Vía libre

Victoria Prego

Hay que decir ‘no’ al pacto fiscal y que lo de la independencia lo gestione Mas si se atreve con ello

El nacionalismo catalán ha tenido éxito. No por lo sucedido ayer sino por lo logrado después de 40 años de haber ido inoculando en el ánimo de la población, también en los charnegos, que los catalanes eran, por encima de cualquier otra cosa, unas víctimas. De lo que viniera al caso en cada momento, pero víctimas siempre: de incomprensión, de desprecio, de ataques a su dignidad o, directamente, de desvalijamiento programado a cargo de una «España» a la que, lenta pero con admirable tenacidad, han logrado caracterizar públicamente como el enemigo.

No hay nada más agradecido y que cohesione más a un grupo humano, sobre todo si está compuesto por gente ignorante, que compartir enemigo, la versión maléfica de un santo patrón. Nada une más que eso, nada proporciona mayor sentimiento de identidad compartida.

Y es justamente ahí, en el odio y rechazo a España, en ese agravio interminable adobado por todas las falsedades históricas que haya sido conveniente aportar al imaginario nacionalista, donde radica el éxito del proyecto alumbrado en su día por Jordi Pujol. Un proyecto eficazmente engordado por el timorato silencio de tantos demócratas que, creyendo firmemente en la nación española, no han osado durante muchísimos años defenderla en voz alta con vigor y firmeza por no ofender la escocida dignidad, tan frágil, de ese nacionalismo eternamente ofendido.

Sería un error menospreciar lo que ayer sucedió en Barcelona. Lo que Artur Mas y los suyos han puesto en marcha es una maquinaria que, como todos los movimientos de masas, ha adquirido vida propia y puede llegar a aplastar a sus propios líderes. Lo que se exigió en la calle fue la independencia. Ni pacto fiscal ni nada. In-de-pen-den-cia.

Eso es lo que una masa creciente va a exigir a sus gobernantes, porque se ha creído que allí está la Tierra Prometida «que mana leche y miel» (Éxodo 3, 8). Y ahora son esos mismos gobernantes quienes tendrán que administrar una situación creada con la intención de asustar a los distintos gobiernos para, en el más puro estilo Pujol, poder volverse a casa con el zurrón lleno.

Pero si el presidente Rajoy tuviera la debilidad de pensar que, negociando con Mas el concierto económico que reclama, se apaciguará esta tensión independentista, se equivocará de plano como se han equivocado antes que él todos los presidentes que en la democracia han sido.

Nada de lo pactado ni de lo cedido en más de tres décadas -incluidas competencias que constitucionalmente son del Estado- ha servido nunca para aplacar sus exigencias. Todo lo contrario, las ha hecho crecer. Por eso, lo que vimos ayer no debe ser admitido de ningún modo como chantaje. Hay que decir no al pacto fiscal y que lo de la independencia lo gestione Mas si se atreve con ello. Vía libre.

Victoria Prego

El Mundo (12.09.2012)

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