¡Adiós Europa, adiós!

En mis anteriores artículos sobre este tema “Europa, ¿la solución o el problema?” y “Europa, cuestión irresoluble”, hemos intentado dar una breve visión analítica y retrospectiva desde la Constitución Europea a nuestros días y hemos visto como la utopía de una Europa Unida políticamente se ha ido desmoronando por el camino de una manera antagónica a los valores y criterios de los más acérrimos europeístas, pasando a dar la razón a los escépticos; será por eso que las utopías son siempre inalcanzables por definición.

En este articulo, “¡Adiós, Europa, adiós”!, que junto con los otros dos ya publicados será mi pequeña trilogía sobre este tema, pretendo acabar con un mito o mejor dicho con una amenaza, y a su vez afirmación, de aquellos que dominan Europa desde las políticas antisociales que practican estos vasallos de los bancos y del poder financiero diciéndonos que “no es posible salir de Europa”.

En esta Europa actual de veintisiete estados, doce de ellos tienen una moneda, “Euro”, dos estados ya han dicho que no se adhieren al tratado monetario, uno posiblemente se adhiera, después de haber efectuado tres referéndums donde la ciudadanía ha dicho que no, y diez más están en trámites.

En esta Europa de las desigualdades, que permite tratamientos fiscales diferentes para los estados, una Europa que permite que algunos estados sean paraísos fiscales, una Europa que permite que alguno de sus estados, por su cuenta, declare la guerra a otro país, o que permite que se desencadene una guerra en su territorio, donde se acometen atrocidades en contra de la Declaración de los Derechos Humanos, una Europa que tiene un Parlamento cuyos debates son estériles y un Gobierno / Comisión que no es ejecutivo, sino un fraude, nos define claramente el tipo de Unión Europea que tenemos. Muy lejos de la que deseamos los ciudadanos.

Después de más de treinta años de trabajos para la creación de una Europa Política, no tenemos más que un club financiero, donde los poderosos invierten en los estados pobres, normalmente los del sur, otorgándoles grandes créditos a sabiendas de que no se podrán devolver, para posteriormente “rescatarlos” que no es otra cosa que volver a dar más crédito para refinanciar los créditos anteriores. Con lo cual, como diría un castizo, no es otra cosa que “hundir en la miseria a aquellos solicitantes de créditos” manteniendo a estos en la esclavitud financiera y sin soberanía nacional, siendo sus Jefes de Gobierno meros mendigos ante la tecnocracia y Alemania.

En esta situación, los países pasan a engrosar la lista de países en recesión, donde se dispara la prima de riesgo y resulta imposible cumplir con los objetivos de déficit que a su vez le impone la misma Europa, en lugar de apoyarles a través de las instituciones financieras y el BCE.

Los países del norte, que son los que dominan esta Europa de mercaderes, y los que dictan estas medidas, consiguen destruir los estados del bienestar y acabar con la Europa social, y crean la Europa neoliberal, lejos de controles democráticos, que involuciona políticamente la sociedad hacia opciones de derechas, cuando no neofascistas o directamente fascistas como puede ser el caso de Grecia.

Victimas de estas políticas neoliberales, aunque con sus diferencias particulares, tenemos ya varios ejemplos: Portugal, Grecia, España, Irlanda, Chipre, y posiblemente a corto plazo, Italia y hasta la misma Francia.

Ante el fracaso de las políticas monetaristas, y sin buscar culpables, que los hay, tanto en el presente, como aquellos otros ocultados por el paso del tiempo, que actualmente dirigen o son consejeros de las Grandes multinacionales, pero que están en nuestro recuerdo, creo que es la hora de plantearse en serio abandonar las políticas del tratado de Maastricht, origen de todos los males, y salir de esta Europa antisocial y neoliberal. Alternativas las hay, se puede salir en solitario, se puede salir acompañado de otros Estados o bien se pueden marchar los Estados que extorsionan, los ricos de esta Europa desleal y nada solidaria.

Si un Estado se puede ir de la Unión Europea, según el Tratado de Lisboa, cómo no se va a poder ir de un Tratado Monetario de la Unión. Dado que es cierto que un estado se puede ir de la Zona Euro, aunque va a sufrir muchas presiones como decía en mi artículo anterior, pero se puede.

Ello lleva consigo algunas ventajas inmediatas como es reducir la deuda soberana a la mitad de su volumen, teniendo en cuenta que la inflación y el hecho de que los créditos se establecieron bajo la legislación española y los intereses se han de pagar en pesetas al valor del cambio de cuando España entro en el Tratado Monetario.

En segundo lugar automáticamente, podríamos devaluar nuestra moneda, instrumento eficaz para el reequilibrio económico interior del país, cuyo efecto trataría a todos los españoles en igualdad, y no solo tendrían que soportar la presión fiscal y los recortes los pobres o menos pudientes, como está sucediendo ahora.

En tercer lugar, nuestros productos serian más baratos, aumentaríamos las exportaciones y la productividad, con lo cual descendería el paro, hasta situarlo en cotas asumibles.

También es cierto que alguna desventaja tendríamos, como es el hecho que las balanzas exteriores se resentirían por la dificultad de las importaciones, de productos como los carburantes y energéticos. Cuestión esta corregible, si se aplican políticas hacia la implantación de energías renovables.

No olvidemos que mientras en España con las medidas de recortes solo estamos pagando los créditos, a su vez estamos adquiriendo nuevas deudas, dado que nuestro PIB se sitúa en torno del 5% respecto al exterior o balanza de pagos, y todo ello por la desconfianza de los llamados mercados.

Con los números en la mesa, solo nos podríamos quedar en Europa si los bancos alemanes aceptaran una quita del sesenta por cien de nuestra deuda, y resituar la deuda pública donde debe de estar que es en el ámbito público o del Estado y la privada “bancaria” en su ámbito, el privado, asumiendo cada uno sus responsabilidades tanto políticas o jurídicas, así como de pago. A su vez el BCE tendría que permitir políticas expansivas de crecimiento, e intervenir en los mercados mediante la compra de deuda pública y otras medidas de respaldo a las economías de los estados. Cuestión esta que no va a suceder por “consejo” del Bundesbank.

En estos momentos, mientras escribo estas líneas, llega a mi conocimiento que el Tribunal Constitucional Luso, ha declarado determinadas medidas adoptadas por Portugal y dictadas por Europa, por inconstitucionales y discriminatorias, como son las pagas extraordinarias, los recortes sobre las pensiones y de subsidio de empleo y enfermedad.

La suspensión de estas medidas supone un espaldarazo a los que manifestamos abiertamente que la crisis, o mejor dicho el coste de los rescates, los pagan las clases menos favorecidas, e incluso es discriminatoria entre los propios trabajadores ya desarrollen su trabajo en el área privada o en la esfera de lo público. A Portugal, si sigue con las políticas monetaristas de Europa, no le quedará otra salida que pedir un nuevo rescate o acogerse a nuestras alternativas de salir de la Zona Euro, que desgranamos en este artículo.

Siguiendo con nuestra exposición, otra alternativa que tienen los países, castigados por las políticas de la Sra. Merkel, es hacer un frente común para la salida de la Zona Euro, lo que sin duda no solo daría al traste con el Tratado Monetario, si no con la propia Unión Europea.

Estos países deberían hacer la refundación de la Unión Europea en su versión de los Estados del Sur ó del Mediterráneo, que por cultura e historia entroncarían perfectamente como una unidad efectiva.

Por último cabe plantearse que sean los países del Norte, los que dominan el Banco Central Europeo, que, sometido al Bundesbank, impide que este dé respaldo a los estados en crisis.

Más tarde o más temprano, esperemos que sea lo más pronto posible que los Estados de esta Unión Monetaria se den cuenta y tengan la dignidad de recuperar la soberanía perdida y digamos adiós Europa, adiós.

Isidro Carpio es vicepresidente de Ágora Socialista y miembro de la Coordinadora de Agrupaciones Socialistas Autónomas (CASA)

Isidro Carpio, El Debat.cat, 08-04-2013

 

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