UPyD puede definirse perfectamente como

UPyD puede definirse perfectamente como un partido de derecha liberal que juega con la ambigüedad de su definición ideológica. En materia laboral y de empresa, es partidario de un contrato único que iguala a la baja los derechos de los trabajadores, con la excusa de acabar con la temporalidad -recomendación del FMI-; defiende, además, zanjar la ultraactividad de los covenios, prioriza los de empresa sobre los sectoriales, es partidario de la aplicación de laudos arbitrales por parte de la Administración -al estilo franquista-, quiere que las ETTs metan la zarpa en los servicios públicos de colocación… En fin, nada que no se haya hecho estos últimos años e incluso peor: debilita aún más a los trabajadores y a los sindicatos y se coloca descaradamente al lado del capital. Muy descarado porque incluso Eurostat reconoce estadísticamente que los costes laborales no son la causa del cierre de empresas; todos sabemos que la verdadera causa es la falta de crédito, una gestión empresarial deficiente, una política impositiva que grava a las PYMEs más que a las grandes empresas y, precisamente, la escasa demanda que produce la disminuida capacidad de consumo que les queda a unos trabajadores pauperizados por culpa de este tipo de medidas neoliberales que se han estado aplicando. Pero lo más lamentable es la hipocresía de este partido. Votó en contra de la reforma laboral del PP, pero también votó en contra de la posibilidad de trabar el decreto que la vehiculizaba cuando el PSOE presentó una instancia en este sentido que fue apoyada por el resto de la izquierda. UPyD, por el contrario, se sumó a la posición desfavorable que mantenían el PP, CiU, UPN y otros partidos de la derecha rancia. Según Álvaro Anchuelo, diputado upeydista y responsable de economía del partido, se oponían a la reforma aunque también al “inmovilismo” -usando sus propias palabras- del PSOE. No se puede ser más cínico. Lo mismo han hecho con otras medidas reaccionarias implementadas por el PP, como la Ley Wert. Coinciden con los conservadores cada dos por cuatro. Por otro lado, pese a aparentar ser más socialdemócrata en materia fiscal, la prioridad de UPyD es el pago de la deuda y la usurpación del sector público por parte de la empresa privada; ahí radica su insistencia en acusar al Estado autonómico de la crisis y en pretender recortar -no sólo- gastos superfluos o duplicidades. En cambio, se opone a una auditoría de la deuda pública -cuando la mayor parte de esta deuda es deuda privada, de los bancos y las grandes empresas, convertida en pública y, en consecuencia, una deuda ilegítimamente contraída. En política exterior, ¿para qué alargarse?: se ponen al servicio de la política estadounidense y de la paneuropea -alemana- en la mayoría de los casos; su fe sin paliativos en la UE y su posición respecto a Cuba y Venezuela son testimonio. UPyD es, como decimos, un partido de derechas con otro nombre, que ya estaría en la Internacional Liberal si no fuera porque compartiría espacio con la CDC de Artur Mas y eso daría mala imagen a los de Rosa Díez. Partidos como Bildu, la CUP o hasta ERC contienen un programa con medidas sociales concretas mucho más avanzadas que las de UPyD o C´s -un partido muy similar a UPyD. Así es como es y así es como lo cuento y se puede comprobar. C´s o UPyD distan muchísimo de ser la izquierda no nacionalista que hubiera podido dar un vuelco a la situación política en Cataluña y en el resto de España y, por desgracia, se parecen mucho más al PP o a CiU que a la socialdemocracia. Nos toca a los que lo tenemos claro continuar con el proceso de construcción de una izquierda consecuente y real.

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