La importancia de la lucha contra los desahucios

Muchos políticos del Régimen español comienzan ya a añorar el tiempo en el que el activista de izquierda era un pacífico “perroflauta” que se contentaba con mover las manos en eternas asambleas. Cuando en vez de paz esos activistas comienzan a pedir el fin de los desahucios y cuando en vez de mover las manos en una plaza practican el escrache a políticos causantes y cómplices de la situación de España, entonces parece ser que ya comienzan las alarmas y las campañas de desprestigio.  Para sorpresa de muchos, Lenin parece volver a tener a razón: las masas aprenden en el proceso revolucionario. No es que lo que haya en España sea propiamente un proceso revolucionario, pero sí es cierto que nos encontramos en una escalada de conflicto social que está por ver a donde nos lleva.

Y en esa escalada, el activista de los movimientos sociales ha ido aprendiendo algunas cosas. Entre ellas, la inutilidad de las causas genéricas. Como repetimos en el 15-M, para Izquierda Hispánica, tanto en nuestros escritos como cara a cara a participantes y líderes de dichos movimientos, una movilización no sirve de nada sin una propuesta concreta y específica de lo que hay que hacer. Da igual que sean muchas, lo importante es que se diga qué se quiere, cuándo se quiere, dónde se quiere, y del modo en el que específicamente se quiere. Por ejemplo, luchar por la “regeneración democrática” o por “más democracia” es una lucha condenada ya de antemano al fracaso. Y esto, porque cada grupo entiende la democracia de una forma distinta. Así, para el falangista, la regeneración democrática es la democracia orgánica con la familia, el municipio, el Estado sindical corporativo-cooperativista. Para el comunista, la democracia está en la Dictadura del Proletariado encabezada por su Partido de vanguardia que mediante consejos o soviets realiza la voluntad del pueblo. Para la socialdemocracia, la regeneración democrática significa “comportamiento ético”, y lo que pide es el fin de la corrupción como si con más ética todo estuviera solucionado. Para el anarquista, la regeneración democrática es el asamblearismo universal en el que todo se decida totalmente. Para el liberal de Intereconomía, la regeneración democrática es la privatización de todo lo privatizable y a ser posible la muerte de todo lo que remotamente huela a izquierda o a Estado. En definitiva, no basta con lemas que disfracen una unidad que de hecho no existe.

Pero la causa de los desahucios y las hipotecas es diferente porque marca una línea divisoria neta y clara: entre los impresentables e indecentes que apoyan los desahucios y los que no. Y aquí es donde la demarcación comienza a hacer efecto. El ejemplo casi de manual es UPyD, que se ha visto metida en una encrucijada sin salida. El juego del ni contigo ni sin ti, ni izquierda ni derecha, sino todo lo contrario les ha valido por un tiempo en la medida en que han canalizado el voto de españoles que con su buena intención querían un cambio político que no fuera el liberalismo del PP ni tampoco querían hacer el juego a las connivencias con el nacionalismo separatista del PSOE e IU. Pero su europeísmo, su tibieza ante el Régimen español, su connivencia en la defensa del sistema hipotecario español y otros muchos errores le están decantando hacia un partido más pro-régimen.

Analicemos el problema tal y como lo ve UPyD: la dación en pago siempre ha existido, pero el problema consiste en la diferencia entre los créditos y el valor real de los pisos hipotecados. Si se acepta la dación en pago en masa el sistema financiero colapsaría y al final sería el Estado quien tendría que hacerse cargo de estas deudas. El problema de fondo, es que en España las necesidades de financiación han dependido y dependen excesivamente de la hipoteca como producto financiero complejo y lo que esto ha implicado y sigue influyendo en el sistema productivo español. Y en este juego han participado y participan bancos alemanes, estadounidenses, ingleses y franceses. Es una auténtica desindustrialización por capitalización bancaria externa. ¿Y qué alternativa ofrece UPyD? Permanecer en el sistema y remediarlo con el parche del centralismo. Pero el problema no es el ahorro en la Administración pública eliminando autonomías, pues el sistema financiero español permanecería igual. La deuda es como un pozo sin fondo y si destruimos las autonomías podemos estar destruyendo el Estado -para gran gozo de los liberales- mismo. Por lo tanto, de lo que se trata es de cambiar desde su raíz el Régimen actual porque, dentro de él, no hay salvación posible para los trabajadores españoles. Y cambiarlo sin acabar fragmentando España en 17 Estados clónicos del actual Régimen, sino mediante la construcción de un Estado socialista potente capaz de hacer frente a nuestros enemigos y buscar la unión con Iberoamérica y, por supuesto, con Portugal.

En conclusión: la lucha de los damnificados por las Hipotecas, la lucha contra los desahucios y la lucha contra la actual ley hipotecaria es un gran paso en la línea correcta de demarcar problemas específicos y buscar soluciones concretas. Falta, ciertamente, dar más pasos, como remontarse a las causas económicas y políticas que han hecho posible dicha situación social que condena a muchas familias a la desesperación.

La lucha contra los desahucios es una lucha que puede ganarse. La sabiduría política consiste en aprovechar dicha coyuntura para construir sobre ella un movimiento sólido. Somos Mayoría o la Coordinadora de Agrupaciones Socialistas Autónomas van por el buen camino, aunque todavía queda mucho por hacer.

José Tomás Escalante es miembro de Izquierda Hispánica (IH) y de la Coordinadora de Agrupaciones Socialistas Autónomas (CASA)

José Tomás Escalante, Izquierda Hispánica, 25-04-2013

 

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