Europa, ¿la solución o el problema?

Es por todos percibido que las políticas monetaristas que están siendo dictadas por Europa, no convencen a la ciudadanía española en términos generales y que son sufridas de una manera abusiva y permanente por las clases populares.

Todo tiene un origen, y este no es otro que lo acordado en 1992 en Maastricht, que prefiguró un compendio normativo formado por los tratados preexistentes, el Tratado constitutivo de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, el Tratado constitutivo de la Comunidad Europea de la Energía Atómica y el Tratado constitutivo de la Comunidad Económica Europea. A estos tres pilares se le añadieron otros dos tratados de nueva creación, el de Política exterior y seguridad común, y el de Justicia e Interior.

Con este tratado de Maastricht, se ponían las bases para la configuración de lo que debía de ser La Constitución Europea en un horizonte no muy lejano, de hecho el 18 de Junio de 2003 se aprueba un texto Constitucional que sería firmado por los Jefes de Gobierno en Roma el 29 de Noviembre de 2004. Este texto fue aprobado posteriormente por el Parlamento Europeo, que recomendaría la aprobación del mismo por los Estados miembros mediante referéndum, cuestión de resultados diversos, el no de Francia y los Países Bajos daría al traste con la pretendida Constitución Europea. Previamente a todo esto, los Estados tuvieron que cambiar o adaptar sus constituciones al tratado, entre ellos España. Primera reforma Constitucional.

Abortada la Constitución Europea, por la presidencia alemana del Consejo de la Unión (Sra.Merkel ) se elaboró una propuesta llamada Tratado de Reforma, que concluiría a la postre en el llamado Tratado de Lisboa por el que se modifican el Tratado de la Unión Europea y el Tratado constitutivo de la Comunidad Europea, que sustituirá a la fallida Constitución Europea.

Este tratado sin duda alguna, desregula el mercado y no favorece la intervención del Estado para lograr objetivos sociales. Hemos de recordar que entre sus competencias exclusivas está la política monetaria de los estados miembros cuya moneda única es el Euro.

De esta última frase se desprenden todas las políticas actuales, que están generando la pobreza de los ciudadanos, ello es posible en España después de asumir, y modificar nuestra Constitución en su Artículo 135. Segunda reforma Constitucional. Dando prevalencia al pago de los intereses y capital de la deuda pública contraída por las Administraciones del Estado, en detrimento de los ciudadanos, ya que estas políticas de estabilidad económico financieras y de déficit encorseta la acción política. Y todo esto en un contexto de una profunda y prolongada crisis económica, haciéndose cada vez más evidentes las repercusiones de la globalización económica y financiera.

Tal y como consta en la exposición de motivos a la hora de plantear la reforma, la estabilidad presupuestaria adquiere un valor estructural y condicionante de la capacidad de actuación del Estado. Por otra parte el Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la zona euro tiene como finalidad prevenir la aparición de déficits presupuestarios excesivos dando así confianza en la estabilidad económica de dicha zona.

Dicho de otra manera, esta modificación aprobada, por los dos partidos mayoritarios de prisa y corriendo, con nocturnidad y el resto de agravantes, y a pesar que se cita el título Preliminar, Articulo 1 párrafo 1º, como justificación para la modificación de la Constitución. Podemos decir que tal argumentación es contraria a la definición de España como estado social, ya que el establecimiento de políticas económicas neoliberales van dirigidas a dar mayores poderes a los mercados, limitando a priori la capacidad de intervención de los estados miembros, dejando a los mercados la autorregulación. Pero tampoco es verdaderamente cierto ya que los estados intervienen cuando rescatan a la Banca, con dinero público, a pesar de ser esta, la que con la venta de productos financieros tóxicos pone en riesgo el propio sistema financiero.

El estado español, en lugar de poner a los administradores de la banca, en manos de la justicia, acude al rescate, por lo cual interviene, y a pesar de la inyección económica deja a esta en el sector privado, cuando el interés público lo que dice es que esta se debería transformar en Banca Pública. Todo ello sucede, por el interés del propio Gobierno en proteger a los sectores financieros y la falta de reguladores exigentes, como lo debía ser el Banco de España.

España, tiene en el gobierno actual del Partido Popular, el mejor socio posible de estas políticas, la banca es rescatada con más de treinta y cinco mil millones de euros, mientras la sanidad, la educación pierden poco a poco su carácter público, gratuito y universal. Siendo objeto de deseo por el sector privado hacerse cargo de estos servicios, así como de las empresas del sector público, destruyendo nuestro estado del bienestar y tejido industrial.

Dentro de estas políticas está la reforma laboral, que permite el despido libre, por el empleador, casi de manera gratuita, de ahí que en estos momentos haya en España una tasa de desempleo del 26% o lo que es lo mismo, más de cinco millones de parados registrados o más de seis millones de desempleados, según la Encuesta de Población Activa. A esto hay que añadir el abandono de las políticas sociales y de dependencia, argumentando que no hay dinero ya que el endeudamiento de España está por encima de lo que establece Europa.

Europa se ha convertido en insaciable, esta Europa de los mercados nos pide aún más esfuerzos, nos requiere una nueva subida a determinados impuestos, como el IVA y los de los carburantes. Todo ello para ser homologable con otros países y controlar el déficit, sin tener en cuenta que los ciudadanos de este país han realizado ya un gran esfuerzo a pesar de tener sueldos inferiores a los trabajadores de los países de referencia, incrementando así nuestra presión fiscal a límites insoportables.

La Europa que hoy conocemos no es la Europa con la que soñábamos, la Europa de los pueblos o la los estados, la que nos iba hacer iguales tan solo está presente en los hombres de bien. La Europa de hoy, es la de los hombres de los negocios, la de los oligopolios, la Europa de los gobernantes acólitos del sistema financiero.

Alemania hoy nos trata de una manera tan cruenta, como cuando bélicamente quería quedarse con toda Europa y una raza, hoy quiere quedarse con Europa y una clase, la oligarquía económico – financiera.

Hoy, no hay ni tan siquiera una Europa de dos velocidades, como se decía cuando se hablaba de la convergencia para acceder a la Unión Económica Europea, hoy hay de entrada dos Europas, la pobre, la que paga los intereses a los bancos alemanes, la que se queda sin tejido industrial, la que sufre la presión fiscal, la que está en permanente estado de agonía. La otra crece a nuestra costa, porque en este mundo globalizado y de mercadeo, cuando una empresa española cierra, nace una nueva en la Europa rica, con los mismos productos o bienes. Por eso podemos afirmar, que cuantos más recortes impone este Gobierno, al dictado de Alemania, más crece el Producto Interior Bruto de aquellos países que dictan los recortes. Mientras tanto, en España se privatiza la enseñanza, y en Alemania, Holanda, y el resto de países de centro-Europa mantienen la Escuela Pública, totalmente gratuita. Mientras tanto, en España se desahucia a la gente de sus viviendas, en Alemania se bonifica o se dan subvenciones para el alquiler de viviendas y crece la construcción.

La solidaridad de los países de la unión Europea brilla por su ausencia, y ello es motivo por si solo para desconfiar de esta Europa de financieros y banqueros. Las políticas de convergencia nacidas en Maastricht tuvieron que comenzar por las políticas sociales, por la educación, por la sanidad, por la legislación laboral etc. ¿Cómo se puede tener el mismo grado de exigencia con un trabajador, que realiza el mismo trabajo que un trabajador alemán, belga, francés y que su salario es tres veces inferior al de estos? ¿Donde está la convergencia?

Esta Europa, que sin duda podía ser la solución al problema, en estos momentos forma parte del problema.

España no puede ni debe convertirse en el “solárium” del resto de los ciudadanos de la Europa rica, España no puede ni debe de ser, el proveedor de talentos para sus industrias, España ni debe ni puede ser, el proveedor de mano de obra barata. En definitiva España no es la finca de nadie y si lo es, es de los españoles. España necesita su propio tejido industrial, necesita a sus talentos, a sus trabajadores, pues en ello nos va el futuro.

Por eso manifestamos, que a Europeos no nos gana nadie: por historia, por razón de nacimiento y porque estamos en el continente. Pero queremos una Europa de los ciudadanos donde todos seamos iguales y para eso en vez de andar con monsergas de convergencias en lo Económico, queremos una Europa Política, queremos los Estados Unidos de Europa.

Isidro Carpio es vicepresidente de Ágora Socialista y miembro de la Coordinadora de Agrupaciones Socialistas Autónomas (CASA)

Isidro Carpio, El Debat, 18-03-2013

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