¡No pasarán!

Un trabajador y ciudadano inglés es igual que uno chino; uno ruso igual que uno indio; un argentino igual que un australiano… Por las mismas razones uno catalán lo es igual a uno asturiano, andaluz o gallego… Sus intereses de clase son los mismos y, por eso precisamente, antagónicos a los de cualquier burguesía, oligarquía o aristocracia, cuyos privilegios a lo largo y ancho de la historia han pretendido mantener a costa de la inmensa mayoría. No debemos olvidar nunca llevándolo siempre muy presente que nosotros somos muchos y siempre seremos muchos más que ellos.

Ayer fue 14 de abril, aniversario de la proclamación de la Segunda República española y fecha aprovechada por los partidarios de la misma para reivindicar la venida de la próxima. Mientras en Madrid se manifestaban decenas de miles de personas pidiendo la Tercera República en una acción multitudinaria y unitaria, en Barcelona sus partidarios activos y divididos apenas llenaban una cuarta parte de la Plaza San Jaime –entre ellos se podía observar a los miembros de la animosa asociación Alternativa Ciudadana Progresista (ACP) con una gran pancarta-.

¿Cómo es posible que en el momento de más baja popularidad de la monarquía en España desde la Transición democrática y en un momento de crisis profunda como el que venimos padeciendo a causa de las políticas criminales neoliberales, la respuesta barcelonesa haya sido tan pobre? ¿Es ésta la que debería esperarse en un momento en el que, según las encuestas oficiales, el 50% de la población española (seguramente en mayor proporción en Barcelona y el resto de Cataluña) se declara republicana?

Las contestación a estas preguntas, una vez más, hemos de encontrarlas en el nacionalismo hegemónico en Cataluña que desactiva cualquier respuesta ciudadana que no venga mediatizada y controlada por ese poder omnímodo en esta Comunidad Autónoma española.

Rompiendo la unidad de acción que el marxismo siempre consideró prioritaria (‘Proletarios de todos los países uníos’), la secesionista Comisió de la Dignitat y el Ayuntamiento de Barcelona controlado por el rastrero alcalde actual de Barcelona han restituido la dedicatoria del monumento a la proclamación inconstitucional de la República catalana que se encuentra en una zona boscosa del parque de atracciones del Tibidabo. El monumento erigido en 1933 para conmemorar por los secesionistas la retransmisión en la que el presidente Francesc Macià proclamaba, a través de Ràdio Barcelona, el cambio de régimen, había perdido al parecer durante el franquismo su identidad.

Esa es la contribución oficial a día tan señalado desde nuestras instituciones y lo que cabe esperar de ellas, de momento y mientras no cambiemos democráticamente a sus responsables: la anteposición de la clave identitaria, que sólo beneficia al final los intereses particulares de la burguesía catalana y que supone de facto mantener en el tiempo el sometimiento de las llamadas clases subalternas, a la clave social que es la que beneficia el progreso de todos basado en la igualdad de oportunidades y la libertad para desarrollarnos como personas a través de la profundización del Estado de bienestar, que es tanto como decir a través de la potenciación de la justicia social.

Desde aquí les digo, como a la sucursal española de la reacción les opusieron hace años los hombres y mujeres más honrados, combativos y sensatos de nuestro país, que a la que dirigen y controlan los poderes fácticos catalanes en esta Comunidad Autónoma, cuya cabezas políticas más visibles son Xavier Trias, en el Ayuntamiento de Barcelona, y Artur Mas, en la Generalidad de Cataluña, sólo cabe oponerles un grito unánime, de toda la clase obrera: ¡No pasarán!

Federico Llosa Marsé, La Voz de Barcelona, 16-04-2013

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