Sant Jordi 2013, fiesta en medio de la tragedia

El día después de la festividad de Sant Jordi y remitido por el amigo de un gran amigo mío, he recibido un correo con el siguiente texto: “Buenas noches a todos, el día de St. Jordi nos abocaba a la ternura a través de la poesía y el aroma de la rosa, a la reflexión mediante la lectura reposada y a la acción contemplando la imagen del Santo que, decidido hacia su objetivo, triunfa del dragón de la avaricia y del odio entre hermanos de la ira y de la envidia, de la gula compulsiva y de la lujuria esclavizante, y nos sacude la pereza que podamos merecer la paz.

Todo esto y más en un ambiente de fiesta, música, cuentos, diálogo y canciones, no exento de dolorosas contradicciones. Juntos y sumando voluntades y esfuerzos, humildemente y con generosidad, sin parar, incansablemente un día no lejano podremos cantar Hasta la victoria siempre!”.

Y como que por ese indirecto conocimiento no suelo contestar a sus periódicos correos ni tengo mayor contacto con el remitente, he decidido no responder a su e-mail porque me temo que lo haría con justa indignación rayando la descortesía que debo al amigo que ambos tenemos en común.

Pero tampoco puedo pasarlo por alto y tragarme el cabreo que me ha hecho aflorar la lectura de ese seráfico mensaje, de manera que me apresto a publicarlo junto con la respuesta que apresuradamente había preparado para usarla vía e-mail y por ello, poco cuidadosa en la forma y todavía menos dada a florituras o a cierto rigor literario que por cierto tanto me cuesta obtener cuando aporreo mi teclado. He aquí, pues, lo que me salió a borbotones:

“En verdad os digo que lamento mucho no poder compartir ternura ni aromas ni tampoco creo en santo alguno y mucho menos en supuestos triunfos frente al dragón. Asimismo, me cuesta creer que merezcamos la paz ni que podamos leer o hacer nada reposadamente o en un ambiente de fiesta, música, cuentos, diálogo y canciones porque todo lo anterior no sería sino una gran contradicción poco adecuada con la realidad que nos rodea, esto es, un año de tremendo y prolongado ataque contra los derechos de la mayoría de la ciudadanía con una violencia y ensañamiento que no se conocía desde la postguerra que ganaron los abuelos de esta misma canalla fascista que nos gobierna, que nos despoja, que nos maltrata y nos humilla sin que los millones de víctimas se rebelen con parecida violencia por los enormes destrozos que están padeciendo en su propia carne y que alcanzarán a sus hijos y nietos durante decenios.

¿Cómo se puede hablar de humildad y generosidad ni se puede acabar tan beatífico mensaje hablando de victoria ante la más enorme derrota que el capitalismo financiero y la derechona nos están infligiendo mientras millones de ciudadanos soportamos con docilidad y cobardía todo lo que nos está cayendo encima?

Me temo que aquí el único santo debería ser la santa y justa ira de las masas rebelándose con una proporcional y legítima violencia contra el gobierno más injusto, más cruel y más inmoral que hemos tenido desde los gobiernos de sus padres o abuelos, los sangrientos gobiernos de Franco.

Por mi parte, me cuesta permanecer callado ante tan paradisíaco mensaje como el que critico con mucha menos dureza de lo que merecería, todo ello, desde el respeto personal hacia su autor aunque, como se acaba de leer, lo hago con toda la contundencia frente a unas ideas que sólo parecen llamar a la indolencia, a la resignación y al rendimiento incondicional frente a tanta injusticia, a tanto padecimiento y a tanta ruina presente y futura como nos amenaza esta triste realidad actual si no reaccionamos pronto y contundentemente, a lo que yo me apuntaría porque no estoy por poner la otra mejilla ni por bajarme los pantalones ante este gobierno mentiroso, inmoral y despiadado para convertirme en cómplice de quienes lo trajeron y de quienes se benefician y/o están tan cómodos con sus fechorías.”

Hasta aquí leyeron ustedes el mensaje inicial y lo que en vez de ser mi contestación en privado, viene siendo una respuesta pública a un destinatario que mantendré en el anonimato, y a su prolongación mediante artículo que para su publicación someto a la hospitalidad de este digital en los siguientes términos:

Como se habrá comprobado por algunos pasajes de mi texto más arriba entrecomillado, he empleado una notable dosis de violencia espistolar que creo absolutamente justificada, contra el franquismo y contra esta maldita derechona que nos gobierna, dignos herederos de los caciques y capitalistas de la peor calaña que durante siglos ha padecido esta España nuestra. Me he quejado de que no se la responda con la rebelión de sus millones de víctimas, abandonando de una vez la docilidad y la cobardía para sustituirla por la justa ira, como antesala de una violencia proporcional a la que tan tremendamente padecemos pero, llegado a este punto en el que mi indignación se ha desbocado, tengo que frenar y reconocer que, cuando en la atormentada historia de nuestro país, las clases más desfavorecidas han respondido con violencia justa, justiciera y de mucha menor gravedad que la tremenda violencia estructural y generalizada perpetrada por los privilegiados y por sus verdugos y negreros, en esos casos, a los más débiles siempre nos ha tocado perder, por lo que hemos de mantener la calma, defender las vías de la legalidad y predicar la resistencia pacífica.

Pero, dicho esto, a costa de que aumente mi cabreo y me provoque más retortijones o, más finamente dicho, con todo el dolor de mi conciencia y de mi consciencia, me pregunto y lanzo estas preguntas a los cuatro vientos: ¿Hasta cuándo va a durar esto?… ¿Cuánta miseria más pueden aguantar tantos millones de españoles? ¿Cuántos derechos más nos dejaremos arrebatar? ¿No están el gobierno y el capitalismo salvaje jugando con fuego, encima de un barril de pólvora que puede estallar en cualquier momento?… Pues estoy seguro de que en el caso de que estalle, se lo habrán ganado a pulso, aunque cada vez haya más dudas acerca de si eso sería o no lo deseable.

José Castellano es militante del PSOE, presidente de Ágora Socialista y miembro de la Coordinadora de Agrupaciones Socialistas Autónomas (CASA)

José Castellano, El Debat.cat, 26-03-2013

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