O matamos su proceso constituyente en la cuna o morimos

La historia a menudo nos brinda multitud de ejemplos de donde extraer conclusiones sobre la articulación de procesos políticos a partir de la organización de las distintas clases sociales. Un ejemplo sería la Tangentópolis italiana de comienzos de los años 90, cuando el sistema de partidos se hundió con el desprestigio que conllevó el proceso judicial de Manos Limpias a la Democracia Cristiana y el Partido Socialista Italiano por multitud de casos de corrupción. Al desprestigio de los partidos políticos de la coalición de gobierno acompañaba la disolución del Partido Comunista Italiano al ritmo de la quiebra del bloque del Este. Tocaba a la burguesía italiana estructurar un nuevo contexto político que pudieran encajar en el nuevo orden internacional, ya exento de amenazas incómodas.

Entró en escena el banquero tecnócrata Carlo Azeglio Ciampi, que ejerció temporalmente como Primer Ministro y, durante su mandato, se promovieron y aprobaron mediante referéndum modificaciones tales como la sustitución del sistema electoral proporcional por uno mayoritario o el fin de la financiación pública de los partidos, abriendo un periodo tal que la política hegemónica italiana se ha encarnado en el personalismo de una figura como Silvio Berlusconi, sus amistades de la patronal y su emporio mediático.

Todo esto viene a cuento de algo que, si mucho no me equivoco, ya está en marcha como imagen especular de aquel proceso. Parece evidente a todas luces que los medios de comunicación han decidido emprender una cruzada contra todas las instituciones que han sido sostén del Régimen del 78, desde las dos patas del sistema de partidos (PP y PSOE) hasta la monarquía, centrando el debate de la crisis y destrucción del Estado de bienestar en la aparentemente recién descubierta corrupción, debacle moral y distanciamiento de una supuesta “clase política” rentista con respecto a un electorado que, oh sorpresa, descubre también no tener poder democrático sobre aquélla. Ninguna mención a los corruptores o a la condición estructural del intercambio de favores entre la política burguesa y una patronal oligopólica de la que necesariamente bajo el capitalismo depende la inversión, el trabajo disponible, el orden social, la agenda de la opinión pública marcada por sus medios de comunicación y el ciclo electoral.

Pues bien, intelectuales orgánicos del Régimen, destacando especialmente el abanderado de PRISA César Molinas con la obra “Why Nations Fail” de un tal Acemoglu bajo el brazo, han decidido ponerse al servicio de la prensa privada para diagnosticar dicha enfermedad de “clase política” y ofrecer generosamente recetas que presuponen un nunca mentado -salvo por la calle, a la que se ha procurado dejar sin dirección ideológica desde distintos frentes- proceso constituyente. Proceso que no está, pero parece ser, ya se le asume inevitable. Recomendable también echar un ojo a un artículo aparecido en El País con el título “Una nueva gobernanza para el siglo XXI”, atarlo a un viejo discurso del comisario europeo Durao Barroso a los sindicatos sobre la imposibilidad de mantener la democracia en la Europa del Sur tal como se conocía, y entender por dónde van los tiros, toda vez se le está escapando de las manos a la burguesía el orden social y el consenso hegemónico sobre sus ideas y valores.

¿En qué consisten dichas recetas? Básicamente, podríamos resumirlas en cuatro variantes:

1) Se pretende acabar con un sistema electoral proporcional con rasgos mayoritarios -por el pequeño tamaño de circunscripción, más que por D’Hont, para instaurar total o parcialmente un sistema electoral mayoritario en el que multitud de votos queden fuera de juego -ahora de forma más exagerada por no contabilizarse los de las candidaturas perdedoras en cada circunscripción- y los terceros partidos nacionales dejen de ser opción de voto. Bipartidismo reforzado.

Naturalmente, para justificar esta opción, se acogen a la idea de que elegir a un candidato directamente obliga a éste a sujetarse a la voluntad de su electorado en lugar de a la disciplina de partido. Mayor democracia, dicen. Esto sucede habitualmente en EEUU, y ni hay más democracia, ni existe realmente un mandato fuerte que bloquee toda disciplina de partido o la desviación de la voluntad del electorado y su sustitución por la voluntad de los financiadores privados de la campaña, ni existe educación política, ni deja de haber corrupción y tráfico de influencias (allí el lobbying o cabildeo de los sobres que aquí escandaliza es legal y cotidiano). Y lo más grave: no hay alternativa a Republican o Democrat.

2) El anatema contra la financiación pública de los partidos es particularmente sangrante. Se habla de una partitocracia constitucionalizada, financiada por el malogrado contribuyente/consumidor de mercancía electoral que sostiene siempre a las mismas siglas, sin ver una competición real entre partidos, los cuales pareciera que únicamente se dedican a repartirse el pastel institucional, fondos públicos, etc. La alternativa, parece ser, es la de la financiación privada que, como todos podemos ver en el ejemplo norteamericano, contribuye a la pluralidad y competencia, a la transparencia y la contemplación del interés mayoritario de la población, o a la inclusión institucional de partidos que cuestionan el capitalismo, a los que acude un flujo infinito de finanzas y prensa privada para darles cobertura. No se me ocurren suficientes sarcasmos.

3) Otra medida multitud de veces repetida, cuando combinadamente se ofrece una variante a la de los candidatos en circunscripciones uninominales, es la elección de listas abiertas de partido, dicen, para poder elegir al candidato en que realmente confía el elector, cuando es perfectamente conocido que la inmensa mayoría de ciudadanos no conoce ni a una mínima parte de los políticos de las listas cerradas y, cuando se les da la oportunidad de votar en abiertas (elecciones al Senado), votan a los primeros de la lista por defecto. Es ilusorio, por otra parte, pensar que quienes quieren mantener este chiringuito junto a los medios de comunicación, vayan a querer mejorar la educación política del ciudadano medio en lugar de orientar el voto. Esta medida, con la colaboración de los medios de comunicación, es perfectamente combinable con métodos populistas de atracción de voto por medio de la inclusión de celebridades en las listas de partido. Piénsese en Reagan, en Schwarzenneger… ¡Quién sabe si Belén Esteban, la “princesa del pueblo” pasaría a integrar las filas de algún partido tan apropiado para ella como UPyD!

4) Las elecciones primarias dentro de los partidos, vista la experiencia americana o francesa, sabemos a lo que llevan. Nadie duda de que un proceso controlado por el propio partido es problemático, especialmente con determinado tipo de dirección que aspire a perpetuarse y en determinadas coyunturas pero, ¿es mejor que el proceso pase a ser controlado por los medios de comunicación, como sin duda sucedería? ¿Qué intereses van a defender estos medios? Los de sus amos, naturalmente. ¿Qué candidatos serían los aceptables? ¿A quién habría que afearle la cara u omitirle? ¿Y quién va a impedir la manipulación de censos, la repentina afiliación masiva previa a un proceso electoral o la aparición de sospechosos “simpatizantes” si se presta? Pues eso. Cuando no existe opción perfecta, aparece la virtud del partido que controla parcialmente el proceso de selección de élites en el que todavía tiene cierto poder la militancia, cuando aún no están incrustadas en la estructura del partido las finanzas y la prensa, cuando aún cuenta la ideología y el programa, reforzándose el contenido formativo, y no se cede completamente al carisma, el sex-appeal, el eslogan, el efectismo y la estupidez.

Concluyo llamando a la coalición Izquierda Unida, a mi partido, el Partido Comunista de España, y a todos los trabajadores y gente de bien, para que se pongan en guardia, preparen argumentos, adviertan a los movimientos sociales y, si cabe la audacia, preparen una contra previa a que todas estas cuestiones queden planteadas abiertamente en todos los foros y plazas públicas, antes del tecnócrata o el gobierno de coalición. Es una cuestión de supervivencia. Quieren quitarnos de en medio. O matamos su proceso constituyente desde arriba en la cuna o morimos.

Diego Cibrián, Tercera Información, 18-03-2013

Sé el primero en comentar en «O matamos su proceso constituyente en la cuna o morimos»

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*


Traducción »