Las cadenas de la “Vía catalana”

Cuando dos personas se dan la mano para sellar un pacto político, se sobreentiende que están de acuerdo en determinados objetivos. Del mismo modo, una cadena humana como manifestación reivindicativa, hace que no sólo se selle un pacto con las personas que tienes a los lados, si no con todas las que forman esa cadena. Viendo algunas de las extrañas amistades forjadas en la movilización del 11 de septiembre atravesando toda Catalunya, da la sensación de que se están redefiniendo los actuales frentes de lucha y quienes hace apenas unos días eran enemigos irreconciliables pasan a ser aliados. Pero comencemos por el principio. Definamos responsabilidades en la cuestión nacional catalana.

La crisis institucional del régimen heredero del franquismo salido de la transición está llegando a su punto más álgido. A la estafa de la reforma constitucional del PPSOE que regalaba, en agosto de 2011, nuestros derechos básicos a la banca, se le añaden ahora las deficiencias de la arquitectura constitucional en materia de derechos nacionales que están haciendo saltar las costuras del Estado.

Las brutales campañas mediáticas anticatalanas que tanto rédito político han dado en España, provocaron que parte de la población catalana abrazara el nacionalismo por hartazgo. Hay que apuntar que el españolismo militante no es exclusiva del Partido Popular y el entorno de la derecha y la extrema derecha españolista (UPyD, C’s, Falange…): la peligrosa línea que marca la agresión fascista contra un acto institucional de la Generalitat del miércoles en Madrid es sólo una parte del problema. La pretensión del ex presidente de la C. A. de Extremadura, Rodríguez Ibarra (PSOE) de que el catalán desaparezca como idioma es ejemplo de que también existe un anticatalanismo “de izquierda”. Por lo menos, así se ve a este lado del Ebro.

Aunque lo más importante no son las insistentes acometidas mediáticas, políticas y culturales concretas en contra de Catalunya, lo peor es que no tienen una respuesta contundente desde la propia sociedad española (también victima de la constante propaganda catalanofóbica), siendo interpretado en Catalunya, no sin falta de razón, como rechazo a todo lo catalán. Este es el caldo de cultivo para que el catalanismo más cafre haya dado rienda suelta a un victimismo histérico que afirma que Catalunya es tratada como una “colonia” o que hay un “genocidio cultural” contra Catalunya. (1)

Desde aquí no podemos por menos que deplorar semejante deformación de la realidad catalana, que busca situarse a la misma altura que los estrafalarios editoriales del ABC o La Razón en la dialéctica de “a ver quién la dice más gorda”. Nos parece que a pueblos como el palestino o el saharaui les debe parecer grotesco que se diga que Catalunya es tratada como una colonia o que existe un genocidio cultural como el que sufren de facto, por poner un ejemplo, las comunidades rusa, bielorrusa o ucraniana en Estonia, privadas de derechos civiles. La realidad es que, mal que le pese a la gente que en ambos lados vive de la histeria, la convivencia y la tolerancia son la tónica generalizada en Catalunya.

Eso sí, hay preocupantes cambios en las mentalidades que hay que destacar. Hoy, el antaño sentimiento de resignación por la incomprensión y el rechazo, se está transformando en una ilusión por algo nuevo y está siendo aprovechado por determinadas fuerzas políticas, que están presentando la independencia como alternativa a la desesperación provocada por la crisis económica.

La lucha por un cambio de modelo identitario

El 11 de septiembre era, desde la época de la transición, una jornada de reivindicación nacional en la que, entre otras cosas, se ha reclamado el legítimo derecho a la autodeterminación. El PSUC, principal actor político en la lucha contra la dictadura de Franco en Catalunya, dejó como legado en el debate nacional una idea todavía muy extendida: “es catalán todo el que vive y trabaja en Catalunya”. Esta idea, que recoge un sentimiento integrador histórico del pueblo catalán, ha seducido una y otra vez a inmigrantes de todas partes, haciéndoles partícipes de una cultura que sabe sumar y que suele disgustar a los nacionalismos, pues no es excluyente: cualquiera puede sentirse catalán, español, ambas cosas o ninguna, y no deja de formar parte de la sociedad catalana por ello.

El modelo identitario “es catalán todo el que vive y trabaja en Catalunya” sigue vigente ampliamente en la sociedad catalana, pero es molesto para determinados sectores reaccionarios que necesitan un modelo de enfrentamiento que les permita continuar alimentando la estrategia de cierre popular de filas contra los ataques del “otro”. Además de, en plena época de crisis, desviar a los trabajadores de la lucha de clases con el flamante independentismo de la derecha catalana. Porque en la dinámica de enfrentamiento España/Catalunya, se refuerzan los sentimientos identitarios nacionales por encima de la conciencia de clase. Un nuevo caramelo también para el gobierno central, que puede dejar de lado la “guerra” contra Gibraltar, episodio ya muy gastado.

Vemos así que, por segunda “diada” consecutiva, una gigantesca manifestación popular independentista -este año en forma de cadena humana de Norte a Sur de Catalunya- permite al Govern de la Generalitat disfrazar sus políticas de recortes y privatizaciones y no pocas corruptelas en las instituciones catalanas, con el ya clásico dedo acusatorio señalando hacia Madrid, y otro tanto en Madrid, agitando la bandera de la “unidad de España frente al separatismo”. Por otro lado, no está ayudando que gran parte de la autodenominada izquierda transformadora abandone su histórica postura internacionalista, con el pretexto de apoyar el “derecho a decidir” –o por miedo a no salir en la foto de moda-, dejándose arrastrar por la derecha catalanista al cenagoso pantano del enfrentamiento identitario.

Las burguesías española y catalana retroalimentan su estrategia promoviendo el conflicto, separando a los catalanes entre “independentistas” y “unionistas” para debilitar y dividir las luchas populares y de clase de carácter Estatal, como las huelgas generales, las distintas mareas por la sanidad y la enseñanza o la fuerte implantación de las PAH, especialmente tras el impulso combativo del movimiento 15M. La oligarquía asustada apuesta por su opción: españolismo neofranquista o independentismo intolerante-, ambos excluyentes. Toda vía progresista que busque la unidad popular y obrera o cualquier otra forma de coordinación y relación entre los pueblos (federal, confederal…) es oscurecida y estigmatizada con el objetivo de destruir cualquier atisbo de renacimiento de la lucha de clases. Necesitan reescribir la historia y neutralizar, en lo esencial, los restos del patrimonio de la 2ª República y de la lucha antifranquista, basados en un modelo de unidad de clase y nacional.

Vía catalana pero, ¿con qué modelo?

El modelo “es catalán todo el que vive y trabaja en Catalunya” sigue vivo en el pueblo, pero tras décadas de demagogia y nacionalismo barato en las instituciones, tanto en las de aquí como en las de allá y, a causa de un debilitado movimiento comunista que sabía delimitar claramente las responsabilidades de la crisis, el independentismo gana enteros a marchas forzadas. Pero necesita nuevos referentes, nuevos modelos y, pese a estar muy extendido entre el independentismo el eslogan de que Catalunya es una colonia de España, no pueden permitirse tratar de compararse con los procesos de descolonización en África o Asia. Demasiada sangre. Yugoslavia, mejor no tocarla. También desean enterrar la lucha independentista del pueblo cubano contra el imperio español, que tanta conciencia de clase creó en nuestro país gracias a los testimonios de los soldados que regresaban de la guerra y que inspiró al nacionalismo catalán hasta tal punto de que la bandera independentista catalana es una copia de la cubana. Este modelo tampoco les sirve. Su final es demasiado comunista. Así que sólo les queda vivir entre la eterna promesa del referéndum (Québec, Escocia) o beber de las repúblicas exsoviéticas que no acabaron en guerra civil. De ahí han sacado lo de la cadena humana.

El lema “Vía catalana cap a la independencia” no es casual. La fórmula de cadena humana utilizada este año para la reivindicación independentista evidencia el modelo elegido. En la web de la campaña (2) se observa de dónde han sacado la idea: la Vía Báltica hacia la independencia. Una cadena humana antisoviética que unió Letonia, Estonia y Lituania para independizarse de la URSS en 1989. Leyendo el manifiesto de la Vía Báltica vemos por dónde van los tiros, anticomunismo visceral y revisionismo histórico entre declaraciones histéricas sobre la falta de libertad. Aunque lo más importante no son los discursos y las palabras. Lo más importante son los hechos. ¿Cuáles son los hechos de, por ejemplo, Estonia?

Al independizarse legalmente de la URSS -por cierto gracias a que en aquel país gozaban del derecho a la autodeterminación-, los nuevos gobernantes estonios delimitaron lo que significaba ser “estonio”: haber vivido o ser familia directa de alguien que viviera en Estonia… antes de 1940, es decir, cincuenta años atrás. ¿Qué no podía demostrarlo? Ningún problema. Esa persona pasaba a formar parte de ese grupo humano llamado apátrida. El 40% de la población estonia perdió instantáneamente sus derechos civiles y todavía arrastran ese problema siendo como es Estonia parte de la Unión Europea, ¡Viva la democracia!

¿Es este el nuevo modelo del independentismo catalán? ¿Países en los que para desmarcarse históricamente de los soviéticos (malos), están desempolvando a los “héroes” que lucharon junto a los nazis en las Waffen SS (buenos)? ¿Conoce y comparte la izquierda catalana que ha participado en esta movilización el trasfondo reaccionario de este modelo?

#EncerclemLaCaixa y #ViaCatalana ¿amistades peligrosas?

La convocatoria alternativa más importante de la Diada ha sido “Encerclem La Caixa”, promovida por sectores soberanistas de la izquierda catalana, e impulsada desde la iniciativa progresista “Procés Constituent” del economista Arcadi Oiveres y la Monja benedictina Teresa Forcades, con la intención de dar un “contenido social” a la cadena humana en el marco de la “vía catalana cap a la independencia”. Ya en la propia web de la convocatoria, se hace un llamamiento a “participar en EncerclemLaCaixa y en el conjunto de la Vía Catalana” para juntar la defensa de los “derechos nacionales i sociales del pueblo catalán.” (3) La protesta -llena de “buenas intenciones” e incluso llamados a “expropiar a la banca”- alrededor de la entidad financiera criminal “la Caixa, se acaba dando la mano con la burguesía convergente en la “vía catalana por la independencia”.

Se hacen críticas a los “excesos” del capitalismo, a sus corrupciones y recortes brutales, pero se suman a la “cadena humana” con los recortadores, corruptos y represores de convergencia y sus cómplices de la actual dirección derechista de ERC. Un “mal menor” con un “objetivo superior” soberanista, la independencia “recortada” de Catalunya, que pretende separarse de España para someterse igualmente a los dictados neoliberales de la Troika (FMI, BM, UE) y al militarismo asesino de la OTAN.

Volvemos al principio del artículo: las extrañas amistades que la cadena ha unido. En el lado izquierdo, sindicalistas, intelectuales, políticos y activistas que defienden con gran dignidad y coherencia lo público, los derechos sociales y laborales, y a la derecha los privatizadores corruptos que reprimen brutalmente las protestas populares. ¿Qué está pasando? ¿Acaso no hay defensores de lo público, de los derechos sociales y laborales fuera del independentismo? ¿Ha perdido la izquierda catalana el sentido de clase e internacionalista? ¿Es la burguesía catalana un aliado en el supuesto proceso de “liberación nacional” de Catalunya?

La burguesía catalana promueve el nacionalismo reaccionario

Como afirma la Assemblea Nacional Catalana, impulsora de la “Vía catalana cap a la independencia”: “El Estado no apoya a los habitantes de Catalunya y perjudica notoriamente sus posibilidades de mantener e incrementar el nivel de vida y bienestar social que la capacidad productiva e intelectual del país permitiría, disminuyendo y limitando conscientemente las potencialidades de nuestro desarrollo económico y social.” (4) O sea, los casi treinta años de gobiernos de la derecha catalana en la Generalitat y el respaldo a los distintos gobiernos neoliberales del Estado (PSOE, PP), no tienen nada que ver con el “deterioro del nivel de vida y bienestar social” de la clase obrera y demás capas populares de Catalunya. Un lavado de cara en toda regla a la burguesía catalana y a su más fiel instrumento político: Convergencia i Unió. ¿Negar la responsabilidad histórica y el papel antisocial y neoliberal de la burguesía catalana es el camino? ¿Todo vale por el bien de la “soberanía” y la “independencia”?

La burguesía catalana siempre ha utilizado como coartada algunas discriminaciones reales y también el anticatalanismo imperante para manipular los sentimientos nacionales, desviar el descontento social de la lucha de clases y acabar pactando contrapartidas con el “odiado” Madrid, en una constante maniobra de esquizofrenia política. Es cierto que la oligarquía española, en sus pugnas con la burguesía catalana, utiliza la discriminación y el “doble rasero” en muchos aspectos políticos, económicos y culturales. Lo que ha significado un deterioro de las infraestructuras y servicios sociales en Catalunya, un ataque a la cultura y la lengua catalanas, pero que, a fin de cuentas, quien ha acabado sufriendo es el pueblo llano.

Esas discriminaciones reales son una cosa y otra es patrocinar la indecente campaña, no sólo apoyada por la derecha, del supuesto “expolio fiscal”. “Expolio” que busca magnificar una discriminación real para presentar a la autonomía catalana como la víctima de una política de colonización (¿Colonialismo? ¿Qué dirían los miles de negros esclavizados por algunos “ilustres” catalanes que hoy gozan de nombres en plazas y calles?), y también para afirmar que los catalanes mantenemos con nuestros “expoliados” impuestos a los vagos españoles del sur. La última repugnante muestra de esto es el vergonzoso cartel que CiU presentó poco antes del 11S con el lema “La España subsidiada vive a costa de la Catalunya productiva” (5). Una provocación no sólo contra los trabajadores españoles, también contra los catalanes.

Este discurso demagógico y racista de la propaganda convergente -difundida por importantes sectores de ERC-, al más puro estilo neoliberal, defiende que los ricos (los territorios más desarrollados) se han ganado sus fortunas y que no deberían sufragar los gastos sociales de los pobres (los más deprimidos), que lo son por su ineptitud. Si la posición histórica de la izquierda ha sido siempre defender la fiscalidad progresiva y el reparto de la riqueza, ¿cómo podemos ir de la mano con esta gente? Al final, la riqueza ¿quién la crea? ¿El que la produce o el que se la apropia? ¿Dónde queda la solidaridad de clase?

Coherencia, lucha de clases e internacionalismo.

La burguesía catalana no forma parte de un país colonizado que busca su liberación, forma parte del imperialismo europeo. No lucha por la libertad de su pueblo, sino por tener un trozo más grande en el reparto del pastel de la explotación capitalista y el expolio imperialista. Como todo el capitalismo español, no cuestiona la UE, ni la Troika, ni la austeridad, ni las guerras imperialistas de la OTAN, sino que es una de sus beneficiarias. Es fervientemente anticomunista, hostil a la lucha de la clase obrera y los pueblos, defensora acérrima del neoliberalismo, del criminal sionismo israelí, hooligan de la “pax americana” y del dominio mundial de los EEUU. ¿Está de acuerdo la izquierda catalana con este proyecto “independentista”, o más bien dicho, “unionista” europeo?

Una izquierda dócil que asume la derrota del socialismo y el discurso anticomunista, se desarma y acaba aceptando el capitalismo como ley natural. Imbuida, tras la caída del muro, en un proceso de repliegue ideológico hacia el capitalismo “desarrollado” o “civilizado” de occidente (el de las grandes potencias y trasnacionales capitalistas), al que justifica como la opción más “democrática” posible. Una izquierda que degenera para acabar patrocinando a “su” burguesía frente a las “otras” (un proceso parecido a la II Internacional), sacrificando la unidad de clase para defender el “desarrollo” y el aumento de la “productividad”, en base a la sacrosanta “competitividad” para vencer en el “mercado mundial” a la “competencia”. En resumen, enfrentar a los trabajadores para aumentar los beneficios de la patronal “nacional”. La consecuencia lógica es limitarse al discurso de la “regulación” del sistema explotador y tratar de recomponer la desacreditada socialdemocracia, con el objeto de mostrarse como un instrumento útil para la gestión de los asuntos de los burgueses, todo en aras del “bien común” y el “interés nacional”.

Desde esta perspectiva, es comprensible la tremenda confusión de gran parte de la izquierda al sumarse a toda proclama y propaganda que suene a “democratizante” o “liberadora”. Al quedar deslumbrada por las potentes campañas mediáticas, no tiene más que ofrecer, ya que se ha sucumbido a la ideología imperialista.

Esta degeneración es evidente cuando ciertos izquierdistas reemplazan el internacionalismo proletario por el nacionalismo estrecho y burgués. Cuando se “dan la mano” con la burguesía para defender la “soberanía” catalana súbdita de la Troika y la OTAN, y al mismo tiempo, cuando vemos su entusiasmo para exportar los “DDHH” y la “democracia” imperialista con el fin de aplastar a otros países. Los vemos al lado de los “rebeldes” de AlQaeda y defendiendo, por activa o por pasiva (posición NiNi o silencio), la intervención militar contra otros países y la destrucción de otras soberanías, estas si verdaderamente independientes, como en los últimos casos de Libia o Siria.

No solo hay capitulación ideológica, hay también un cierto grado de incompetencia y cobardía a la hora de comprender y abordar la cuestión nacional, al dejarse intimidar por la propaganda, para acabar siendo un juguete en manos, y nunca mejor dicho, de las distintas burguesías en pugna. Es más fácil dejarse llevar por la corriente. Lo difícil es analizar y confrontar desde el internacionalismo y una posición de clase. Los pueblos no nos vamos a liberar en alianza con la burguesía local que busca el reconocimiento del capitalismo europeo. Eso es cambiar un amo por otro. Hablando de cadenas y vías, la verdadera libertad es romper las cadenas de la esclavitud asalariada y, en esa batalla, tenemos más intereses en común con la clase obrera madrileña, extremeña o andaluza que con los burgueses catalanes, españoles y lituanos o los burócratas de la Comisión Europea.

Unidad de clase y nacional

Hay que recalcar que una parte de la izquierda catalana (PSUC-Viu, sectores de ICV y EUiA y otros) no se siente identificada con esta forma de someterse a los intereses de la burguesía. Como ejemplo, la resolución del PSUC-Viu (6) explicando el porqué se ha desmarcado de la convocatoria en coherencia con las luchas actuales, pues han entendido que no podían darse de la mano con determinadas personalidades de la política catalana, responsables de la crisis, las privatizaciones, los recortes y las represiones. Añadimos una pequeña pincelada:

“Denunciamos una vez más la instrumentalización de las legítimas aspiraciones de nuestro pueblo -incluyendo las de aquellos sectores que optan por la independencia- cuando desde el gobierno de CiU y desde los medios de comunicación de la Generalitat, desde otros privados pero sometidos al gobierno por la vía de los intereses de clase y / o de la subvención o desde los intelectuales orgánicos de cierto soberanismo, se identifican todos los problemas de Cataluña con un supuesto expolio fiscal por parte del Estado español. Tergiversando la historia y llegando a identificar a España -es decir, al conjunto de sus ciudadanos- como la que nos roba.” Más claro, agua.

Como ya decíamos el año pasado (7): “No podemos eludir las distintas realidades nacionales porque existen y formamos parte de ellas. Nos comunicamos a través de lenguas, nos formamos colectivamente en entornos socioculturales, vivimos en territorios más o menos definidos que se han construido económica e históricamente, tenemos una psicología colectiva (“somos”, “pertenecemos”…) que forman la identidad y la conciencia nacional, y la lucha de clases se da en un marco nacional y Estatal, en el que se entremezclan identidades y realidades. Y si es compleja la realidad española y catalana, debemos añadirle la acción de la Unión Europea.

La izquierda y los comunistas estamos contra las discriminaciones y estigmatizaciones nacionales, defendemos las identidades nacionales, incluso hasta su derecho a la secesión, pero no las ponemos por encima de la lucha de clases. La izquierda debe defender la unidad internacionalista y la fraternidad de la clase obrera y los pueblos. Defendemos la unión libre y voluntaria de los trabajadores mediante el derecho a la autodeterminación porque es un derecho democrático y siempre, en la medida que sirva para derrocar la dictadura de las trasnacionales capitalistas, popularizada hoy como “dictadura de los mercados”. Pero la realidad “nacional”, con la hegemonía de la burguesía, estimula la “unidad” confusa entre los trabajadores y grandes empresarios bajo una misma “bandera” o “patria”, por eso debemos combatir las ideas burguesas acerca a su “unidad” nacional. ¿Con quién nos identificamos más, con el catalán Joan Rosell, presidente de la CEOE, o con los mineros asturianos? ¿Luchamos contra la tiranía de la banca o para elegir entre La “Caixa” y el “Banco de Santander”?. Hay que desmontar los mitos y falsos dilemas que nos mete la burguesía catalana y española. Es fundamental desenmascarar a la burguesía y su falso patriotismo. ¿En una Catalunya capitalista e “independiente” en el marco de la UE y el Euro no se aplicarían los recortes? ¿No sería intervenida o “rescatada” por la Troika? ¿Es la “independencia” la salida a la crisis?

La izquierda y los comunistas deben “independizarse” de las ideas burguesas y ser capaces de ganarse el apoyo de la clase obrera y del pueblo en las luchas por la sanidad, la educación, el empleo con derechos, contra la represión, por los derechos políticos y democráticos. En los centros de trabajo, en los barrios, en la universidad e institutos, en la cultura y el deporte popular, etc. defendiendo abiertamente y sin complejos, una alternativa republicana y socialista, federal, democrática y popular claramente antioligárquica, antiimperialista y hacia el fin de la explotación capitalista y contra sus estructuras de dominación mundial (UE, OTAN, FMI, etc.). Los países del ALBA nos muestran un posible camino, la alianza de pueblos, movimientos y partidos revolucionarios y Gobiernos progresistas frente al imperialismo. ¿Un ALBA de países del sur y del este europeo como alternativa a la UE del capital y la guerra? La autentica liberación social y nacional de obreros y pueblos, la verdadera independencia, no se encuentra en el capitalismo europeo y mundial, sino en la democracia popular y el socialismo. Como decían Marx y Engels en el Manifiesto Comunista: “proletarios de todos los países, uníos”.”

Reafirmamos lo dicho palabra por palabra. Todavía no se sabe como van a desarrollarse los acontecimientos. Hay demasiadas variables en liza. Lo que sí podemos afirmar es que la izquierda no puede entrar en el juego de un referéndum tramposo, en el que la oligarquía -cuyo poder es hegemónico a todos los niveles, no lo olvidemos- va a poner toda la carne en el asador para obligar al pueblo de Catalunya a escoger entre la burguesía españolista o la catalanista, con un objetivo común: destruir el actual modelo de convivencia basado en el “es catalán todo el que vive y trabaja en Catalunya” por otro que indudablemente apostará por el enfrentamiento nacional.

Sin dar un mensaje derrotista o alarmista, está claro que la burguesía (la local y la centralista) enreda con la división, el enfrentamiento y la confusión, pero todavía no se ha perdido la guerra. Mucha de la gente que participa en las movilizaciones por la independencia está también presente en las luchas sociales. Continuaremos encontrándonos ahí y no dejaremos de ser aliados por una sociedad más justa, independientemente del modelo de Catalunya que defienda cada cual. El enemigo está ahí y, pese a conseguir momentáneamente crear una división real en toda la izquierda catalana, no podrá ocultar su verdadera cara durante mucho tiempo. Este mismo agosto, el gobierno convergente con el apoyo de la hipócrita ERC ha dado un nuevo hachazo por decreto de dos mil millones a los derechos sociales, mientras nadie le pide a “la Caixa” que arrime el hombro, ante sus espectaculares beneficios de los últimos años. Y esto, no se le puede achacar a “Madrid”.

(1) http://assemblea.cat/?q=node/31 (punto 4).

(2) https://via.assemblea.cat/ca/via-catalana.html

(3) http://www.procesconstituent.cat/11s-encerclem-la-caixa-i-mobilitzem-nos-per-tot-arreu/

(4) http://assemblea.cat/?q=node/31 (punto 2).

(5)http://www.eldiario.es/catalunyaplural/CiU-LEspanya-subsidiada-Catalunya-productiva_0_171133131.html

(6) http://www.pce.es/federaciones/pl.php?id=5359

(7) http://www.larepublica.es/2012/09/independencia-o-socialismo/

Juan Panadero, La República.es, 15-09-2013

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