Si queremos unidad, no nos dividamos

puñosLos resultados de las recientes elecciones europeas nos demuestran que hay un amplio sector de la población española que no solo quiere acabar con la pinza bipartidista, sino que apoya que el cambio de timón se oriente hacia la izquierda. Los que nos identificamos con un proyecto de progreso nos encontramos ante una verdadera oportunidad histórica de liderar la regeneración política que tanto necesita nuestro país. En este momento clave no podemos equivocarnos en cuáles son las verdaderas aspiraciones de libertad y democracia de la mayoría de los ciudadanos, no podemos confundirnos de enemigo y dispersarnos frente a una clase política que actúa como gestora de los dictados de la Troika y el FMI. Más que nunca, como han reclamado las voces más lúcidas, necesitamos unirnos alrededor de un proyecto que defienda a la ciudadanía del capitalismo depredador.
Sostengo que la ofensiva soberanista en Cataluña, y sus maniobras de alineamiento vertical de la sociedad en torno a la segregación territorial, no sólo no responden a esas aspiraciones de la inmensa mayoría, sino que además desvían la atención de los verdaderos problemas pendientes de resolver, crean enfrentamiento y por tanto minan las opciones de una unidad amplia de progreso.

Los catalanes que estamos dispuestos a movernos por un proyecto de progreso deberíamos sentirnos compañeros de lucha del conjunto de los españoles que defienden a la mayoría de la población frente a sus opresores. Si somos coherentes, reconoceremos su lucha como nuestra lucha, apretaremos contentos la mano que nos tienden y se la tenderemos nosotros. ¿Quién tiene derecho a proclamarse más víctima que los otros, o más legitimado para plantar cara con mayor indignación? Cuando se llena una plaza con indignados en Madrid o en Sevilla, cuando la gente sale a la calle en Asturias o en Burgos, ¿no lo consideramos como una victoria que también es nuestra? Y cada pequeña derrota, en una empresa, en un ayuntamiento, ¿nos parecerá que lo es menos para nosotros porque suceda fuera de Cataluña? Caer en esa mezquindad sería haber perdido completamente el norte, habernos sumido en un localismo desquiciado que pierde de vista lo que ya hace tiempo que entendieron los trabajadores: que sus intereses y su fuerza están al lado de los otros trabajadores. En una sociedad de clases, las verdaderas fronteras de contradicción están entre las clases, no entre los territorios o las culturas.
Tu enemigo y mi enemigo, el verdadero, es el capital oligárquico y sus gestores: Botín y Rajoy, Obama y Merkel, pero también el Artur Mas de los recortes y el Millet del Palau. Y si nuestros enemigos son los mismos, lo natural es que seamos solidarios entre nosotros y nos unamos frente a ellos. No podemos permitir que nos dividan, ni que nos alineen con sus intereses apelando a abstracciones como pueblos o naciones. Mi pueblo y mi nación son los asalariados precarios que pagan la deuda de los bancos y sobreviven cada vez con más dificultad, los parados y los jubilados, los jóvenes que emigran y los viejos que tienen que dedicar sus pensiones a mantener a sus hijos y nietos desahuciados; incluso los pequeños empresarios que no pueden llevar adelante un proyecto porque no disponen de crédito. Ellos son mi identidad y a ellos debo mi fidelidad. No pienso preguntarles qué lengua hablan o de qué patria se sienten para solidarizarme con ellos. ¿Lo haréis vosotros?
Si queremos luchar juntos, debemos tener claro quién es nuestro enemigo y quién es nuestro compañero. De lo contrario estamos abocados a la división, a la debilidad y al fracaso. Hagámonos fuertes desde nuestra unidad, desde el respeto mutuo, desde la discusión honesta y la batalla lúcida. Vayamos al meollo, codo con codo, y que no nos confundan. Si hemos de emanciparnos, consigamos la independencia, sí, pero del ejército norteamericano y del capital alemán. Todos juntos. Unidad, solidaridad, tolerancia entre nosotros, frente a quienes nos preferirían segregados. Libertad, igualdad, fraternidad de los oprimidos frente a los opresores. No nos equivoquemos de lucha.

José Antonio López
1 de julio de 2014

 

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