La predecible sorpresa del establishment mediático en Catalunya

Uno de los grandes perdedores de las elecciones del pasado domingo fue el establishment mediático catalán (constituido por los columnistas y tertulianos de los mayores medios radiofónicos, televisivos y escritos en Catalunya) que establece, reproduce y promueve la sabiduría convencional en Catalunya. Tales medios y las encuestas de predicción de voto habían predicho que habría un gran crecimiento del partido gobernante CiU, percibido como el máximo beneficiario del movimiento definido como independentista que había presentado su máxima fuerza en la manifestación del 11 de septiembre. Según tal visión de la realidad, el candidato Mas iba a barrer e incrementar masivamente su apoyo electoral, liderando el país hacia la independencia.

Este establishment mediático es lo que en inglés se llama “clubish”, es decir, muy cerrado a sí mismo, con una extracción social muy limitada (clase media profesional de renta alta), que en su gran mayoría está poco conectada con las clases populares, siendo su mayor audiencia la de perfil nacionalista conservador, muy leal a los medios nacionalistas. Es, por lo general, de persuasión liberal (en las esferas económicas, neoliberal) y profundamente anti-izquierda. Utilizan los servicios privados (la mayoría van a la medicina privada cuando caen enfermos y envían a sus hijos a las escuelas privadas, subvencionadas por la Generalitat). Muchos de ellos veranean en La Cerdanya o en el Ampurdán (la Toscana de Catalunya) e, independientemente de su sensibilidad política, todos socializan en círculos semejantes.

Tal establishment sufrió un shock el pasado domingo. No esperaban que el partido CiU retrocediera y, todavía menos, que perdiera tanto. Inmediatamente, tal establishment se movilizó para intentar explicar tal sorpresa. Y ahora la explicación dominante es que sus encuestas y sus predicciones eran válidas. Lo que había ocurrido era, o bien un cambio a última hora del electorado, o un aumento del voto procedente de la población normalmente abstencionista, que habría expresado un voto de castigo al candidato Mas.

En realidad, era bastante fácil de predecir lo que iba a ocurrir como señalé en mis artículos “La gran estafa en Catalunya, parte I y parte II”, publicados en Público. Las derechas, tanto catalanas como españolas, intentaron centralizar el debate político en el tema nacional. Y los más beneficiados no fueron CiU (como esperaban), sino ERC (que se percibió como la alternativa más comprometida con el independentismo catalán), y Ciutadans, que era la voz más extrema del españolismo, y que tuvo como único lema el de defender la unidad de España. El PP tenía un bagaje más complejo, identificándosele con el gobierno central y sus políticas de austeridad, lo cual limitó su capacidad de movilizar el voto españolista de clase trabajadora (ver el análisis detallado de las elecciones en Catalunya en “¿Qué pasó en las elecciones catalanas?” (Publico. 29.11.12)

Pero además del eje nacional, estaba el eje social, que explica el bajón de la derecha catalana, responsable de las políticas más neoliberales que Catalunya haya conocido. Y los partidos que más se beneficiaron de ello fueron ICV-EUiA, que había hecho de su propuesta electoral la denuncia de aquellas políticas, y una nueva fuerza, con gran posibilidad de crecimiento, la CUP, con un mensaje radical anti establishment. Lo que atrajo, principalmente entre la juventud, a tal opción política, era su radicalismo social, más que su independentismo.

Los socialistas continuaron descendiendo, resultado de que no han hecho una autocrítica de las políticas neoliberales que los gobiernos socialistas catalán y español habían realizado en su respuesta a la crisis. En realidad, las políticas impuestas por Rajoy y Mas eran una continuación (y considerable expansión) de las iniciadas por los socialistas. La excesiva identificación del PSC con el PSOE contribuyó a esta sensación de inmovilismo, resultado de la falta de conciencia existente en la dirección del PSOE y del PSC de la impopularidad de sus políticas. Es sorprendente que se eligiera como máximo portavoz económico del PSC a un economista del establishment socialista basado en Madrid, que en declaraciones en la prensa, se definió como un liberal. Parece que la dirección del PSC no ha entendido el porque está descendiendo su apoyo electoral. Su descenso no se debe, como los catalanistas le acusaban, a no ser suficientemente soberanistas, sino a no haber hecho una autocrítica y haber cambiado 180º muchas de sus propuestas económicas y sociales.

Tres últimas observaciones. Las derechas en España y muchas izquierdas han interpretado el castigo a Mas como el fin de lo que llaman el secesionismo, mostrando, una vez más, que no entienden la situación en Catalunya. En primer lugar, el derecho a decidir no es homólogo al independentismo. Una gran parte de la población que favorece el derecho a decidir, no es intrínsecamente independentista. Como tampoco toda la gente que fue a la marcha del 11-S eran independentistas. Que el voto a favor del derecho a decidir lo sea o no dependerá más del establishment político-mediático español que de la población catalana. Miles de catalanes que no deseaban la separación de Catalunya de España, hoy lo desean. Si tal establishment no varía y no acepta la plurinacionalidad de España, Catalunya terminará siendo independiente.

El segundo punto es que el movimiento a favor del poder de decisión está hoy más liderado por el centro izquierda y por las izquierdas que antes, con lo cual, la dimensión social adquirirá una mayor dimensión. Sería de desear que, como he ido subrayando en varios artículos, el floreciente movimiento anti establishment que existe a lo largo del territorio español enfatizara la exigencia de democratizar España, demandando el derecho a decidir del pueblo español, incluyendo el catalán, en cualquier tema que la población desee. Los fundadores de la democracia española tenían miedo a la ciudadanía. De ahí la nula capacidad, por ejemplo, de hacer referéndums en España. La lucha por la España y por la Catalunya Social pasa por el cambio profundo de la muy limitada democracia en ambos lados del Ebro.

El tercer punto es que el descrédito de las instituciones políticas es también extensivo a las instituciones mediáticas, lo cual ocurre tanto en Catalunya como en el resto de España. En Catalunya, su carácter ideológico, más que analista e informativo, fue el que guió sus predicciones, encuestas y columnas. Josep Ramoneda, miembro de tal establishment, con sensibilidad progresista, escribía un artículo en El País, “El paréntesis y la dura realidad” (26.11.12), en el que se refería a la uniformidad de tal establishment mediático en Catalunya, indicando que no había leído ni un artículo que contemplara tal batacazo de CiU. Tal expresión habla de él y del establishment mediático catalán de una manera elocuente. El hecho de que ni él ni el establishment leyeran otros puntos de vista no quiere decir –como él erróneamente asume- que no los hubiera. Algunos de nosotros –con difícil acceso al establishment mediático- denunciamos lo que estaba ocurriendo como La Gran Estafa, que se ha mostrado con toda claridad en el resultado de las elecciones, elecciones realizadas bajo unos términos y controles mediáticos que fueron insuficientes para que la realidad pudiera mostrarse por lo que es  (véase “La gran estafa en Catalunya, Partes I y II” en Público). Hoy, más y más, las instituciones del establishment, tanto político como mediático, están perdiendo credibilidad al haber otra cultura mediática alternativa que cuestiona la sabiduría convencional, y que está respondiendo con más sensibilidad a los intereses de las clases populares. Éstas están mucho más adelantadas y son mucho más progresistas que estos establishments mediáticos y políticos, que están perdiendo su habilidad de mantener tal sabiduría convencional, la cual es contrastada y contradicha por la realidad del país, que muestra no sólo sus insuficiencias, sino también su falsedad.

Vicenç Navarro, El Plural, 02-12-2012

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