SICAV: la genial idea de Miguel Boyer, con apoyo de PP y CiU

La hermosa estratagema de ingeniería financiera surgió en tiempos de Felipe González y la ejecutó el marido de Isabel Preysler, el nunca bien ponderado Miguel Boyer, eso sí, con el apoyo entusiasta de PP y CiU. Boyer no quería que los ricos buscaran el paraíso en el cielo ni en ninguna isla alejada del chalet familiar. Y construyó el verdadero edén patrio aquí mismo, en esta España nuestra. Sobre todo, para que los afortunados ricos que también lloran no se gastaran tanto en trámites y viajes: lo del maletín con billetes verdes ya no quedaba moderno. Al paraíso (fiscal) le puso un nombre muy feo, SICAV, que parecen las siglas de una organización terrorista truculenta de una película taquillera de Hollywood con malencarados y picudos personajes que hablan con evidente acento latino, oriental o ruso.

Detrás del nombrecito de marras, que significa sociedad de inversión de capital variable, eufemismo semántico que así en crudo no nos dice nada a los legos, se parapetan ricachones y famosotes para solo pagar al fisco un 1 por ciento de sus beneficios. Las SICAV son sociedades, entes especiales que precisan 100 socios para echar a andar y una bolsa de dinerito con un mínimo de 2.400.000 euros en su interior. En realidad, lo suyo es que un único accionista o partícipe sea el amo del precioso artefacto financiero, el resto son mariachis (tal cual en el argot de altos vuelos) que ni cortan ni pinchan, incluso en muchas ocasiones aparecen por allí sin haber dado su consentimiento. Esto es, son hombres o mujeres de paja para cumplir con las obligaciones que estipula la ley.

Hay casi 3.500 sicav. En el Registro Mercantil no existe ni rastro de ellas y son tuteladas por la CNMV (Comisión Nacional del Mercado de Valores). Estos ingenios tan peculiares únicamente tributan, como ya reflejamos antes, un insólito y pírrico 1 por ciento, mientras las grandes empresas lo hacen por el 30 por ciento y las pymes por el 25. El negocio es redondo.

Que se conozca, las más fuertes son Morinvest, encabezada por Alicia Koplowitz, Allocation, liderada por la familia Del Pino, mayoritarios accionistas de Ferrovial, y la que gestiona Rosario Mera, fundadora con Amancio Ortega del imperio Inditex-Zara.

La católica iglesia romana y apostólica, muy cuca ella, también tiene sus ahorros en varias sociedades de este tipo. Destacan por su sonoridad las sicav de la orden de la Inmaculada Concepción y la de las Hijas de la Caridad. Cómo hacen para ahorrar tanto resulta un misterio más insondable que el de la santísima trinidad.

La lista de conocidos mediáticos y acaudalados con chispa y pedigrí es suculenta: Pilar de Borbón, hermana del rey, familia Polanco (PRISA-El País), familia Lladró, familia Reyzábal (propietaria de Torre Picasso), José Antonio Castro de Sousa (NH Hoteles), Helena Revoredo (Prosegur), Emilio Botín, el arquitecto Ricardo Boffil, Emiliano Revilla, la televisiva Ana Rosa Quintana, Pedro Almodóvar, la exministra del PSOE Mercedes Cabrera, los exfutbolistas Fernando Hierro, Iván de la Peña y Fernando Morientes y un largo etcétera que no ha salido a la luz pública todavía.

Según datos estadísticos recientes, uno de cada cinco españolitos de a pie puede ser considerado estadísticamente pobre y uno de cada cuatro en edad de trabajar está mirando las musarañas o a punto de suicidarse por inminente desahucio, esto es, sin trabajo ni recursos suficientes para sobrevivir, fríos números que contrastan con los 25.000 millones de euros que amasan los ricos españoles con sicav. Sin comentarios.

Armando B. Ginés, Diario Octubre, 06-08-2013

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