“Sobre pueblos hermanos que desean vivir juntos. Respuesta “A los españoles” de Artur Mas, Raül Romeva, Carme Forcadell, Muriel Casals, Oriol Junqueras, Lluís Llach, Germá Bel y Josep Maria Forné”

Catalunya, como es obvio, no es un tipo de entidad que pueda amar a nadie. Es un constructo; toda nación parece ser, antes que nada, una noción construida y abonada. Lo dicho vale también para España o para Francia por supuesto. Este tipo de entidades no tienen atributos afectivos ni eróticos, no pueden amar. Nosotros podemos amar a Llach; Catalunya o España no pueden. La voluntad de los catalanes no la representan tampoco “Junts pel sí”, “Junts pel 3%, pel 5% o pel 10%”

No me detengo en las faltas ortográficas y en la singular sintaxis de algunos pasos del escrito (“casi se puede decir que ésta búsqueda forma parte de nuestra naturaleza política”, “y asumiendo el mandato ciudadano sea cuál sea este”,…). Tampoco lo haré en esa Catalunya separada de España presentada como si se tratase de un postulado o noción común de una muy-racional geometría soberanista-independentista. Me centraré en algunos pasos del artículo “A los españoles” que apareció el pasado domingo en El País. Sus firmantes, Artur Mas, Raül Romeva, Carme Forcadell, Muriel Casals, Oriol Junqueras, Lluís Llach, Germá Bel y Josep Maria Forné, son todos ellos candidatos de la lista “Junts pel si”.

Por “españoles” parecen referirse los autores -¿firmantes tal vez?- a todo ciudadano de España que no sea catalán, incluyendo, por ejemplo, a vascos, gallegos, andaluces o valencianos. Probablemente, en cambio, no incluyan a los ciudadanos catalanes que se sienten también españoles (no es mi caso por si fuera necesario señalarlo).

Para facilitar la comprensión copio algunos fragmentos del escrito:

Catalunya ha amado España y la sigue amando. Pero que nadie se lleve a engaño. No hay vuelta atrás, ni Tribunal Constitucional que coarte la democracia, ni Gobiernos que soslayen la voluntad de los catalanes.
Catalunya, como es obvio, no es un tipo de entidad que pueda amar a nadie. Es un constructo; toda nación parece ser, antes que nada, una noción construida y abonada [1]. Lo dicho vale también para España o para Francia por supuesto. Este tipo de entidades no tienen atributos afectivos ni eróticos, no pueden amar. Nosotros podemos amar a Llach (algunos lo hemos amado mucho); Catalunya o España no pueden.

Sea como fuere, admitiendo el uso como metáfora de esa propiedad, decir que en estos momentos, después del “España explota a Catalunya”, mil veces repetido y aireado, “después de la Catalunya productiva expoliada por la España subsidiaria”, después de reírse en sede parlamentaria del hablar castellano de los niños gallegos y andaluces, después de hablar de la esclavitud que ejerce España sobre Catalunya impidiendo su libertad, decir tras todo ello que Cataluña amó -¡y sigue amando!- a España debe ser una broma de algún bromista de un complejo e inconsistente sentido del humor o la afirmación de un cínico (s) incorregible.

Por lo demás, muchos ciudadanos catalanes no amamos en absoluto la España que puedan representar el dictador Primo de Rivera (tan amado en su momento, en cambio, por la burguesía catalana), el fundador de la Falange, el general criminal y asesino, Queipo de Llano, Aznar, Rajoy, Botín, Florentino Pérez, doña Esperanza, etc etc. Son legión desde luego. Sí admiramos, en cambio, la España de Machado, de García Lorca, de Cernuda, de Rosa Chacel, de Enrique Ruano, de Rafael Chirbes, de Eugenio del Río, de Manuela Carmena y de tantos otros ciudadanos y ciudadanas que gritaron y siguen gritando “No pasarán”. Y no sólo les admiramos sino que queremos ser con ellos, queremos formar parte del país de justicia, democracia y libertad que ellos representan y por el que se esfuerzan y luchan.

No digo que el Tribunal Constitucional no pueda coartar la democracia pero, sin una comparación exacta, muchas otras instancias abonan el mismo sendero antidemocrática. Por ejemplo, la permanente y casi insultante intoxicación independentista y manipuladora de TV3 y de sus medios afines. De democracia nada de nada.

Por lo demás, la voluntad de los catalanes no la representan “Junts pel sí”. “Junts pel 3%, pel 5% o pel 10%” representa –y habría que meditarlo con calma- la voluntad en determinados temas de un subconjunto de los ciudadanos catalanes, un subconjunto cuya cardinalidad desconocemos exactamente hasta el momento aunque tenemos pistas e informaciones que nos permiten hacernos una idea. En torno al millón y medio o algo más.

Y, desde luego, que ningún gobierno debería soslayar la opinión de los ciudadanos/as. Tampoco el gobierno marcadamente neoliberal del hijo político del molt ex honorable que la ha soslayado en asuntos sociales en 1.714 ocasiones.

Para dar lecciones de democracia a los catalanes hay que tener mucha audacia. Pero para despacharse evocando lo peor que ha sacudido Europa, equiparando soberanismo a nazismo, para arremeter así contra la expresión más ilusionante, firme, masiva, cívica y democrática que se está viendo en esta misma Europa hay que ser muy poco responsable; tamaña provocación indica hasta qué punto hemos llegado. Eso es lo más triste del libelo incendiario que firma todo un ex presidente del Gobierno español como Felipe González.
Aparte de la inmodestia de la idea que subyace a la afirmación (“a nosotros no nos da lecciones nadie”), presuponiendo algo así como que los catalanes, por serlo, son demócratas genéticamente (¿Lo eran, por ejemplo, Samaranch, Porcioles o Cambó? ¿Lo es Millet por ejemplo, y tantos otros de esas 400 familias con mando en plaza?), como es de toda evidencia don Felipe Gal Natural (ninguna simpatía hacia él ni a su legado: ha sido lo peor que le ha ocurrido a la izquierda en estos últimos 40 años), don Felipe, decía, el amigo de Jordi Pujol, no equiparó soberanismo a nazismo. Basta leer su artículo del pasado domingo. Las exageraciones e imprecisiones no ayudan, crispan.

El paso que viene a continuación –la expresión más ilusionante, firme, masiva, cívica y democrática que se está viendo en esta misma Europa– es un ejemplo claro de inmodestia, que debería ir acompañado del rechazo que ocasiona en millones de los “otros catalanes” y de la referencia a la división que está provocando constantemente en la sociedad catalana, no bajo el eje explotadores-explotados, privilegiados-desfavorecidos, sino bajo las falsas coordenadas independentistas-no independentistas.

Sin estar de acuerdo en absoluto con el texto de González ex Gas Natural, su artículo no es de ningún modo un libelo incendiario. Los soberanistas han escrito cinco mil de esos panfletos en diez semanas y media. En estos últimos cuatro años, si se sabe.

Valdría para la ocasión aquello de “a palabras necias, oídos sordos”, qué duda cabe si no fuera que no se trata de un mandatario de un partido de rancio abolengo democrático. Ocurre, sin embargo, que quién suscribe el texto es un ilustre que en su día fue presidente del partido que representa la alternancia en España al Partido Popular. Ahí radica lo más preocupante de la situación: los principales partidos españoles comparten discurso y estrategia para con Catalunya. La misma receta, la de siempre, sin tapujos.
Sin entrar en la defensa de ese partido que no se cita, la afirmación es falsa. Es de toda evidencia. Ni el PSOE tiene el mismo discurso y estrategia si hablamos de Catalunya que el PP. Ni el discurso del PP o del PSOE es equivalente al de IU y Podemos, por no hablar de BNG, Bildu, Chunta, Compromís, etc. No es el de siempre y no es sin tapujos.

Me corrijo… Sí es el de siempre en algunos casos. La tradición que representa hoy IU (y muchos dirigentes y simpatizantes de Podemos, al igual que de otras fuerzas) es la misma que defiende desde hace décadas libertades para todas las naciones y nacionalidades de España y una República federal solidaria y fraterna. La misma y en circunstancias más que difíciles.

Puestos a hablar de coincidencias y de recetas de siempre, están las coincidencias de las políticas económicas neoliberales defendidas por el PP, amplios sectores del PSOE y la mayoría de fuerzas y personalidades de “Junts pel Sí i pel 3%”. Y sin tapujos. Repasemos los acuerdos en estos ámbitos de estos últimos años. En el Parlamento catalán y en el español.

Catalunya ha amado España y la sigue amando. Catalunya ha amado la solidaridad y la fraternidad con España y con Europa. Y en el caso de España lo ha hecho a pesar de la ausencia de reciprocidad, procurando, siempre, fomentar una economía racional y productiva, unas infraestructuras al servicio de las necesidades económicas, al servicio de la gente, de la prosperidad, impulsando tenazmente una mejora de las condiciones de vida fomentada en una sociedad más libre y más justa.
¡Como el cemento, como el hormigón! Ya se habló antes de ese amor de la Catalunya de ”Junts pel Si-3%” por España. Pero, afirmar como se afirma, que la España republicana, la España antifranquista, la España democrática no ha sido solidaria y fraterna con Catalunya es un insulto a la memoria de miles y miles de ciudadanos que han luchado por las libertades de todos, incluyendo las de los ciudadanos que vivimos en Catalunya.

Que alguien como Mas -y sus afines- hable de fraternidad y solidaridad es el mayor sarcasmo que se ha podido leer en estos últimos 50 años. ¿Economía racional y productiva la que ellos propugnan? ¿Eurovegas por ejemplo ¿Barcelona World? ¿La millor botiga del món? ¿Al servicio de la gente con miles y miles de familias en paro bajo el umbral de la pobreza? ¿Mejora de las condiciones de vida siguiendo políticas neoliberales de derecha extrema que han atacado sobre todo a los sectores más desfavorecidos y vulnerables, sin apenas tocar a los sectores privilegiados que ellos tan bien representan? ¿La economía racional de los trabajos precarios y salarios de 750 euros? ¿Más libre, más justa, con voces calladas e incrementándose las desigualdades crecientemente? ¿El Barça-Qatar es el paradigma de esa economía racional y productiva que dicen defender? ¿De qué prosperidad hablan? ¿La prosperidad de las 400 familias milletianas con enérgico mando explotador en plaza? ¿La prosperidad de la familia Pujol-Ferrusola? ¿Esta es la economía que defienden y propugnan?

Catalunya ha amado la libertad por encima de todo, con pasión; tanto la ha amado que en varias fases de nuestra historia hemos pagado un precio muy alto en su defensa. Catalunya ha resistido tenazmente dictaduras de todo tipo, dictaduras que no sólo han intentado sepultar la cultura, la lengua o el conjunto de las instituciones del país. Catalunya se ha alzado siempre contra las injusticias de todo tipo, contra la sinrazón.
No ha sido Catalunya, otra mentira nacionalista., quien ha amado la libertad ni quien se ha levantado contra las injusticias de todo tipo.. Han sido algunos (en determinados momentos, muchos) ciudadanos de Catalunya los que han resistido tenazmente dictaduras y burguesías explotadoras (incluida la catalana por supuesto). Otros catalanes, en cambio, han hecho el agosto –y el diciembre- con esas dictaduras, han sido parte de ellas. Algunos dieron la vida por la justicia, la dignidad y la decencia; otros no. Muchos de los primeros eran catalanes de origen no catalán que se sentían hermanados fraternalmente a sus familiares y amigos del resto de España. Lo pagaron caro algunas veces, con su vida. Mi abuelo es un ejemplo; mi tío Salvador otro.

El mito de la Catalunya que resiste dictaduras es otra de las falsedades del discurso soberanista-independentista. Es equivalente a afirmar que España, toda ella, resistió a la dictadura fascista o a la explotación y maltrato de sus clases dominantes. No en un caso y no en el otro. En Cataluña hubo sectores sociales que vivieron felices y apoyaron el atropello franquista del que formaron parte sustantiva. Tras los pactos forzados de la transición, innecesario es señalarlo, algunas familias, incluida la del Felip Puig Quitaojos, han hecho el agosto-septiembre robando a manos llenas de los bienes comunes, desde las instituciones y desde fuera de ellas.

De luchar contra las injusticias de todo tipo nada de nada. Nunca he visto a Artur Mas (y a muchos otros de su lista) asistiendo a manifestaciones que reivindicaran derechos laborales y sociales. ¡Catalunya alzada contra la sinrazón! ¡Y el texto lo firma, entre otros, el hijo político del molt ex honorable, el ex de Banca Catalana, uno de los mayores estafadores y manipuladores que se recuerdan en estos territorios que visitó Don Quijote!

La cultura, la lengua o el conjunto de las instituciones del país han sido a veces más defendidas por ciudadanos no nacidos en Catalunya que por muchos catalanes. ¿Quién ha defendido más la lengua y la cultura catalana¿ ¿Manuel Sacristán, Giulia Adinolfi, Francisco Fernández Buey o el ex alcalde Porcioles, Fabián Estapé o Laureano López Rodó? ¿Se defienda a la lengua catalana y a su cultura quejándose de los niños que hablan en el patio en castellano cuando deberían hacerlo, según esos comisarios lingüísticos, únicamente en catalán porque en el espacio público educativo sólo debería regir el catalán (y el inglés claro está)?

Catalunya ha amado a pesar de no ser amada, ha ayudado a pesar de no ser ayudada, ha dado mucho y ha recibido poco o nada, si acaso las migajas cuando no el menosprecio de gobernantes y gobiernos. Y pese a ese cúmulo de circunstancias, el catalanismo -como expresión mayoritaria contemporánea- ha respondido, una y otra vez, extendiendo la mano y encauzando todo tipo de despropósitos por parte de gobiernos y gobernantes. Catalunya ha persistido en ofrecer colaboración y diálogo frente a la imposición y ha eludido, pese al hartazgo, responder a los agravios acentuando el desencuentro.
De nuevo estamos en lo mismo: en la construcción de un relato que deforma la historia y mitifica hasta el vómito la propia historia, incapaz siempre de emitir ninguna autocrítica sobre lo hecho “a casa nostra”.

¿Catalunya ha dado mucho y ha recibido poco o nada? ¿Cómo es posible entonces que sea uno de los territorios con mayor desarrollo económico (no siempre social por supuesto)? ¿Conocen algún otro caso en la historia de la humanidad en la que un centro maltrate a la periferia y ésta sea la zona o una de las zonas más desarrolladas económicamente? ¿Migajas, hablan de migajas? ¿Menosprecio de qué gobernantes y de qué gobiernos?

¿Desde cuándo por otra parte ha sido el catalanismo expresión mayoritaria? ¿Y qué tipo de catalanismo? ¿El de Companys o el de Mas?

Que se afirme, además, que se ha eludido responder a los agravios acentuando el desencuentro es una de las mayores falsedades (y mentiras además) dichas en el último siglo. Desde hace más de 35 años, no se ha parado de insistir en las diferencias entre unos y otros y jamás se han remarcado los múltiples puntos de unión. Los españoles, todo ellos, sin excepción, son cafres y maleducados (así hablan en sus ambientes cuando hablan con calzón bajado); los catalanes, en cambio, es decir, los soberanistas-independentistas, son gente educada, culta, que habla idiomas, lo mejor de lo más, etc etc.

Catalunya hace siglos que busca un encaje con el resto de España. Casi se puede decir que ésta búsqueda forma parte de nuestra naturaleza política. Pero cuando un tribunal puso una sentencia por delante de las urnas. Cuando durante cuatro años se ofendió la dignidad de nuestras instituciones. Cuando se cerraron todas las puertas, una tras otra, con la misma y tozuda negativa, la mayoría de catalanes creyó que hacía falta encontrar una solución.
La solución que una gran mayoría de catalanes defendía era una República federal que uniera pueblos y culturas, por lo demás nada alejadas. Los hunos han hecho todo lo posible para torpedear y “los hotros” han obrado en la misma dirección. El nacionalismo español alimenta al independentismo y éste alimenta al primero. Lo vemos día tras día… con la satisfacción de unos y otros.

No hay mal que cien años dure ni enfermo que lo resista. Así no se podía seguir, por el bien de todos. Por eso ha eclosionado en Catalunya un anhelo de esperanza, que ha recorrido el país de norte a sur, de este a oeste, una brisa de aire fresco que ha planteado el reto democrático de construir un nuevo país, de todos y para todos, si es que ese es el deseo mayoritario que expresa libremente la ciudadanía catalana. De hecho, ese es el test democrático que comparte con naturalidad la inmensa mayoría de la sociedad catalana, dilucidar el futuro de Catalunya votando, en las urnas, y asumiendo el mandato ciudadano sea cuál sea este. Y si así lo manifiestan los ciudadanos, crear un nuevo estado que establezca unas relaciones de igualdad para con nuestros vecinos, especialmente con España.
¡No hay mal que cien años dure ni enfermo que lo resista! ¡Qué barbaridad! ¡De qué van! ¿Por el bien de todos? ¿De quiénes? Aparte del PP, ¿alguna fuerza política española afirma que hay que seguir como hasta ahora, dándonos porrazos, alimentando separaciones? ¿Un nuevo país dirigido por corruptos y políticos profesionales al servicio de los intereses de siempre?

Los ciudadanos, como saben muy bien, no han manifestado mayoritariamente hasta el momento su deseo de crear un nuevo estado. Algunos ciudadanos, manipulados día sí, noche también, han manifestado ese deseo; muchos otros no. De hecho, si se planteara la solución federal, así se sabe por numerosas encuestas, sería la opción más apoyada por la ciudadanía.

Afortunadamente Catalunya es una sociedad fuerte, plural y cohesionada. Y lo va a seguir siendo pese a los malos augurios expresados con saña en otras latitudes. Cataluña es, a su vez, un modelo ejemplar de convivencia, tanto como ha demostrado ser, sin lugar a dudas a lo largo de su historia, una sociedad integradora, dinámica, creativa, que ha contribuido como nadie al progreso de España.
Catalunya no es sociedad cohesionada. Las desigualdades la rompen crecientemente entre privilegiados y desfavorecidos.

¿Malos augurios expresados con sana en otras latitudes? ¿Se puede, se debe escribir así? ¿Quiénes, dónde? ¿Catalunya demostró ser un lugar ejemplar de convivencia durante el fascismo, durante los asesinatos de principios de siglo de la patronal? ¿Desde que inmodestia se puede afirmar que Catalunya ha contribuido como nadie al progreso de España?

¿Y quiénes han contribuido al desigual progreso de Catalunya? ¿Es necesario recordar los millones de trabajadores de otros territorios de España que han venido aquí a vivir y a trabajar, realizando, la mayor parte de las veces, los trabajos más duros, peor pagados y peor considerados? ¿Dónde está esa integración? ¿En la lista de “Junts pel sí-3%”? Basta con que miren los apellidos para ver de qué integración hablan.

Catalunya es y va a seguir siendo una sociedad democrática, que respeta la voluntad de sus ciudadanos. La tradición democrática viene de lejos incluso en épocas pretéritas fue también así, como narraba emocionado, con lágrimas en los ojos, un anciano Pau Casals ante Naciones Unidas, recordando el arraigo de nuestra tradición parlamentaria. O subrayando, en un emotivo y célebre discurso, las asambleas de Pau i Treva, que establecían períodos de paz frente a la violencia que sacudía la sociedad feudal.
Lo ya dicho: la mitificación permanente de la historia. El creerse únicos y singulares. El pensar que los demás son cafres. ¿Arraigo de la tradición parlamentaria? ¿Desde cuándo? ¿Qué tendrán que ver los actuales parlamentos con las instituciones feudales por ejemplo? ¿La tradición democrática es exclusiva de Cataluña? ¿Los otros pueblos españoles, hablo de pueblos, odian la democracia?

La Catalunya actual, como tantos otros países, respeta la voluntad de algunos de sus ciudadanos. Algunos, no hace falta señalarlo, no cuentan un pimiento. Sólo se cuenta realmente cuando se está de acuerdo con sus   finalidades y cosmovisión.

Insistimos, la base del acuerdo es una relación entre iguales, el respeto mutuo. Y ahí nos van a encontrar siempre, con la mano tendida, ajenos a todo reproche, dispuestos a colaborar y a estrechar todo tipo de lazos. Pero que nadie se lleve a engaño. No hay vuelta atrás, ni Tribunal Constitucional que coarte la democracia, ni Gobiernos que soslayen la voluntad de los catalanes. Ellos van a decidir sin ningún género de dudas. Y tan democrático es volver a las andadas como recorrer un nuevo camino. Ante eso sólo cabe emplazar a todos los demócratas a ser consecuentes y asumir el mandato popular. De eso va el 27 de setiembre, de decidir si queremos forjar una Catalunya que se asemeje a Holanda o Suecia, que rija su destino con plena capacidad, o seguir por los mismos derroteros.
“Lo de dispuestos a colaborar y a estrechar todo tipo de lazos” es una broma.

¿Una Catalunya que se asemeje a Holanda o Suecia? ¿A cuál de las dos y en qué, en qué se quieren asemejar a Holanda y/o Suecia?

Por lo demás, el mismo discurso simplificador de siempre: o seguir como hasta ahora o independencia. ¿No es posible ninguna otra opción? ¿No saben de fuerzas políticas y ciudadanos que están por otras opciones?

Se trata de decidir nuestra relación con el conjunto de España. Porque con España no solo nos une la historia y la vecindad sino también y especialmente el afecto y vínculos familiares e íntimos. En este nuevo país que queremos se podrá vivir como español sin ningún problema, mientras que ahora es casi imposible ser catalán en el Estado español. El problema no es España, es el estado español que nos trata como súbditos. Somos pueblos hermanos pero es imposible vivir juntos sufriendo insultos, maltratos y amenazas cuando pedimos democracia y que se respete nuestra dignidad.
¿Afecto y vínculos familiares e íntimos? ¿Va en serio? Luego entonces…

¿Es casi imposible ser catalán en el “Estado español”? ¡Pero de qué se habla exactamente! ¿Qué sería necesario para poder ser catalán en lo que ellos llaman “Estado español?

¿Se podrá vivir como español, no es malo ser español? ¿Por qué entonces los gritos, los insultos, a España y los españoles, así, en general, sin diferenciar nada, en la mayoría de las manifestaciones independentistas? ¿Por qué alimentan permanentemente el odio a España?

Si, además, como se afirma el problema no es España, sino el estado español (copio literalmente), ¿por qué no entonces un frente común de todos los ciudadanos y ciudadanas para cambiar la situación, para que podamos vivir todos en paz, justicia y armonía construyendo un nuevo Estado, y nuevas instituciones democráticas y federales?

Si somos pueblos hermanos pero “es imposible vivir juntos sufriendo insultos, maltratos y amenazas cuando pedimos democracia y que se respete nuestra dignidad”, ¿por qué no dejamos de insultarnos, amenazarnos y maltratarnos y buscamos, entre todos, un marco de convivencia en justicia, libertad, federalismo y democracia?

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