Reflexiones tras 22-M desde la izquierda no oficialista

Paralamento de andaluciaLos resultados electorales habidos en Andalucía el domingo pasado no han sido muy halagüeños para la izquierda (y para evitar equívocos, aquí consideramos izquierda a IU y a Podemos, pero nunca al PSOE). Sin embargo el panorama que han revelado tampoco se puede considerar definitivo, lo que significa que el tablero de juego aún sigue abierto y va a seguir modificándose. Es decir, para la izquierda continúan abiertas todas las posibilidades y de nosotros depende, como siempre, que no se echen a perder.

 

Lo primero que revelan los resultados del 22 de marzo es que el PSOE sigue siendo una potencia considerable entre los electores andaluces y que la apuesta de Susana Díaz ha salido bien. Es cierto que han perdido votos, pero ha votado más gente que hace tres años y ellos han mantenido el mismo número de escaños, con la significativa modificación de que vuelven a ser la fuerza más votada, y con una importante ventaja sobre la segunda. Además el leve descenso de votos sufrido por el PSOE tiene una distribución muy semejante en todas las provincias y grandes ciudades andaluzas. Es más, el PSOE ha ganado las alecciones en casi todas las grandes ciudades, invirtiendo así el resultado último de las elecciones municipales. ¿Se mantendrá esto el 24 de mayo y recuperará el PSOE un buen número de las grandes alcaldías andaluzas, hoy en manos del PP? No lo sabemos, pero las cosas no les apuntan mal.

 

En nuestra opinión lo que subyace tras este buen resultado del PSOE son dos cosas: Primero que el aparato clientelar y de corrupción montado por el PSOE durante todos estos decenios tiene una particularidad que le hace superior a otros a la hora de dar resultados electorales concretos a quien lo maneja. Ese aparato siempre ha servido para distribuir cosas a sus clientes electorales. Es decir, a diferencia de otros sitios (el ejemplo más claro, no único, es Cataluña, donde los corruptos de arriba se lo quedan todo y sólo dan ideología a los de abajo, o sea circo), en Andalucía el PSOE siempre ha procurado que llegara algo de pan a los de abajo. Y esto se nota. En segundo lugar Susana Díaz ha demostrado audacia y valor, allí donde la dirección, andaluza y federal, de IU sólo ha tenido indecisión y cobardía. Ella rompió la coalición en el momento que mejor le venía, hasta consiguió tener aprobados los presupuestos para el 2.015 a cambio de nada, y cuando más daño podía hacer a una fuerza, IU, llena de divisiones sobre el tema y maniatada por quienes tenían algo concreto que perder si se rompía la coalición. Pero es que la ruptura hizo ver que los contrarios a la coalición, mayoritarios en IU, eran incapaces de tomar ninguna decisión. Todo esto (ya hablaremos de la otra fuerza que irrumpía) condenó a IU y le ha hecho perder 165.000 votos, al tiempo que avalaba la capacidad dirigente de Susana Díaz. Una capacidad que para algunos la convierten en una rival de Pedro Sánchez, pero que más allá de temas personalistas, hacen que el PSOE haya casi parado su descenso electoral continuado. Es cierto que lo ha hecho en su mejor campo de juego y que, este buen resultado, no se repetirá en futuras confrontaciones. Pero, de no haber adelantado las elecciones andaluzas, este éxito no se hubiera producido, lo que hubiese empeorado la situación electoral del PSOE de cara a esas confrontaciones. Y esto también está en el haber de Susana Díaz. Claro que ya veremos como lo administra.

Del PP poco hay que decir. Ha tenido un batacazo serio, pero no está muerto ni mucho menos. Un partido que está haciendo lo que está haciendo y que consigue centenares de miles de votos nos lleva a hacer dos reflexiones. Una que seguramente nuestro análisis de la formación social en la que trabajamos no debe ser muy correcto, otra que cuando compita en campos más favorables, es decir donde ellos manejen las redes clientelares, sus resultados serán superiores al tercio de los votos. Lo que quiere decir, como tantos han repetido ya hoy mismo, que el bipartidismo dista de estar difunto y que el proyecto favorito del antiguo jefe del GAL, la  gran coalición, sigue teniendo perspectivas muy creibles para este otoño.

Su reciente competidor, Ciudadanos, se ha estrenado con un gran resultado. Que unos candidatos semidesconocidos, con una organización montada deprisa y corriendo y sin tropa, ni medios de manipulación afines, por más que algunos les bailen el agua, logre un 40% más de votos que una organización asentada, conocida y que, por más que en medida muy modesta y secundaria, también tiene una red clientelar municipal propia, habla a las claras de lo fluido que está el tablero de juego por su ala derecha. De todos modos cabe observar que Ciudadanos engancha con un sector del electorado en decadencia (las clases medias nostálgicas de algo que ya no va a volver), aunque con ciertos principios morales, lo que les aleja de PP y PSOE, que eran sus apuestas tradicionales. Ahora bien, de constatar esto a motejarlos, como hacia, con un atrevimiento digo de mejor causa, el candidato de IU, Maillo, en el número de marzo del Mundo Obrero, de grupo artificial y de tintes xenófobos hay un abismo. Un abismo en el que cabe toda la ignorancia de Maillo, pues si es artificial un grupo que logra, a la primera, 95.000 votos más que él, y no votos de oligarcas precisamente, no cabe duda de que sus artífices son mucho más inteligentes que Maillo. Y si lo que le ha dado el éxito es el tinte xenófobo, la consecuencia lógica es que la sociedad que les ha apoyado con sus votos es xenófoba. Y nadie que conozca la realidad social andaluza puede sostener eso. Claro que podría ser, y vistos los resultados seguro que es, que la dirección de IU no sea muy capaz de hacer eso que Lenin decía que es la clave de la lucha política: “el análisis concreto de la situación concreta”. Desde luego parece que los dirigentes de Ciudadanos lo han captado mejor. Y despreciar lo que se ignora no ha ayudado nunca a nadie a poner remedio a sus males.

Naturalmente, con todos estos mimbres: fallos totales en la comprensión de la realidad social en la que se mueven, calificativos despreciativos en lugar de análisis pormenorizado, hacer de muleta del PSOE durante años y ser arrojados al barro en el peor momento, mostrando así una absoluta cobardía política, era evidente que el verdadero competidor de IU, Podemos, iba a triunfar. Y lo ha hecho. Así como en mayo del 2.014 Podemos ganó a IU en las grandes ciudades, Sevilla, andaluzas, ahora le ha ganado en todas partes, salvo las honrosas excepciones de siempre, y ha logrado casi un 120% más de votos. Es cierto que Podemos no ha conseguido todo lo que quería, o lo que algunos pensaban que iba a lograr. No ha quebrado el bipartidismo y está muy lejos aún del PSOE y del PP. Sigue sin tener más organización que la virtual y, vistos los resultados con detalle, su papel en las municipales del 24 de mayo, lastrado ya por unas decisiones erróneas de partida, no parece que vaya a ser muy decisivo. Es cierto que, dados los resultados, su grupo parlamentario va a mantener su virginidad política, pero eso sólo es un valor durante un tiempo corto. La política exige acción, pues los votantes quieren ver que se hace con sus votos, y Podemos tendrá que hacer algo, ya que lo contrario les llevaría a la inanidad. Y, hasta ahora, las pocas actuaciones políticas no virtuales que ha hecho Podemos no han mostrado una gran inteligencia, aunque sí han mostrado una falta grande de generosidad y espíritu de compañerismo con el resto de la izquierda. Algo en lo que, por desgracia, no son los únicos.

De IU ya hemos dicho bastante. Sus resultados han estado incluso por debajo de lo poco esperado. Pero lo peor es que Andalucía es su mejor campo de juego y que sus errores son nacionales. Así las cosas cabe pensar que el 24 de mayo las cosas aún le irán peor en otras partes de España (por no mencionar Madrid). Lo malo es que eso significa que las cosas nos van a ir peor al conjunto de nosotros, los ciudadanos y ciudadanas de izquierdas, pues sólo los tontos o los resentidos pueden creer que si IU (por graves que hayan sido sus errores, o las maldades y corruptelas de algunos de sus dirigentes) se disloca a nosotros nos va a ir mejor. Claro que este género de tontos y/o resentidos abunda, como lo demuestra el crecido número de quienes se alegraron del derrumbe de la Unión Soviética, afirmando que así se abrían las amplias avenidas del triunfo del Socialismo, obstruidas hasta entonces por la URSS.

Y, sin embargo, nosotros seguimos viendo luz al final del túnel y confiamos en que no sean los faros de la locomotora que nos viene en dirección contraria. El bipartidismo sigue a la baja, los votos de izquierda han crecido y el tablero continúa flexible. Por vez primera en decenios, cantidad de personas no se creen las cosas que salen en los medios de manipulación de masas y prestan oidos receptores a propuestas políticas más democráticas. Es verdad que todavía no son mayorías imponentes y que sus aspiraciones son limitadas (volver a un pasado que yo no regresará). Pero también es verdad que esto lo han forzado situaciones objetivas, el expolio de riqueza común al que están siendo sometidos por la oligarquía mundial, que van a continuar. Además van a continuar acompañadas de una política de violencia antidemocrática, pues cuando ya no queda zanahoria, sólo interviene el palo. De este modo, eso que se llamaban condiciones objetivas revolucionarias, van a seguir actuando por años. Y, nosotros, ¿qué haremos? ¿Seguiremos con el tran tran de costumbre? Lo del 22 de marzo ya ha pasado. El 24 de mayo hay una nueva oportunidad, y es algo más favorable, para la política de confluencia y unidad popular tan imprescindible para el electorado de izquierdas. Una nueva oportunidad para mostrar algo más de inteligencia en nuestros análisis, algo más de comprensión de la realidad social en la que nos movemos (que sigue siendo algo más retrasada de lo que desearíamos) y, sobre todo, algo más de generosidad y algo menos de arrogancia hacia las otras fuerzas de izquierda. Si lo logramos los resultados serán mejores y estaremos más cerca de tener una nueva forja de dirigentes reconocidos por las masas. Algo que nos hace mucha falta y que no tenemos desde los años 70 del siglo pasado.

Ernesto Gómez de las Heras

26 de marzo de 2015

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