¿Un ‘Imperio latino’ para enfrentarse a la actual, rica y poderosa Alemania?

El filósofo italiano Giorgio Agamben recupera la idea de una unión entre países del sur de Europa, ya esbozada por su colega Alexandre Kojève en 1945. Estas naciones (Francia, España e Italia) podrían ejercer de contrapeso a la preponderancia de Alemania en el seno de la Unión Europea. La base de esta unión sería cultural más que económica. Una reflexión como punto de partida en un momento de crisis económica e institucional de la Unión Europea

En medio de una doble crisis, económica e institucional, de la Unión Europea surgen voces que, al margen de cuestionar la utilidad real del euro como moneda común, plantean alternativas -de momento solo teóricas y más bien como punto de partida para la reflexión- para que los países del sur de Europa puedan juntos hacer frente a la poderosa Alemania.

El filósofo italiano Giorgio Agamben ha recuperado la idea que Alexandre Kojève dejó escrita en 1945 y que consistía en la unión de tres Estado-nación, como Francia, España e Italia, en una organización política superior que denominó Imperio latino. Agamben lo ha recordado en un artículo publicado estos días en Francia (en el diario Libération) y en Italia (en La Repubblica).

Kojève, nacido en Moscú (Rusia) en 1902 y fallecido en Bruselas (Bélgica) en 1969, pero educado en Alemania, fue un filósofo que ocupó cargos de alto funcionario dentro del Estado francés. Publicó varias obras y, entre estas, un ensayo titulado El Imperio latino, esbozo de una doctrina de la política francesa, un memorándum dirigido al general De Gaulle, que Agamben ha considerado que vuelve a estar de actualidad.

Con una predicción singular, Kojève sostenía sin reservas tras el fin de la II Guerra Mundial que Alemania se convertiría en breve en la principal potencia económica de Europa y que reduciría a Francia al rango de potencia secundaria en la Europa occidental. El filósofo veía con lucidez el fin de los estados que hasta entonces habían determinado la historia europea, cediendo el paso inexorablemente a formaciones políticas que traspasasen las fronteras nacionales y que él mismo designó con el término de imperios.

Vínculos culturales

Según ha recordado Agamben, Kojève partía de la base de que los nuevos imperios no estarían basados en una unidad abstracta, indiferente a los vínculos reales culturales, de idioma, de modo de vida y de religión. Estos imperios, entre los que incluía la URSS y el Imperio anglosajón (formado por Estados Unidos y el Reino Unido), debían ser ‘unidades políticas transnacionales, pero fundadas por naciones semejantes’.

El filósofo ruso-franco-germano propuso a Francia que se situara a la cabeza de un Imperio latino que habría unido económica y políticamente a las tres grandes naciones latinas con elementos en común. Es decir, a Francia, España e Italia. Alemania, que se iba a convertir en pocas décadas después en la nación más rica y poderosa de Europa -tal y como ha sucedido-, pondría su objetivo en ampliar mercados fuera del continente, en pugna con el Imperio anglosajón. En este contexto, la salida para los países del sur de Europa era, únicamente, su unión, si no querían convertirse en países satélite.

La Unión Europea se ha formado en base a una unión monetaria (sin un mismo sistema laboral o de hacienda única federal) sin tener en cuenta los grandes rasgos culturales, que acercan unas naciones más que otras. Ahora, que el sistema del euro está en cuestión y una gripe en Chipre (apenas un millón de habitantes y una isla dividida políticamente por un muro turco-griego), acumulado a otros cuatro rescates económicos, ha puesto en cuestión la base de la Unión Europea, ¿por qué no tener en cuenta la propuesta de Kojève?

‘Una forma de vida’

La unión de los países de la Unión Europea, ha indicado Agamben, en contra de lo que se pretendió, ha podido acusar más aún las diferencias y, después de los últimos acontecimientos, lo ha resumido con una frase muy clara: ‘Imponer a la mayoría de los más pobres los intereses de la minoría de los más ricos, que en la mayoría de los casos coincide con los de una sola nación, en cuya historia reciente no hay nada que se considere ejemplar’. Se refiere, obvio, a Alemania.

Parece lógico, pues, que no se le pueda exigir a un griego o a un italiano que vivan como un alemán. Pero es que, si esto fuera posible, además, ‘produciría la desaparición de un patrimonio cultural que constituye ante todo una forma de vida’. Es por este motivo, también, por el que el filósofo italiano -recuperando la idea de Kojève- considera que la Unión Europea, como unidad política, ‘no solo está abocada al fracaso sino que, tal y como demuestra Europa con elocuencia, jamás logrará constituirse como tal’.

Finalmente, una posible solución real, después de tanta teoría filosófica, podría ser recuperar una verdadera Constitución europea para evitar que el proyecto político acabe disolviéndose como un azucarillo en un glühwein. Eso, o la constitución de un Imperio latino, que Kojève ya adelantó en 1945.

Daniel Tercero, La Voz de Barcelona, 27-03-2013

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