La última del Moncada

Melba, a la izquierda

Obituario

La revolución cubana ha perdido a una leyenda. Melba Hernández del Rey, fallecida el domingo a los 92 años, fue una de las dos únicas mujeres que participaron en el asalto al Cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953, la primera acción armada de Fidel Castro contra la dictadura de Fulgencio Batista. Le costó la cárcel. Apodada la Heroína del Moncada, fue castrista hasta el final: su sueño era que «Fidel pudiera ser eterno», dijo en una entrevista.

El aliento revolucionario le venía de cuna. Sus padres eran fervientes admiradores de José Martí, héroe de la independencia cubana. Siempre preocupada por la justicia, Melba estudió Derecho y ejerció de abogada, aunque contaba que nunca fue «una carrera productiva» para ella. «Los pocos asuntos que llevé no eran los que dejaban mayores ganancias, aunque sí los que permitían mis principios. Mis clientes eran guajiros explotados, una muchacha que del prostíbulo salía para la cárcel; obreros despedidos», explicó.

Tenía 31 años cuando en 1952, unos meses después del golpe de Batista, conoció, a través de los hermanos Abel y Haydée Santamaría, al joven Fidel Castro. El flechazo -ideológico- fue instantáneo. «En aquella época muchos jóvenes buscábamos ansiosamente qué hacer para acabar con la tiranía, pero no encontrábamos el camino. Cuando Fidel tomó la palabra en la reunión tuve la impresión inmediata de que sabría guiarnos y que realizaría con éxito los planes que se proponía (…) En la medida que Fidel hablaba me daba cuenta de que aquello era lo que yo estaba buscando».

Pero la revolución, también en Cuba, era cosa de hombres. No fue fácil que Castro permitiera a Melba y a Haydée participar en el asalto al Cuartel Moncada de Santiago. «Cuando empezaron a salir los carros, Fidel nos dijo: «Bueno, ustedes se están tranquilitas aquí que nosotros volveremos a recogerlas» -recordaba Melba-. Fue cuando Yeyé (Haydée) y yo dijimos: «No, si es que esta es la acción, queremos pelear también». Nosotras estábamos tranquilas, muy sedadas, sabiendo que si nos alterábamos no íbamos a convencer a Fidel de que teníamos derecho a pelear, si llevábamos tanto tiempo, no habíamos cometido errores, era un derecho ganado, y no podía ser por la condición de mujeres». Lograron al fin doblegar al comandante, y fueron las dos únicas mujeres en un grupo de 164 asaltantes. Melba se encargó de llevar los fusiles a Santiago de Cuba escondidos en una caja de flores.

El asalto acabó trágicamente, con la detención de los rebeldes. Varios fueron torturados y asesinados en la cárcel. Haydée perdió a su hermano Abel (se dice que los esbirros de Batista le vaciaron un ojo y se lo mostraron a ella) y a su novio, Boris Luis Santos Coloma. La vida de Haydée Santamaría acabaría en tragedia. Se suicidó en 1980 y una nube de misterio envuelve aún su muerte. Los anticastristas aseguran que se mató un 26 de julio, día del aniversario del Moncada, y que el régimen retrasó dos días la fecha de defunción oficial para encubrirlo.

Melba y Haydée compartieron celda siete meses en la prisión de Guanajay (en la foto, Melba está a la izquierda). Al salir siguieron trabajando para el comandante: se encargaron de recopilar y publicar clandestinamente las notas que Fidel iba sacando desde prisión -cuenta la leyenda que escritas con zumo de limón-, en las que reproducía su alegato en el juicio del Moncada, que luego se dio a conocer bajo el título de La historia me absolverá. Melba se exilió a México, desde donde colaboró en la operación del Granma (1965), y luego regresó a Cuba y empuñó las armas en Sierra Maestra.

Tras el triunfo de la revolución llegaron los laureles. Melba Hernández del Rey fue embajadora de Cuba en Vietnam y en Kampuchea (Camboya) y presidió varios comités internacionales. «Para nuestro pueblo -escribe el diario Granma al anunciar su muerte-, es una de las más gloriosas y queridas combatientes de la gesta revolucionaria, ejemplo imperecedero de la mujer cubana». Descansará en el cementerio de Santa Ifigenia, en Santiago, mausoleo de los héroes de la Cuba castrista, junto a los caídos en el asalto de Moncada o José Martí.

La Vanguardia (14.03.2014)

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