Espejismo Chacón

¡Con qué facilidad se ha metido Chacón en el bolsillo al personal! Su rotundo no a la independencia ha logrado hipnotizar a todo el mundo.

Sí, efectivamente, ha dicho verdades como puños, importantes y necesarias. Pero obvias, tan normales que el que aparezcan como extraordinarias nos advierte de la dejación en que han incurrido ella y su partido durante años.

Hay que recordar a Carme Chacón sus propias fábulas: ¿y la fábula de la cohesión social del PSC que ha amordazado a sus propios votantes ante el nacionalismo excluyente? ¿Y la fábula de la normalización lingüística y la inmersión escolar, que su partido ha sostenido mano a mano con el nacionalismo y contra los derechos culturales, lingüísticos y nacionales de sus votantes? ¿Y la fábula de la desaparición del catalán para impedir el derecho de los padres a decidir la lengua de estudio de sus hijos, así como para multar con impunidad a comerciantes que rotulan en castellano? ¿Y la fábula de la ultraderecha contra C’s, PP y muchos de sus militantes de Ágora Socialista, Izquierda Socialista y Socialistas en Positivo, para criminalizar cualquier idea que cuestionara su deriva nacionalista? ¿Dónde colocar la vergüenza, el complejo o el desprecio abierto ante la bandera española, que tanto ha contribuido a extender su PSC institucional?

Bien, dirán ustedes, todo el mundo tiene derecho a rectificar. De acuerdo. También Carmen de España. Si es así, ¿por qué no ha dicho ni pío en la famosa entrevista de El Mundo contra muchas de las propuestas del programa del PSC para estas elecciones autonómicas, que desmienten cada unas de sus palabras? Veamos:

  • Cambio constitucional que reconozca la singularidad y la particularidad de Cataluña para que ésta tenga un trato diferente del resto de CCAA, en un marco de soberanías compartidas. Al cuerno con una nación de ciudadanos libres e iguales.
     
  • Hacienda propia, y reducción progresiva de la solidaridad con el resto de España. La progresividad fiscal, para los ciudadanos, no para los territorios.
     
  • Derecho a decidir un Estado propio en referéndum sólo en Cataluña. Tiro de gracia a la soberanía nacional.
     
  • Reconocimiento institucional de la singularidad e identidad de la nación catalana dentro de un Estado plurinacional, plurilingüístico y pluricultural, en el que la catalana será la única lengua propia, la inmersión será incuestionable y el Gobierno de España no podrá interferir en los ámbitos educativo, sanitario y cultural. Ciudadanos de primera y de segunda.
     
  • Competencias en política internacional de la Generalitat, para que pueda operar al margen del Gobierno de España. Más leña para la construcción del Estado propio.
     
  • Las decisiones del Parlamento de Cataluña deberán prevalecer sobre las del Congreso de los Diputados. La Constitución, por debajo del Estatuto.
     
  • Traspaso de las competencias del Consejo del Poder Judicial al Consejo de Justicia de Cataluña, previa anulación de la sentencia del TC sobre el Estatuto que lo consideró inconstitucional. Los Millet y los (Oriol) Pujol ya pueden dormir tranquilos.
     
  • Senado, Cámara territorial. O sea, anteponer los intereses territoriales a los de los individuos libres e iguales.

Y para justificar todas esas demandas nos recuerdan la manifestación independentista del 11 de septiembre y la insoportable sentencia del TC contra el Estatuto, que pretenden dejar sin efecto. Unos agitan el árbol y otros recogen las nueces. En versión buen rollito.

Este resumen mínimo de las 144 páginas del programa del PSC es más radical que el programa de máximos de CiU, antes de que éste se tirara al monte. ¿Y que ha dicho Carme Chacón? Ni pío. ¿En esto consiste su reforma federal?

Si de verdad quiere desenmascarar a CiU, que empiece por desenmascarar a su propio partido. Así quizá nos creamos que va en serio, y no a buscar los votos del resto de España en su pulso por la Secretaría General del PSOE.

Con la Cataluña de Chacón y su PSC, ¿para qué quieren la independencia, si con esas competencias legitiman las exclusiones actuales, las extienden a una nación jurídica más excluyente aún y se libran del peaje suicida de la fábula de Artur Mas?

Por una vez, estos nacionalsocialistas son más vivos que los padres de la cosa. 

Antonio Robles, Libertad Digital, 02-11-2012

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