Mas, Junqueras: vuestra pesadilla sería mi sueño

 
Por fin. ¡Ya era hora! La Cataluña real se pone en marcha y la mayoría de ciudadanos no nacionalistas despierta y se niega a aceptar que los enfrenten entre sí y los coloquen de rodillas. ¿Las causas de ese despertar? ¿Han caído las últimas gotas que colmaron el vaso?… No me atrevería concretar respuesta a ambas preguntas, podrían ser muchas…

Tras la declaración aprobada el 23 de Enero por un Parlament que de nuevo pisotea la Constitución y que actúa de espaldas a las necesidades e intereses reales de la ciudadanía, con el único fin de satisfacer las ansias de poder de unos cuantos aventureros, la verdad es que no sé si ha sido la reacción de Pere Navarro, cansado de la traición de los Maragall y otros que ya se fueron o están saltando ya, cabreado contra la rebeldía antidemocrática de los cinco parlamentarios que no votaron contra el ilegítimo desafío soberanista, contraviniendo con ello los acuerdos del propio grupo socialista.

 
No sé si, por fin, Rubalcaba ha dicho basta y ha amenazado con una reacción contundente, poniendo sobre la mesa la inmediata reactivación de la Federación Socialista Catalana (PSOE) con algunos de los muchos dirigentes del PSC dispuestos a liderar esa reaparición. ¡Más valdría tarde que nunca!

No sé si es que los socialistas de aquí y de allá le han visto las orejas al lobo después de un incendiario discurso del presidente de ERC que, desde su antidemocrático y grotesco papel en el régimen, como principal socio de gobierno y líder de la oposición, ha babeado en sede parlamentaria todos los odios del mundo contra España, haciéndose merecedor de un nuevo título, el de instigador de las camisas pardas que amenazan la paz social entre los catalanes.

No sé tampoco si ha sido el fundado temor a la quiebra social que pueden provocar en el seno de la sociedad catalana una minoría de irresponsables exaltados y ansiosos de poder blandiendo sus banderas “esteladas” y amenazando con estrellarnos a todos, llevándose por delante a Cataluña y al resto de España.

No sé si es que esos alcaldes atienden por fin a los verdaderos intereses de sus votantes y de la inmensa mayoría de los ciudadanos no nacionalistas, a los que durante tantos años se les ha mantenido apartados de la construcción de la Cataluña autonómica y secuestrados por los okupas del socialismo, puestos al servicio de aquellos que dominan Cataluña desde hace siglos.

No lo sé, honradamente no sé si ha sido por algunas de esas razones o por todas al mismo tiempo, pero lo cierto es que veo a los alcaldes de las grandes ciudades de Cataluña, empezando por los que deberían haber hecho mayores esfuerzos para que el famoso cinturón rojo siguiera siéndolo, a los alcaldes y las alcaldesas de l’Hospitalet, de Cornellá, Sant Adrià de Besós, Esplugues, y a los de Terrassa, Tarragona, Granollers y otros muchos de los más de doscientos cincuenta alcaldes del PSC, quienes, por fin, se han puesto en marcha y, con ellos al frente, les veo liderando una verdadera marea de quienes no queremos ser ciudadanos de segunda, un tsunami democrático que reducirá a sus justos términos de exiguas minorías a esos cuantos miles de incontrolados votantes que participaron en la pantomima de los referendillos organizados en algunas poblaciones de Cataluña meses atrás.

Efectivamente, veo todo eso y estoy orgulloso, tremendamente orgulloso ante la valiente reacción de mi amiga y compañera Nuri Marín, del Antoni Balmón con el que hace más de veinticinco años compartí la Mesa presidencial en el V Congreso del PSC, me siento orgulloso de Cangas, de la Pilar Díaz, del Jordi Ballart, de Josep Félix Ballesteros y de Mayoral, porque todos ellos van a encabezar la revolución pacífica que la Cataluña real necesita, la de los millones de catalanes que tenemos lazos familiares con el resto de los españoles, la de los millones de catalanes que no queremos la soberanía de unos cuantos a costa de ver como hunden nuestra economía y condenan a la mayoría de catalanes a la miseria durante generaciones para que unos cuantos sigan disfrutando del poder y beneficiándose a costa de todos los demás, la de los millones de catalanes más desfavorecidos a los que no nos interesa la independencia para seguir dependiendo de las castas de siempre, nada de eso nos interesa porque no son nuestros problemas reales.

Porque esos problemas reales son los de mucho más de medio millón de desempleados, son los que a duras penas conservan empleos precarios maniatados por la reforma laboral del PP y de CiU, somos los que vemos como nos roban derechos conquistados por las luchas de tantos años, los que vemos como desmontan la sanidad pública que Mas y su camarilla están malvendiendo a las mafias sanitarias de su entorno, somos los que vemos como disminuyen los recursos para atender a las personas dependientes, como niegan recursos a la enseñanza pública y los trasvasan generosamente para que hagan negocio las escuelas privadas adonde llevan sus hijos, eso sí, escuelas donde conviven en armonía catalán y castellano, somos los que penamos por el expolio de los desahucios y estamos padeciendo todas las injusticias de una crisis que no hemos provocado…

¡Pero Pepe! ¿Qué te ocurre?, por qué aplaudes retorciéndote en la cama y dando gritos de alegría, despierta… ¡despierta, que te puede dar un soponcio!… Pepi, como siempre, ella ha sido y es mi vida entera, pero creo que no es necesario que en estos momentos tenga que salvarme la vida, porque el soponcio, los sudores fríos y la excitación no creo que puedan acarrearme el infarto que desde hace años tengo controlado y ya me estoy reponiendo del soponcio mientras acabo por despertarme viendo que todo ha sido un sueño. Sí. Un sueño del que lo que más claro me queda es seguir trabajando para que se cumpla, y además me queda el poder rememorar aquí y ahora aquél viejo grito revolucionario aplicado a la siniestra pareja: Mas, Junqueras, vuestra pesadilla sería mi sueño.

 
Pepe Castellano, Eldebat.cat, 24-01-2012

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