Lamento disentir. A mí me da la risa

Lamento disentir. A mí me da la risa cuando leo a G. Morán despotricar (siempre como de pasada, eso sí) contra ese fascismo nacionalista, heredero del nacional-catolicismo… ¡cuando él escribe a sueldo de La Vanguardia desde hace 25 años! Precisamente de La Vanguardia, el periódico de los condes de Godó (¿algo que ver con el nacional-catolicismo y el franquismo?) y desde hace décadas portavoz oficial de los intereses empresariales de CiU. ¿Querrá hacernos creer este señor que CiU le paga para hacer mala literatura o para elucubrar a su antojo? Vamos hombre, que no hemos nacido ayer y sabemos cómo funcionan los medios de prensa y sus intereses. Me troncho cuando le leo fustigar a los intelectuales que viven al pesebre de las subvenciones. Siendo como es La Vanguardia uno de los medios más subvencionados ¿querrá convencernos de que su sueldo procede de otro universo, como un maná venido directamente del cielo? Y me destornillo cuando destapa su despecho y su envidia atacando a los participantes en tertulias y actividades mediáticas que él desprecia, como la zorra a las uvas, porque nunca ha podido alcanzar a ello. Estoy harto de demostrar que G. Morán está al servicio de los intereses de CiU; lo que tampoco precisaría mayor demostración, desde el momento en que le paga La Vanguardia. Mientras la izquierda estuvo en el Govern, G. Morán se dedicó a atacarla desde una fingida posición radical. Desde que CiU entró en el Govern, G. Morán dejó radicalmente de tocar ningún tema conflictivo durante casi dos años. Ahora, desde hace unas semanas, le han vuelto a dar suelta coincidiendo (¡qué casualidad!) con el visible desmarque de los grupos económico-empresariales hacia la aventura independentista de Mas (“Mire, Artur, la bandera independentista está muy bien como elemento de presión para obtener ventajas económicas; pero no vaya a llevar las cosas demasiado lejos y nos chafe el negocio que tan bien organizó Jordi”)un Mas que ya está recibiendo el mensaje y comienza a dar marcha atrás pasito a pasito, intentando no perder la cara.

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