Yo no soy favorable a los nacionalpopuli

Yo no soy favorable a los nacionalpopulismos, interesados en confundir el sujeto histórico revolucionario -la clase trabajadora- con la nación en abstracto, pero tampoco a la socialdemocracia alemana de Willy Brandt y compañía, cuyo premeditado interclasismo es explícito, rendida ante las políticas neoliberales que la hacen casi indiferenciable de la derecha, y culpable junto a los Estados Unidos y nuestra casta dirigente de la relegación de España. La socialdemocracia ha fracasado estrepitosamente en su proyecto político, y los partidos socialistas son cadáveres ambulantes. Del mismo modo que el estalinismo también fracasó. Vivir de la nostalgia es un error en ambos casos. Mi opción es la de una Europa de los países del sur y del este emergente -como Polonia-, así como de Estados igualmente periféricos como Irlanda o Islandia; una Europa alternativa y enfrentada a la Europa alemana y a la anglonorteamericana. Para ello, hay que librarse primero de las ideologías reaccionarias -como el conservadurismo o la socialdemocracia liberal- sin olvidar, además, que España y Portugal tienen un magnífico nexo con las naciones iberoamericanas, las cuales pueden integrarnos como un Estado más en sus organizaciones supranacionales altermundistas de carácter político y económico.

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