El principio del fin

Toni Bolaño
La situación es ciertamente delicada. El proceso soberanista liderado por Artur Mas junto con ERC ha abierto la crisis institucional –más bien crisis de estado– más grave desde los complejos momentos de la transición. Afrontarla requiere de templanza, diálogo y sosiego. Pero, sobre todo, de ideas claras.

El nuevo año ha puesto las fichas en movimiento. CiU y ERC han dado el primer paso hacia lo que llaman “la transición nacional” favoreciendo la consulta secesionista. Los ecosocialistas de Iniciativa per Catalunya están de acuerdo con la consulta pero han sido apeados del proceso por los nacionalistas porque molesta que clamen contra los recortes. Ciutadans, con Albert Rivera al frente, han afianzado su posición tras las últimas autonómicas y no variarán ni un ápice. El PP catalán trata de recuperar protagonismo para volver a ser interlocutor de CiU y mediador con Génova. De momento, sigue al pairo aferrándose a una reforma del sistema de financiación como alternativa al separatismo. Mientras, Rajoy se esfuerza en demostrar que a Catalunya le va mejor con España. Espera que Mas tome la iniciativa. Este martes, en su primer encuentro tras el fracaso del 20 de septiembre, en el viaje inaugural del AVE a Figueres, educación en el trato entre los dos presidentes y seguramente acuerdo sobre una cita en serio, en La Moncloa.

Todos tienen una postura clara a la espera del inicio de las hostilidades. ¿Todos? No, todos no. La crisis ha cogido con el paso cambiado a los socialistas. En España y en Cataluña. La situación les ha sorprendido en su momento más débil. De hecho, los socialistas están más débiles que nunca.

Esta debilidad es la causa de la volatilidad de su posición. Pere Navarro, el primer secretario de los socialistas catalanes, intenta evitar que las costuras del partido salten por los aires pero en momentos de tribulaciones no se puede contentar a todo el mundo. En el seno del PSC coexisten como mínimo tres tendencias. Los que no quieren oír hablar de la consulta secesionista y que votarían contra la independencia en caso de que tuviera lugar; los que aceptan una consulta legal que contaría con su voto contrario a la secesión, y los que apuestan por una consulta, aunque no entre en la Constitución y sea unilateral. En este grupo, algunos incluso podrían votar a favor de la independencia de Cataluña.

En este galimatías de diferentes acentos e intensidades en el seno del socialismo catalán se mueve su débil dirección, que además trata de evitar que los puentes con el PSOE –débil y descolocado a su imagen y semejanza– se rompan en mil pedazos. Por eso, la dirección de Pere Navarro ha marcado una nueva posición. La quinta en apenas dos meses. Aceptan el derecho a decidir de los catalanes pero con unas líneas rojas. Primera, el referéndum ha de ser legal. O sea, acordado y negociado con el Estado y dentro de la Constitución. Segunda, la consulta no puede ser unilateral. Si no se cumplen estas dos condiciones, el PSC votará en contra y no será muleta de los soberanistas.

Sin embargo, queda poco margen para el optimismo. Las tensiones se agravarán en cada toma de decisión y, tal y como están las cosas, no es descartable una ruptura a medio plazo. El grupo parlamentario no es monolítico y los secesionistas intentarán agudizar las tensiones del socialismo catalán cada vez que les sea posible. Su debilidad hace dudar de su futuro. Quizás los días están contados para este PSC. En el futuro habrá otro, sin duda, pero poco o nada tendrá que ver con este. Es el principio del fin.

Toni Bolaño
 
eldebat.cat (8.01.2013)

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