Clase y secesión: conclusiones de nuestro acto del 8M

mesa conferencia

El pasado 8 de mayo, los profesores en ciencias políticas y sociología política Enric Martínez y Thomas J. Miley, dieron la conferencia titulada “¿Independencia para Cataluña? Movilización, Polarización y Conflicto de Clases”, organizada por Alternativa Ciudadana Progresista, en la cual expusieron parte de sus análisis sobre la cuestión.

Lo primero a destacar es el carácter científico del trabajo de estos dos distinguidos profesores, del que se desprende, además de por las notorias habilidades expositoras de los mismos, un nivel de calidad quizás único dentro del circuito de las múltiples conferencias, de distinto signo, sobre la temática nacionalista hoy en Cataluña. El fenómeno del nacionalismo puede ser  analizado desde diversas perspectivas, y con distintos grados de rigor argumental. Eso no es objetable, pero la variedad de perspectivas no implica que todas sean igual de fértiles, ni que todas tengan el mismo grado de validez. Por el contrario creemos que el análisis del fenómeno del nacionalismo, del proceso de adhesiones a él, nunca es mejor enfocado que desde la perspectiva de clases sociales y el consiguiente conflicto de Clases. Es esta perspectiva, basada en una rigurosa metodología científica, la que ofrece un mayor poder explicativo, la que ilumina las auténticas relaciones causales – descartando con ello varios mitos convenientes a algunos, como el tan puesto en boga hoy de la transversalidad – y la que sin duda es más fértil, productiva y con los pies en el suelo.

 

Entre otros aspectos importantes, a través del análisis de abundantes datos empíricos, la conferencia desveló y profundizó sobre qué colectivos laborales y de renta son más partidarios de la secesión y cuáles lo son menos. Una información sumamente pertinente y reveladora que, creemos, tiene un gran potencial de movilización social. Los independentistas por sentimiento han oscilado tradicionalmente entre el 10% y el 15% de la población, por lo que cabe esperar que el fuerte auge secesionista reciente pueda seguir en el futuro una evolución sumamente volátil, toda vez que depende de factores no pocas veces contingentes e, incluso, arbitrarios.

Desde Alternativa Ciudadana Progresista agradecemos a ambos académicos su excelente y muy celebrada exposición y la abundancia de datos relevantes de su trabajo, y a partir de ellos realizamos el siguiente análisis:

Los nacionalismos, en tanto que ansían una administración pública que los potencie, parten de una premisa que es intencionadamente errónea: todos los colectivos de la sociedad donde se radica el nacionalismo están igualmente representados en las instituciones, llegando a negar el conflicto de clases e, incluso, a la existencia de las propias clases en sí.

Pero la realidad es terca. Existen las clases sociales, existe conflicto entre las mismas, y no todos los colectivos se ven igualmente representados.

En el caso catalán, con dos administraciones potentes como son la estatal y la autonómica, el apoyo a que la administración autonómica se convierta en estatal,  expulsando a la actual, está en función de lo mejor o peor que haya sido tratado cada colectivo por la administración ahora autonómica, fijando así su expectativa de futuro.

Los cuadros medios, maestros y administrativos son los más partidarios del soberanismo. ¿Por qué? Porque son los que consideran que han tenido cierto éxito en la vida, se sienten bien representados por las instituciones autonómicas actuales, y sueñan con que sus hijos escapen al paro juvenil y la precariedad laboral sin cambiar las reglas de juego económicas y sociales.

Su clasismo poco disimulado les lleva a no reclamar al gobierno autonómico, con el que tanto se identifican, políticas de reequilibrio social y prefieren que destine los amplios fondos que, pese a la crisis, todavía maneja para realizar otras políticas más “comunicativas”.

Se puede concluir, que su apoyo al soberanismo se basa en una expectativa de redistribución de renta a favor de si mismos y sus hijos, a costa de la renta de las clases menos favorecidas.

Por el contrario, entre quienes tienen trabajos no cualificados, trabajos precarios e intermitentes, o paro estructural, quienes significan nada menos que dos terceras partes de la población de Cataluña, el apoyo al soberanismo es muchísimo menor. No se sienten bien representados por la administración autonómica y diríase que se huelen que, en caso de secesión, lo que les espera es una reducción de rentas y otra vuelta de tuerca contra su reconocimiento social.

Probablemente sea que su relación con profesionales y administrativos no es precisamente de estrecha amistad y no esperan nada positivo de su clasismo, reforzado con pretensiones de superioridad cultural y de origen.

Que Josep Mª Álvarez, Joan Carles Gallego, Joan Herrera y Joan Josep Nuet no sean capaces de ver la terca realidad hace dudar si son los dirigentes que sus organizaciones precisan.

Alternativa Ciudadana Progresista, 14 de mayo de 2014

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