El Gobierno, el PSOE y los empresarios dan la espalda a Mas en su visita a Madrid

El presidente de la Generalitat, Artur Mas (Efe).

La burguesía catalana sin Plan B

Ana I. Gracia  /  Marcos Lamelas – Madrid / Barcelona. “Un amigo me dijo que tal vez no era el mejor momento para venir a Madrid, y que sería mejor que dejase pasar algo de tiempo”. El presidente de la Generalitat de Cataluña, Artur Mas, optó por hacer caso omiso del consejo y se presentó en Madrid, 48 horas después de la multitudinaria manifestación de la Diada, para adelantar lo que pedirá al presidente del Gobierno: un Estado propio para Cataluña tras constatar que con España hay un sentimiento “de fatiga mutua”. La intuición de su colega se cumplió: ni un solo ministro del Ejecutivo de Mariano Rajoy quiso escuchar las reivindicaciones del president. Solo Cristina Cifuentes, delegada del Gobierno en Madrid, acudió al desayuno informativo seguido con gran expectación por decenas de medios de comunicación, la mayoría extranjeros.

A una semana de la reunión entre Mas y Rajoy, el Gobierno en bloque dio la espalda a la visita del líder catalán a Madrid. El político más relevante presente en la sala del madrileño Hotel Ritz fue su antecesor en el cargo, José Montilla. Ni un miembro con peso en la dirección del PSOE, el principal grupo de la oposición del Gobierno central, dejó fotografiarse por la sala. La sorpresa de la mañana la puso Rafael Spottorno, jefe de la Casa del Rey y muy poco dado a dejarse ver por estos coloquios-debates. Algún presente en la sala definió su presencia como un toque de atención para que amainasen los aires independentistas catalanes que, de efectuarse, dañarían la imagen conjunta de España.  

Apenas un puñado de diputados, todos catalanes, optaron por acompañar a Mas en su visita a la capital de España: la popular Dolores MontserratFrancesc Vallès, del PSC y Alfred Bosch, de ERC, entre otros.

Pero la movilización de este 11 de septiembre ha ido a pillar también a la gran burguesía catalana con el pie cambiado. “Tanto que habíamos trabajado en un plan B por si salíamos del euro y lo que de verdad nos hacía falta era una alternativa por si íbamos a la independencia”, se lamenta un empresario de raigambre industrial que prefiere permanecer en el anonimato. Y la mayoría de grandes organizaciones empresariales han evitado pronunciarse sobre la masiva manifestación independentista y la deriva en la que ha entrado la Generalitat. Prefieren tomarse más tiempo para evaluar la situación. Pero fuentes empresariales destacan que si bien la totalidad de la gran burguesía y los grandes grupos –como Godó, La Caixa, Planeta y otros– apoyaban el pacto fiscal, en cambio son muy reticentes a la idea de la independencia de Cataluña.

La imagen de este rechazo se visualizó ayer en el Ritz de Madrid, donde la esperada conferencia de Artur Mas fue replicada por los empresarios catalanes por el vacío más absoluto. El mensaje para Mas fue claro y se dio al estilo catalán: la independencia no entra en los planes del gran empresariado. Por no acudir, ni siquiera acudió el presidente de la CEOE, el catalán Juan Rosell, y en su nombre envió a su número ‘dos’ Arturo Fernández. Muchos otros empresarios catalanes también hicieron el vacío al president y justificaron su ausencia con la presencia de los directores de comunicación. Mas se tuvo con conformar con el abrigo del presidente de Abertis, Salvador Alemany, y el de Prisa, Juan Luis Cebrián. Ni un solo ‘Florentino Pérez’ en la sala. El mensaje independentista tampoco engatusó a los empresarios madrileños de gran peso que con frecuencia se acercan hasta los desayunos que semanalmente ofrece Fórum Nueva Economía. 

Sólo fuentes de la patronal Fomento del Trabajo han señalado que las sociedades democráticas como la catalana y la española se sustentan sobre todo en la búsqueda y el logro de grandes consensos, de conciertos sociales amparados por el derecho” y destacan que “lo que es inmediatamente válido es que el gobierno de Cataluña tiene el mandato del Parlament para negociar con el gobierno del Estado un nuevo modelo de financiación llamado Pacto Fiscal”.

Desde la patronal que preside Joaquim Gay de Montellà, estas mismas fuentes recuerdan que “un hecho evidente es que con el esfuerzo de todos Cataluña disfruta ahora de unos estadios de cohesión social que es imprescindible que no se estropeen. El futuro que construimos para Cataluña y para España debe ser sobre la base de grandes consensos”.

Para los empresarios catalanes, la manifestación del martes abre la caja de los truenos. Desde los grupos de gran consumo, que temen un nuevo boicot de sus productos en España, hasta un enfrentamiento largo con Madrid que desgaste a las grandes compañías que dependen de concesiones o contratos públicos. Algunos empresarios apuntan que preferirían una independencia rápida que años de bronca con el consabido daño empresarial y, por tanto, de su cuenta de resultados.

El riesgo de la incertidumbre

Esta nueva situación abre un proceso de incertidumbre que, según los empresarios consultados, podría dificultar la recuperación. En un panorama en el que no se sabe lo que va a pasar, –“en el que hay muchas preguntas sin respuestas” en palabras del propio presidente de la Generalitat, Artur Mas– muchas empresas pueden optar por aplazar decisiones de inversión, lo que agravará la crisis económica.

No hay temor de que grandes multinacionales instaladas en Cataluña abandonen su actividad. La mayoría tienen inversiones en activos como grandes plantas de automoción –Seat, Nissan– o los gigantes alemanes de los complejos petroquímicos en Tarragona –Dow Chemical o Basf o Bayer– que dificultan su marcha. Pero sí podrían hacerlo grupos de servicios, cuya movilidad es mucho mayor.

En todo caso, nadie en el mundo empresarial hasta ahora tenía un plan B para la independencia. A partir de hoy, la burguesía catalana está incómoda. En las conversaciones con Artur Mas y su equipo los empresarios aceptan la necesidad de un pacto fiscal para Cataluña. “pero cuando les preguntamos qué hacer si desde Madrid nos vuelven a decir que no, no saben qué decir”, lamenta un alto cargo de la administración catalana.

Calmar a la burguesía

Artur Mas es consciente de esta situación y quiere tranquilizar a la burguesía. Por ello, por ejemplo, nunca habla de independencia. Ha subido el listón, sí, pero se refiere a “instrumentos propios de un Estado”. Mas no fue más lejos en su acto en el Ritz, sólo explicó las causas de este divorcio entre Cataluña y España y si bien dio la ruptura como inevitable, no detalló el calendario. Sólo dejó muy claro que iba en serio.

La previsión es que la reunión del día 20 de septiembre con Mariano Rajoy sea un fracaso. Esto llevaría a Mas a avanzar las elecciones autonómicas. Pero ni con este panorama Artur Mas introduciría la independencia como un punto programático, para no perder los apoyos del gran empresariado catalán, señalan fuentes de CiU. En cambio, sí que se implantaría puntos como dotar a la Generalitat de los instrumentos propios de un Estado, tales como la Hacienda propia u otros que facilitasen la llegada a la independencia.

El Confidencial (14.09.2012)

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