DE INDEPENDENTISTAS NO-NACIONALISTAS Y EL MONSTRUO DEL LAGO NESS

La moda que arrasa este verano entre las muchachas de Barcelona son los «hot-pants» en tela de «jean». Y entre los adolescentes independentistas -de todas las edades biológicas y sexos- es la de escudarse en una cláusula «no-nacionalista». Obvio: la palabra nacionalista tiene en Europa la historia que tiene, y no refiere a exquisiteces. En las mejores terrazas y tabernas de Roma, París y Londres no se liga admitiendo que uno es así. No nos olvidemos de algo: Cataluña, al igual que la Padania, es rica; Extremadura es muy pobre. Pero es cierto que aquí muchos no reaccionan ante el argumento que prima con diferencia la identidad de clase, sobre la tal identidad cultural. Ahora, el misterio de cómo alguien pueda defender ambas identidades sin romperse con estruendo en la contradicción, es algo que creo que se resolverá entre la tercera y cuarta de las siete trompetas del Apocalipsis, y aquí no podemos esperar tanto.

 

Sin embargo, ¿es posible, siquiera teóricamente, que exista una persona independentista no-nacionalista? En principio, a diferencia de los disparates pre-modernos habituales («pueblo catalán», «1714», «el dragón que mató Sant Jordi», etc.), esto es algo atendible. Uno de entrada puede comprender los dos conceptos por separado, y entonces asumir que una cosa no implica la otra. Es posible porque se esgrime que el nacionalismo no es el único motivo para uno independizarse. Que hay otros. ¿Cuáles? Otros. ¿Pero cuáles?… ¡Ahí fue que la puerca torció el rabo!… A veces se esgrimen unos pocos motivos distintos, pero por fuerza cada uno de ellos, o implica un fundamento nacionalista, o, para eludirlo, incurre en circularidades y autorreferencias sin fin ni sosiego.

Aun suponiendo que sí se encontrara un motivo libre, en la siguiente vuelta de tuerca todo se derrumba de nuevo, y ya por siempre. Está bien, usted nada más que es independista y no tiene los ojos negros, sino azules. Sólo una pregunta antes que se marche sin mirar al resto de trabajadores que deja atrás, no le suceda como a la mujer de Lot: ¿Cuál será su criterio de demarcación para señalar a los que de ahora en adelante sí van a ser conciudadanos suyos, y a los que ya no? Y pal camino: ¿Qué criterio seguirá para demarcar esas nuevas fronteras suyas? Es ineludible: el nacionalismo de toda la vida. El horror del nacionalismo de siempre.

Estos eternos adolescentes nuestros, me recuerdan aquel católico obeso que muy digno insistía en que él comía en tales demasías no porque estuviera preso del pecado de la «gula», sino que nomás por «las ganas de comer».

Del monstruo del lago Ness, las posibilidades de su existencia y las cualidades afrodisíacas de su orina tomada en ayuno, mejor hablamos otro día.

Sé el primero en comentar en «DE INDEPENDENTISTAS NO-NACIONALISTAS Y EL MONSTRUO DEL LAGO NESS»

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*


Traducción »