Los plastas de la una, grande y libre

A veces, la doctrina de una época se puede encontrar en la manifestación de una sola idea. Es el caso, por ejemplo, del lema de la Ilustración: Sapere aure (atrévete a pensar). Artur Mas también ha reducido a una sola frase el recurso victimista del nacionalismo catalanista: “Se piensan que tenemos que explicar la historia de España como ellos querrían explicarla. Nosotros la explicamos como la de un Estado plurinacional y no como una sola, grande y libre”.

En su obsesión por repudiar a la España constitucional, expresa con meridiana claridad la mentalidad satanizadora de su nacionalismo. Me explico. Si reparan, el catalanismo se ha nutrido durante décadas de explotar el fantasma de la España franquista. Cualquiera que se oponía a su maniqueísmo era considerado enemigo de la democracia y ultra. Sin excepción, lo mismo daba un comunista que un liberal, un intelectual antifranquista que un ecologista. Todos indeseables por españoles, y por españoles, franquistas. La lógica del silogismo hecha unos zorros. Nada que ustedes no sepan a estas alturas.

Pero la sentencia “una, grande y libre” del mesías Artur ha desvelado como nadie la verdadera patología de esta obsesión por identificar España con Franco. No pueden vivir sin su fantasma, porque sin él sus políticas de exclusión delatarían su escaso respeto por el pluralismo político. Para ellos, la democracia no es el respeto a las normas democráticas, sino a su ideología política. Han de contraponer sus políticas de exclusión a fantasmas franquistas. De tanto luchar contra los fantasmas del pasado, no reparan en que los únicos que los necesitan son ellos. España ya hace muchas décadas que dejó de ser franquista, pero ellos agitan el espantajo en cada lance dialéctico. Viven de ello, con ese espectro justifican cada uno de sus abusos.

El ministro de Educación, José Ignacio Wert, sólo ha dicho que sería loable enseñar a los alumnos catalanes a convivir con las dos identidades de Cataluña, la catalana y la española. Aunque lo haya dicho de la peor manera. Yo mismo se lo he criticado. Pero desde luego no ha caído en la prepotencia franquista que Artur Mas le achaca, y de la que él es un maestro.

No hay lugar para el matiz, ya han convertido al ministro en el fascista del mes. Es paradójico que lleven 30 años catalanizando a los niños y sea el ministro de Educación quien reciba los palos por el mero hecho de verbalizar un deseo. ¡Cuánta desvergüenza tapa la independencia!

El ministro no ha pretendido adoctrinar a nadie; Artur Mas, sí. “Nosotros explicamos [la historia de España] como un Estado plurinacional”, ha dicho el mesías. ¿Y eso en qué texto constitucional está? ¿Qué desarrollo legal posterior lo recoge? Es evidente que el contenido de lo enseñado –y la intención, sobre todo la intención– es puro adoctrinamiento. ¿Y para qué? Para lograr lo que le achaca al ministro: “Una [Cataluña], Grande y Libre”. Aunque a la hora de la verdad la estén convirtiendo en “una, pequeña y excluyente”.

Ese enfermizo recurso a la evocación de la simbología agresora del franquismo ha llevado a Oriol Pujol a decir palabras gruesas con la irresponsabilidad de un adolescente: el derecho de Cataluña a un Estado propio “no lo para nadie, ni siquiera los ejércitos, los tanques o los cañones”. Y el conseller de Interior, con idéntica mezcla de chulería e irresponsabilidad, ha añadido que en caso de conflicto los Mossos estarán “con la Generalitat”, porque los Mossos están “al servicio de Cataluña”.

Necesitan que ese lenguaje cuartelero lo esgriman desde el centro, y como no aparece lo sacan a pasear, a ver si hay suerte y alguien pica. Y de paso, van deslegitimando la violencia legítima del Estado. ¡Andan tan necesitados de casquería franquista para cubrir sus vergüenzas! 

Antonio Robles, Libertad Digital, 18-10-2012

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