Entre mañana y el 25-N, el PSOE se hundirá

Aún en el improbable supuesto de que el PP no alcanzase la mayoría absoluta en Galicia -que muchas encuestas le atribuyen- y aunque los conservadores pierdan alguna posición en el País Vasco, el Partido Socialista Obrero Español se introducirá desde mañana en una etapa de descomposición. Porque Andalucía y Asturias han sido sólo dos efectos ópticos engañosos. El PSOE gobierna en Sevilla -después de perder las elecciones frente al PP- gracias a Izquierda Unida (con Sánchez Gordillo dentro) y en Oviedo, Javier Fernández depende de UPyD y de la organización de Cayo Lara. O sea, que sus bastiones autonómicos son precarios en extremo después del 22-M de 2011 y tras la perforación de su suelo electoral en las generales de noviembre del pasado año (sólo 110 escaños).

Mañana, el PSE-PSOE, además de perder el Gobierno vasco, se dejará en el camino entre siete y ocho escaños (de 25 pasaría a 14-16, según la encuesta de El Correo de Bilbao) situándose en uno de los registros más bajos desde 1980. En Galicia, tres cuartos de lo mismo: de los 25 escaños actuales, las encuestas (por ejemplo la de la cadena SER) le augura una pérdida de seis, y otras, hasta de ocho diputados. Si estos desplomes se conectan con lo que está ocurriendo en Cataluña con el PSC, que perdería  siete u ocho escaños el 25-N (pasaría de 28 a 20-21), se llegará a la sencillísima conclusión de que los socialistas se deslizan por un tobogán hacia la jibarización de su presencia política institucional. Su regreso al poder se antoja, ahora sí, una quimera.

Otras encuestas, al margen de la intención de voto, están delatando que el problema del PSOE es enormemente complejo. Por una parte, sigue bajo el síndrome de desestructuración orgánica e ideológica que propició el liderazgo de Rodríguez Zapatero, cuya acción de Gobierno en la segunda de sus legislaturas se recuerda vivamente como la renuncia ideológica más absoluta, un monumento a la improvisación y a la banalidad. Por otra parte, desde que el expresidente hiciese mutis por el foro, el partido ha sido incapaz de recuperar el pulso bajo el liderazgo de Alfredo Pérez Rubalcaba. Elegido precariamente en el mes de febrero en el Congreso de Sevilla, su discurso, tan conocido, y su perfil, tan avejentado, no tiene capacidad tractora para recuperar a la organización. La ausencia de procedimientos transparentes para la designación de los líderes socialistas que compiten ahora en las urnas -nada de primarias- hacen que López, Vázquez y Navarro tampoco hayan sometido su proyecto a unas bases que se alejan del partido por su conducción elitista y por su discurso rutinario.

Es difícil localizar el destino del voto que huye del PSOE. En algunos casos, IU los recibe, pero también UPyD y, en menor medida, partidos nacionalistas y el PP. Otros se van a la abstención como opción más coherente. Pero, fueren a donde fueren esos votantes socialistas, parece que protagonizan una defección de grandes proporciones pese a que el PP sufre un enorme desgaste, sin embargo menor que el del PSOE. Que, insisto, podría encontrarse a final de año ante una auténtica y dramática encrucijada ¿Qué hacer?, se preguntan intelectuales y pensadores de la izquierda. La autocrítica no basta, hace falta adaptación a una globalización de la gobernanza de las sociedades muy afín a los valores liberales que ha engullido a la socialdemocracia tradicional de la posguerra y que no tendrá más remedio que reinventarse. Porque, casi de modo indefectible, cuando algún partido socialista llega al poder -es el caso de Francia con Hollande– se ve compelido a desarrollar políticas estandarizadas y sólo testimonialmente socialdemócratas.

La oposición a la izquierda declinante de España, y de más allá de nuestras fronteras, no es sólo la derecha ortodoxa que combate el déficit y reformula en niveles progresivamente menores el Estado de bienestar, sino también lo son los llamados mercados que han roto el espinazo de los valores dogmáticos del socialismo europeo, en tanto que en los países latinoamericanos el izquierdismo es sustituido por el populismo y en los Estados Unidos por un liberalismo con tinturas sociales como el de Barack Obama.

El PSOE, además, en la crisis del modelo de Estado que padece España, se muestra desconcertado y errático, mucho más que el PP, aferrado con mayor coherencia a sus tesis tradicionales. El federalismo como solución para eludir la secesión catalana -que con el económico es el más grave de los problemas que nos aquejan- está afectado de una enorme falta de elaboración teórica y práctica en un país ya federalizado por vía autonómica, en cuyo marco tendría que encontrarse soluciones -reformas constitucionales incluidas- después de una vigencia del sistema de más de tres décadas. No parece que la opinión pública -ahí están los sondeos- atribuya al PSOE solvencia, capacidad y fiabilidad en este trance. Más aún: todo lo contrario, hasta tal punto que España podría agudizar su crisis política por el deterioro imparable del flanco izquierdo del parlamento, que sería  ocupado socialmente por un conjunto de movimientos e iniciativas (15-M, 25-S) que acreditarían que el PSOE no es ya ni siquiera un pabellón de conveniencia para vehicular sus aspiraciones.

La falla del PSOE -que se ha instalado en el subconsciente colectivo- es que en estas décadas no ha llegado a constituirse en una izquierda nacional, sino que se ha troceado en compartimentos estancos practicando unas políticas y sus contrarias. En Cataluña, a través del PSC, catalanista; en el País Vasco, mediante largas coaliciones con el PNV, complacientes; en Andalucía, regimentales y anacrónicas. En definitiva ¿cuál es el hilo argumental que explica al PSOE? Los socialistas se han quedado sin relato y lo que ahora les ocurre en una sucesión desastrosa de citas electorales que arrancó en mayo del año pasado no es otra cosa que la consecuencia de su falta de modelo ideológico y de su abundancia en contradicciones. Y de su persistencia en el error de creer que la superioridad tradicional de la izquierda les relevaba de la indagación en sus propios errores. Esos tiempos de vino y rosas izquierdistas han pasado y la dura realidad es el hundimiento. Malo para el PSOE y, sospecho, nada bueno para España.

José Antonio Zarzalejos, El Confidencial, 20-10-2012

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