Y ahora Chipre

La fase aguda de la crisis del euro parecía quedar atrás desde que Mario Draghi amedrantó a los especuladores con la amenaza de “hacer todo lo necesario “para salvar a la moneda única europea y Merkel se convenció de que lo mejor era evitar la salida de Grecia de la eurozona. Pero de repente nos ha estallado la crisis chipriota de una forma que demuestra, una vez más, la torpeza con la que las instituciones de la UE afrontan los problemas.

En efecto, desde el pasado sábado 16 de marzo, la  actualidad europea ha estado dominada por el desaguisado organizado por el Eurogrupo a propósito del impuesto a los depósitos bancarios como condición al programa de ayuda para recapitalizar el hipertrofiado sistema bancario de  Chipre. Desde entonces, los bancos chipriotas están cerrados y no se sabe que ocurrirá cuando abran el martes 26. Pero, como en una tragedia griega, ya sabemos que sobre Chipre pesa el ultimátum del BCE que advierte que el lunes cerrará el grifo de liquidez a los bancos chipriotas si antes no se ha llegado a un acuerdo para encontrar los 6.000 millones de euros que el Gobierno chipriota pensaba obtener de ese impuesto sobre los depósitos bancarios que el Parlamento ha rechazado.

En el momento de mandar esta contribución a las páginas digitales, ese acuerdo brilla por su ausencia y sigue el suspense sobre lo que puede ocurrir la próxima semana. Pero de momento los mercados financieros no parecen haberse impresionado demasiado. Ni las primas de riesgo españolas e italianas, ni el tipo de cambio del euro ni las cotizaciones bursátiles han reflejado oscilaciones apreciables. No ha habido ningún movimiento de pánico más allá del de los cuentacorrentistas chipriotas y del que debe sentir el gobernador del Banco Central de dicho país, que irónicamente resulta llamarse Pánicos, ante la posibilidad de que el BCE cumpla su amenaza, con lo cual el sistema bancario chipriota se hundiría arrastrando al país en su caída y haciendo casi inevitable la salida del euro.

Los mercados han guardado su sangre fría. Puede que ya se hayan acostumbrado a la forma caótica con la que los europeos tratan sus problemas y a las soluciones de última hora que no aguantan el choque con la realidad. Pero al final evitando caer en el abismo.

O puede que piensen, con razón, que Chipre es demasiado pequeño, con un PIB del 0,2 % de la zona euro, como para que represente un riesgo sistémico. Pero Europa no debería confiarse con esta aparente calma y no debería infravalorar las consecuencias de una salida forzada de Chipre del euro. A fin de cuentas la moneda única está basada en el principio de irreversibilidad y si se demostrara que no vale para Chipre volvería al contagio de las dudas sobre los demás. Y no olvidemos que, mientras tanto, Italia sigue sin Gobierno.

De lo que no cabe duda es que la UE y el FMI han cometido una grave irresponsabilidad al cuestionar el principio de la garantía de los depósitos bancarios hasta un límite (100.000 €) que la propia UE estableció para hacer frente al riesgo de retirada masiva cuando la crisis irlandesa. Al así hacerlo han reactivado la crisis bancaria y la crisis existencial del euro.

A toro pasado nadie en Bruselas quiere asumir la responsabilidad de la propuesta de una quita (aunque formalmente le llamen un impuesto por una sola vez) del 6 % para los depósitos menores de 100.000 euros. Yo no he sido, yo tampoco, se dicen el uno  a los otros la Comisión, el Consejo, Alemania, el BCE, el FMI y el Gobierno chipriota.  Pero parece que esta vez la decisión no es atribuible ni a Bruselas ni a Berlín sino al propio Gobierno chipriota que no quería gravar en exceso los depósitos de los no residentes, sobre todo rusos, atraídos a Chipre por su condición de plaza off shore donde se lava el dinero y de paso se obtienen importantes rendimientos, más sabrosos que los que retribuyen los depósitos bancarios en España o Alemania.

¿Pero, por qué el Eurogrupo aceptó esta solución, con el voto unánime de todos los ministros y con el visto bueno del FMI? Probablemente porque a todos les sacaba sus castañas del fuego. Alemania conseguía que no se utilizara el dinero del MES para rescatar el dinero dudoso de los depositantes rusos. El FMI impedía que la deuda chipriota aumentase tanto que se hacía insostenible. El BCE no sufría perdidas en la deuda chipriota que había comprado, ni se repetía una operación de quita en el valor de esa deuda como se había prometido cuando tuvo que hacerse con la griega.

Pero esta vez Europa ha tenido que dar marcha atrás. ¿Tan difícil era prever qué iba a ocurrir? A la vista de la reacción popular en Chipre, los comentarios  de la prensa internacional y el riesgo de provocar un ‘bank run’ en varios de los países en crisis, el Eurogrupo se sale por la tangente diciendo que el Gobierno chipriota haría bien no gravando los primeros 100.000 euros de depósitos bancarios y trasladando la carga a los de mayor cuantía.

Esta vez no ha funcionado aquello de “o lo tomas o te hundes en el caos y la bancarrota”. Ahora habrá que buscar otra solución, que sea menos destructora de confianza y menos potencialmente desestabilizadora que la de cargarse la garantía de los depósitos bancarios en Europa.

Y no hay muchas viables. Los bancos chipriotas casi no tienen otras fuentes de financiación que no sean los depósitos, que alcanzan la astronómica cifra de 100.000 euros por habitante en media, sin común medida con la riqueza real del país , demostrando que la isla atrae los depósitos extranjeros gracias a su opacidad fiscal y los altos tipos de interés que paga. Y que hubieran debido llamar la atención de cualquier observador. Si mi banco me ofrece el 5 % en un deposito a la vista empezaría a tener serias dudas sobre su solvencia a corto plazo. Pero en Europa eso no parece haber inquietado a nadie hasta que la burbuja bancaria, como antes la nuestra inmobiliaria, ha reventado.

Los bancos chipriotas no son sistémicos para Europa y bien se les podría dejar caer si no fuera porque el país necesita un sistema financiero. Pero no puede permitirse acumular 7.000 millones más de deuda pública que pese sobre los contribuyentes, ello haría insostenible su situación fiscal y seria también muy injusto. Y tampoco Berlín va a aceptar aumentar los 10.000 millones de préstamo al Gobierno chipriota.

Lo más razonable sería que el MES financiase directamente la recapitalización de los bancos chipriotas que puedan sobrevivir, evitando engrosar la deuda pública del país. Pero como eso no lo quiere Alemania, como bien sabe Rajoy, habrá que subir la carga de los depósitos de mayor cuantía, y tanto peor para las moscas rusas atraídas al panal de rica miel chipriota.

Pero, cualquiera que sea al final la solución, hay que extraer alguna lección de lo ocurrido. Irlanda fue muy criticada porque con su tipo bajo de sociedades drena recursos fiscales a los demás incluso sin necesidad de desplazamiento de actividad. Pero resulta que Chipre practica un dumping fiscal peor que el irlandés  y que es un lavadero de dinero negro a gran escala que ha generado un sistema bancario de los más grandes de la UE en relación a su PIB. !!Gracias al dinero ruso que va y viene a Chipre, Chipre aparece como el mayor inversor extranjero en Rusia!!

¿Hasta cuándo vamos a mantener la ficción de que es posible una zona euro integrada monetaria y económicamente con estas enormes distorsiones fiscales? No solo son injustas, con el tiempo acaban siendo desestabilizantes y con un alto coste para todos.

Lo de Chipre se suma a una situación muy grave de la eurozona, tanto en términos económicos como políticos. El euro se suponía que era el instrumento de un gran proyecto de unidad y confianza común entre los pueblos de Europa. Y está ocurriendo lo contrario, cada vez más se parece a un matrimonio desavenido para el cual la única razón de seguir juntos es el coste inasumible del divorcio.

Josep Borrell, La República de las Ideas, 26-03-2013

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