“En la UE también sufren su ‘tea party’ de la austeridad”

Foto: Pedro Madueño

Strobe Talbott, dirige la Brookings Institution; fue subsecretario de Estado de Bill Clinton

Tengo 67 años: baby-boomer como Clinton, con quien compartí casa en Oxford. Nací en Ohio: allí decidimos los presidentes. Fui periodista: ¡qué gran comienzo! Alemania debe aprender a empatizar con ustedes. En política internacional soy solanista. Colaboro con EsadeGeo

Dónde están en el mundo hoy el riesgo y la oportunidad?
Cuando llegó a la Casa Blanca, el presidente Obama creía que la de Afganistán era la guerra buena y la de Iraq la mala. Pero no hemos ganado ninguna de las dos.

Y no ha sido por falta de medios.
Hemos invertido allí -con aliados como España- una suma ingente de dinero, energía y, lo más doloroso, la vida de miles de nuestros soldados. Sin lograr nuestros objetivos.

¿Cuál es la lección, si hay alguna?
Que es más fácil ganar la guerra que la paz; cuesta menos derrotar al ejército de Sadam o al de los talibanes que convertir una dictadura brutal como la iraquí o el régimen tribal afgano en prósperas democracias.

Destruir cuesta menos que construir.
Ganamos la batalla de las armas con aplastante superioridad militar, pero para ganar la paz necesitas mucho más que la fuerza.

¿Qué necesitas?
Un gobierno y una sociedad aliados para ejercer un poder inteligente, pero difuso, un soft power (poder blando) que sepa armonizar los recursos de una economía poderosa con una diplomacia astuta.

Pues adelante.
Ni en la UE ni en EE.UU. tenemos -como sabe bien- ni una economía lo bastante fuerte ni un gobierno lo bastante poderoso y respaldado por una sociedad tan unida como para lograr objetivos tan complejos.

No esperaba que un hombre clave de la diplomacia de Clinton criticara a Obama.
No le critico. Sólo me lamento de que tanto mi país como la Unión Europea vean paralizado su enorme potencial para mejorar el planeta por disputas internas.

Por motivos muy diferentes.
No tanto: en EE.UU., el presidente Obama, y con él nuestra economía, se ven frenados por la oposición visceral del sector radical republicano, desgraciadamente hegemónico, del Tea Party, que controla la Cámara.

En Europa no tenemos Tea Party.
Tienen a su paralizante tea party, Alemania y sus adláteres que enarbolan la misma palabra fetiche que el nuestro, austeridad contra el déficit presupuestario, y frenan de este modo la economía. Desde luego que la Unión Europea no es un único país, como nosotros, pero la canción que les atormenta y provoca aquí y allí, la recesión y el paro, es la misma.

Si un país no paga sus deudas, nadie sigue prestándole.
Pero para poder pagar antes tienes que crecer. Y Obama quiere crecer para poder pagar, pero los republicanos utilizan su obsesión por el déficit para reducir el Estado y aumentar la desigualdad social.

Y en la UE no se enfrentan los partidos.
No hay demócratas ni republicanos, pero hay una Europa del Norte y otra del Sur que están representando los mismos papeles.

¿Qué hay que hacer?
Me he reunido con la canciller Merkel y creo que la Europa del Norte debe aprender a ponerse en el lugar de la del Sur. Y en EE.UU. los demócratas deben aceptar que no pasa nada por retardar nuestra jubilación unos años.

¿Y el Tea Party?
Debe asumir que en una sociedad moderna o hay impuestos progresivos o no hay Estado y sin Estado se acaba en la anarquía.

EE.UU. mira más a Asia que a la UE.
Porque tras Iraq y Afganistán estamos diversificando nuestra influencia. Nos interesa Asia -no sólo China-, pero sería suicida dar la espalda al mundo árabe o despreocuparnos de Oriente Medio.

¿Espera alguna buena noticia?
Fui analista de la guerra fría, y cometimos errores. El peor fue Vietnam. Lo juzgamos una pieza más del bloque soviético-chino, que en realidad resultó ser un conflicto chino-soviético. Y Vietnam tampoco tenía nada que ver con China. Era algo único.

Y ustedes perdieron.
Porque el análisis superficial lleva a decisiones equivocadas. Y hoy lo superficial es pensar que la primavera árabe son sociedades que cambian dictaduras por democracias.

Ojalá.
En realidad lo que vemos son gobiernos autocráticos sustituidos por semianarquías.

¿Qué hacer?
La intervención militar no es la solución. De nuevo necesitamos soft power: gran influencia económica y diplomacia sutil. Igual que en Oriente Medio. El peor error sería no hacer nada y darles la espalda.

¿A ustedes, la Brookings Institution, les hacen mucho caso en Washington?
Hace más de 100 años, porque seguimos tres premisas: independencia, calidad e impacto. Somos independientes de cualquier partido o lobby, porque somos diversos: cada académico tiene su punto de vista, pero con calidad científica e impacto social.

¿Y quién les paga?
¡Gran pregunta! A mí me pagan para contestarla. Busco patrocinadores: muchos, y les hago saber que no influirán en nuestro análisis.

¿Y qué sacan ellos?
Exención fiscal. Es la base de nuestro gran sistema filantrópico. De ese modo, la sociedad decide qué causas valen la pena, y nuestra investigación es una de ellas.

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DESGRAVAR Y PENSAR

En EE.UU. decenas de think tanks financian a estudiosos -la sociedad decide si son independientes y si les cree- de asuntos de interés general que influyen en el debate público. Uno de los más acreditados es la centenaria Brookings Institution de Talbott. El nuestro, en cambio, ha sido un país paternalista en el que la autoridad ha preferido reservarse el conocimiento junto al poder de decisión. Pero vamos despertando y ya tenemos fábricas de ideas (sin contar las de partido) como Fedea o, en Barcelona, las vinculadas a Esade, Iese y otros centros de excelencia. Y tendremos más cuando por fin donar a la investigación desgrave tanto como donar a la Iglesia.

La Vanguardia-La Contra (25.03.2013)

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