica Popular, 5 de octubre de 2015

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