Yo tiendo a personalizar posiciones con

Yo tiendo a personalizar posiciones con el objeto de adoptar una actitud crítica consecuente, y me esfuerzo en tomar en cuenta también las actitudes de quienes las detentan, con la convicción de que no merece la pena poner excesiva confianza allí donde lo que se dice contraría lo que se hace. En usted observo, por ejemplo, que tiende a radicalizar su posicionamiento a la hora de tolerar puntos de vista que chocan con sus ideas, pero no desdeña confraternizar con personas que defienden ideas contrarias a las suyas, dado el caso de que sean allegados suyos por uno u otro motivo, por amistad o por compromisos afines. Por ejemplo, ahí tenemos a Víctor Gómez Pín, un comunista radical de la vieja guardia que hoy por hoy sigue en sus trece, por razones que sería largo detallar aquí, pero que al fin y al cabo no pasan de ser muy pero que muy personales (personales hasta la intimidad más honda, diría yo, es decir, sesuales, de su tiempo de virilidad antitodo); ahí lo tiene usted pronunciándose acaloradamente contra la socialdemocracia, que desde su punto de vista es la causa de la crisis actual, y va usted y nos menciona ahora su decantación ideológica hacia ese puerto de Dios (de la Democracia, perdón, que permite ser rico y políticamente consecuente), después de defender su ética taurina de hombres valientes en el coso de las ideas, compartiendo vinos, farras y balnearios. Y yo me pregunto: ¿cómo es esto posible? ¿Cómo se concilian estas cosas, en nombre de Voltaire?

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