Breve historia del nacionalismo catalán: del siglo XIX a la IIª República (I) ¿A qué se debe la deriva independentista de CiU?

 
 
No considero la nación como una entidad social primaria ni invariable. […] El nacionalismo antecede a las naciones. Las naciones no construyen estados y nacionalismos, sino que ocurre al revés. […]Las naciones existen no sólo en función de determinada clase de estado territorial o de la aspiración a crearlo, sino también en el contexto de una determinada etapa de desarrollo tecnológico y económico. Por consiguiente las naciones y los fenómenos asociados con ellas deben analizarse en términos de las condiciones y los requisitos políticos, técnicos, administrativos, económicos y de otro tipo.
E.J. Hobsbawm, Naciones y nacionalismo desde 1780
 
El día 20 de diciembre, Artur Mas pronunciaba un discurso de investidura en que afirmaba lo siguiente: “Cataluña tiene que aceptar de una vez por todas que España no quiere ser cambiada, y está en su derecho a no ser cambiada. Asimismo, España debería aceptar que Cataluña no quiere ser ni absorbida, ni asimilada ni homogeneizada. […] Durante décadas, de hecho durante más de un siglo, se ha intentado desde Cataluña colaborar con el Estado para ayudar a construir una España democrática, europea y moderna. Siempre con la esperanza de que esta nueva España fuese comprensiva, tolerante y respetuosa con la personalidad propia de Cataluña […]. Esta esperanza se ha visto frustrada. […] Cataluña debe abrir un nuevo camino, una nueva manera de hacer, una nueva estrategia. […] debe iniciar su propia transición nacional que, de hecho, es el único camino que nos queda”. A través de estas palabras, el entonces candidato a la Presidencia de la Generalitat manifestaba su voluntad de crear un estado catalán dentro de la Unión Europea argumentando que se habían agotado todas las vías para transformar España. ¿A qué se debe la nueva orientación estratégica de la federación nacionalista? ¿Corresponde únicamente a intereses electorales de tipo cortoplacista o se debe a una transformación profunda del nacionalismo catalán?

El PSUC viu mantiene que el pueblo catalán es sujeto político plenamente soberano para decidir su futuro, y entiende que el despliegue de los derechos nacionales es inseparable del desarrollo y la cohesión social. El derecho de autodeterminación de los pueblos, “el dret a decidir”, forma parte de la cultura y legado del PSUC por su carácter de radicalidad democrática y planteamiento emancipador. Lejos de la instrumentalización que de él hace CiU como cortina de humo de su visceral neoliberalismo, el “dret a decidir” no se circunscribe sólo a la relación que se quiera tener con el otro, sino que conlleva poder decidir sobre el proyecto de sociedad, el modelo económico, social, político y jurídico en su globalidad. El dret a decidir se entiende como elemento indisociable al proceso constituyente ante el actual colapso democrático.

Para centrar el debate y tratar de responder a las anteriores preguntas, os invitamos a hacer un breve repaso de la historia del nacionalismo catalán.

Durante el siglo XIX, la burguesía industrial catalana y la oligarquía agraria dedicada a la exportación de productos primarios mantenían una disputa acerca de la política comercial que debía seguir el estado español. Los primeros apostaron abiertamente por el proteccionismo y los segundos se mostraron partidarios del librecambismo. Durante la mayor parte de este periodo, la burguesía catalana ejerció su influencia a través de los partidos de ámbito estatal. Sin embargo, en el último tercio de siglo, aparecieron pensadores que defendían la necesidad de articular un proyecto político de ámbito exclusivamente catalán que permitiera intervenir en la política española al margen de los partidos de ámbito estatal porque los partidos dinásticos de ámbito estatal ya no resultaban funcionales para representar los intereses de la burguesía catalana. Estos pensadores no eran estrictamente nacionalistas, sino regionalistas pues no cuestionaban explícitamente la nación española. Algunos de ellos, como Valentí Almirall, eran republicanos federalistas. Otros, en cambio, como Josep Torres i Bages, eran marcadamente conservadores y católicos. A la luz de estas ideas, aparecieron organizaciones como la Unió Catalanista (1891), Unió Regionalista (1899) o el Centre Nacional Català (1899). Como ya se ha dicho, el objetivo de las primeras organizaciones del catalanismo político era influir en la política estatal puesto que la burguesía catalana aspiraba a ser el motor de la modernización del estado español. En este sentido, en 1931, el reputado filósofo nacionalista Francesc Pujols afirmó que, a finales del siglo XIX, “los catalanes estaban más preparados para dirigir España que para el autogobierno”.

La crisis política surgida a raíz de la independencia de las últimas colonias españolas debilitó gravemente a los partidos que sostenían el régimen de la restauración borbónica (liberal-conservador y liberal-progresista) y generó una ventana de oportunidad para los recién creados partidos regionalistas que, en las elecciones de 1901, consiguieron superar a los partidos dinásticos en la provincia de Barcelona. Esta victoria electoral de las fuerzas regionalistas precipitó la creación de una nueva organización: la Lliga Regionalista. Hasta la llegada de la segunda república, este partido fue hegemónico en Catalunya por la falta de arraigo de la socialdemocracia (la mayoría de la clase obrera catalana era cercana al apoliticismo anarquista) y la debilidad de los partidos republicanos. Durante la etapa en que ejerció el liderazgo del catalanismo, la Lliga impulsó dos proyectos políticos para crear instituciones de autogobierno: las “Bases de la autonomía” (1918) y el “Projecte d’Estatut d’autonomia” (1919). Al no contar con el respaldo de los gobiernos estatales, ambas iniciativas fracasaron. Sin embargo, si fructificó la creación de un órgano administrativo denominado Mancomunitat que, a pesar de no poseer capacidad legislativa, supuso un reconocimiento jurídico de la especificidad catalana. A través de esta institución, la Lliga Regionalista liderada por Enric Prat de la Riba creó una serie de organismos con el fin de promover la lengua y cultura catalanas (el Institut d’Estudis Catalans, la Biblioteca de Catalunya, etc.).

Al llegar la Segunda República, se produjeron una serie de transformaciones notables o en el movimiento nacionalista catalán. En primer lugar, hubo una gran diversificación de fuerzas que, en términos generales, podemos dividir en cuatro grandes familias políticas: el nacionalismo republicano y progresista (Esquerra Republicana de Catalunya), el nacionalismo conservador arraigado en la burguesía catalana (Lliga Regionalista/Lliga Catalanista), el nacionalismo de base popular e inspiración revolucionaria (Unió Socialista de Catalunya, Bloc Obrer Camperol, Partit Proletari Català y Unió de Rebasaries) y el independentismo (Estat Català y Nosaltres Sols!)(1). En segundo lugar, la popularidad de la Lliga quedó mermada por su apoyo a la dictadura de Primo de Rivera. Por ello, la hegemonía del nacionalismo catalán se desplazó ligeramente hacia la izquierda. La fuerza política encargada de ejercer dicho liderazgo fue Esquerra Republicana de Catalunya que obtuvo un gran apoyo electoral del proletariado anarquista catalán gracias a la popularidad de Lluis Companys quien, durante los años previos a la Segunda República, ejerció la defensa letrada de varios líderes sindicales de la CNT. Por su parte, el catalanismo conservador pasó a ocupar una posición subalterna dentro del nacionalismo catalán. A pesar de ello, la Lliga Catalanista, organización heredera de la Lliga Regionalista, ganó las elecciones generales de 1933 en el conjunto de Cataluña. En 1936, lideró la coalición conservadora Front d’Ordre para frenar a la coalición Front d’Esquerres (versión catalana del Frente Popular) integrada por Esquerra Republicana de Catalunya, Acció Catalana Republicana, Partit Nacionalista Republicà d’Esquerres, Unió Socialista de Catalunya, Partit Republicà d’Esquerra, Unió de Rebasaries, Partit Obrer d’Unificació Marxista, Partit Català Proletari y el Partit Comunista de Catalunya (referente del PCE en Cataluña). Pocos meses después, como es bien conocido, la Lliga Catalanista liderada por Francesc Cambó apoyó el golpe militar del 18 de julio alineándose, una vez más, con los elementos más reaccionarios de la sociedad española.

Notas

1. Estat Català se integra en ERC en 1931 y se separa en 1936. Nosaltres sols!, organización independentista de extrema derecha, nació en 1916. Entre 1936 y 1939, estuvo integrada en Estat Català para finalmente participar ambos de la creación del Front Nacional de Catalunya en 1940

 
Albert Ferrer Sánchez, Mundo Obrero, 27-03-2013

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