… Y también el apoyo de sindicalistas a la lista de Artur Mas y Romeva

1.–  Raül Romeva, el trampantojo de Artur Mas,  ha vuelto a insistir –hace dos días— en que “si Cataluña se independiza, al final la Unión Europea encontrará una solución que beneficie a ambas partes” (1). Pues bien, no hace falta ser un avezado hermeneuta para caer en la cuenta de que R.R. ha dado un cierto giro a su anterior línea argumental: no hay problema alguno para la entrada del nuevo estado en la Unión Europea. Ahora toma la brocha gorda y, reconociendo indirectamente  la existencia del problema que antes se negaba, afirma que será la UE quien arreglará las cosas. El ex eurodiputado no nos dice por qué, aunque se hace venir un argumento que es otra falacia añadida: “No estamos ante un problema jurídico ni legal. Los Tratados permiten perfectamente, como se demostró en el caso de Escocia, que cuando una parte de un Estado miembro se convierte en Estado forme parte de la UE”. Digamos que el caballero olvida intencionadamente que en el “caso escocés” hubo un acuerdo con el gobierno de Gran Bretaña, que era una condición necesaria, pero no suficiente. La suficiencia se hubiera dado, en el caso de ganar el referéndum (que no fue el caso) y pedir Escocia el ingreso en la Unión, que todos los estados miembros –todos, repito—le hubieran dado el placet. ¿Está alguien en condiciones de afirmar taxativamente que todos los estados lo habrían aceptado? ¿Habrá que recordarle al caballero que si se quiere transformar las cosas hay que partir de cómo son y están?

2.–  Que un grupo, más o menos numeroso, de sindicalistas apoye la independencia de Cataluña no es nuevo en la historia de nuestro país. Lo que sí tiene su miga es que representantes sindicales de diversas organizaciones aparezcan en la Lista de Artur Mas (2). Nada que objetar a la libertad individual de cada quisqui. Pero sí es chocante que los miembros de organizaciones que se han enfrentado a las políticas de privatizaciones y recortes –y a las argumentaciones de las mismas– hagan ahora borrón y cuenta nueva. Que no se objete, al menos en mi caso, qué postura personal se tome en cualquier caso, no impide un juicio crítico, poco bondadoso, con la biografía sindical de los alistados en la coalición de Mas.

Digámoslo con claridad: así las cosas, tales sindicalistas están –lo quieran o no–  legitimando una acción de gobierno que ha organizado, a sabiendas y queriendas, un ataque a sus representados. Más todavía, habrá que decirles que de ese modo “están trabajando para el inglés”. Que es un viejo refrán que no vale la pena, por claro, lo que quiere decir.

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