La Gran Redada Gitana de 1749

Cristobal Laso SilvaEn recuerdo, conmemoración y homenaje a las víctimas de genocidio: de cualquier genocidio

Tras casi tres siglos de persecución “con vistas de extinguir” al Pueblo Gitano, el día 30 de julio del año 1749, se inicia la “solución final”. En ese día, miércoles negro de nuestra historia, Expediente General de Recogimiento o más comúnmente, La Gran Redada Antigitana de 1749, con el beneplácito del rey Fernando VI, la complicidad de la Iglesia Católica y mediante un plan urdido en secreto y organizado por el Marqués de la Ensenada, se decidió “prender a todos los gitanos avecindados y vagantes en estos reinos, sin excepción de sexo, estado, ni edad, sin reservar refugio alguno a que se hayan acogido”, “por meramente ser gitanos”. Fueron detenidos casi todos los gitanos españoles, unos 9.000 (otros 3.000 ya estaban en prisión). Los hombres, enviados a arsenales de la marina, minas y similares. Las mujeres y los niños, recluidos, encerrados, encarcelados. Sólo serían indultados 14 años después por el rey Carlos III, y algunos no serán liberados definitivamente hasta 1783, después que la investigación encargada por el monarca reconociese a “los más infelices vasallos del Reino”, “inocentes de toda acusación y culpa”.

La gran redada

 

Esta increíble operación se planeó minuciosamente y con total discreción en el Despacho de la Guerra, de donde partieron órdenes específicas para cada capitanía que debían guardarse en secreto para abrirse simultáneamente en todo el territorio nacional. Aunque los responsables directos fueron los Capitanes Generales, encargados de elegir cuidadosamente a los oficiales y las tropas que debían intervenir en la acción, los obispos de cada diócesis también tuvieron sus propias instrucciones elaboradas por el Nuncio Apostólico. Cuando llegó el día señalado, los sobres lacrados que contenían la disposición se abrieron en presencia de las autoridades civiles y, en una acción inédita en la que colaboraron al alimón los militares con las fuerzas de orden de cada localidad, fueron encarcelados más de 10.000 gitanos. Estos, deberían ser separados en dos grupos: todos los hombres mayores de siete años en uno, y las mujeres y menores en otro. A continuación, y según el plan, los primeros serían enviados a trabajos forzados en los arsenales de la Marina, y las segundas ingresadas en cárceles o fábricas. Los arsenales elegidos fueron los de Cartagena, Cádiz y Ferrol, y más tarde las minas de Almadén, Cádiz y Alicante y algunas penitenciarías del norte de África. Para las mujeres y los niños se escogieron las ciudades de Málaga, Valencia y Zaragoza. Solo se permitió quedarse a los mayores de 50 años, lo que en aquella época significaba estar ya en la ancianidad, prohibiendo sus desplazamientos hasta que les llegase el momento de la muerte que debía procurarse “cristianamente en los asilos y casas de misericordia”.

Holocausto a la española que marcará no solo a las personas y familias que las padecieron. También, al futuro de los gitanos españoles con las lúgubres sombras que aún perviven. En este sentido, el Poeta y estudioso flamenco Félix Grande (QDG), dirá: “En los presidios del s. XVIII los gitanos dejaron los jirones de su antigua vestimenta y las reliquias de su lengua india”. Es decir, si el intento de exterminio no había podido ser culminado, en gran medida, el genocidio cultural, sí había logrado alcanzar al grueso de nuestra población y cuyas consecuencias aún son visibles. Para lo bueno, y también para lo mucho malo, dejamos de ser Roma para ser Kalos.

En fin, sirva este pequeño texto para recuerdo y homenaje de aquellas víctimas que, por razón (o sin razón) de origen étnico, padecieron (y padecen) la cruel e inhumana persecución genocida.

Cristobal Laso Silva
Badalona, 11 de julio de 2015

Sé el primero en comentar en «La Gran Redada Gitana de 1749»

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*


Traducción »