¿Salir del euro?

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Con la crisis del euro cada vez se habla más del error de su implementación y, en concreto, del hecho de que el Estado español decidiera adoptarlo. Incluso se empieza a hablar de que el euro deje de existir o de que algunos países, los de la periferia, dejen de formar parte de él. Hace poco, uno de nuestros economistas ortodoxos más reconocidos, el Dr. Galí, confesaba que si en 1998 se hubiera sabido la camisa de fuerza que suponía el euro no se habría adoptado o España no tendría que haber entrado. En un sentido más contundente se expresaba el prestigioso comentarista del Financial Times Martin Wolf cuando concluía: “Desde mi punto de vista, España hizo sólo un gran error: entrar en el euro”.

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Se empieza a hablar también de la conveniencia o no de la salida de España (y de otros países) del euro o, incluso, de la desaparición de la moneda europea. La línea oficial de los organismos internacionales y europeos, de los policy makers y economistas ortodoxos sigue siendo que una salida del euro sería “catastrófica” para la economía del país implicado. Y es cierto que una salida del euro tendría consecuencias y costes importantes, pero también tendría sus ventajas.Y quizás es hora de considerar si hay una alternativa real que no sea la salida de algunos países del euro y/o su desaparición. Si no valdría más la pena salir del euro por voluntad propia y de forma ordenada, a pesar de sus costes, que tener que hacerlo a toda prisa y forzadamente cuando no haya más remedio.

El mismo Dr. Galí llegaba a decir que “si España pudiera salir del euro con una transición suave, ordenada, sin estruendos, le convendría. Igual que a Grecia, Portugal e Italia”, aunque añadía que “este escenario en la práctica es impensable, imposible”. Sin embargo, sabiendo que las cosas actualmente cambianmuy rápido, ¿por cuánto tiempo es impensable o imposible? Otros lo tienen más claro. Matthew Lynn, de The Wall Street Journal, en “6 reasons Spain will leave the euro first” concluía diciendo: “España es el país dentro del euro que puede llegar en primer lugar a la conclusión de que la salida negociada de la moneda única es una solución lógica”. A mediados de julio, Patrick Artus consideraba en el Flash Économie de Natixis que España está ante dos posibles estrategias: seguir con las políticas de austeridad actuales, con algunas ayudas de otros países de la zona euro; o salir del euro, ir a la quiebra con respecto a su deuda exterior y devaluar de forma importante su nueva (o recuperada) moneda, una estrategia que, a corto plazo, supondría un deterioro de la economía. La conclusión final era que la estrategia menos mala era la segunda, que podría ser eficaz por la fuerte elasticidad-precio de las exportaciones, porque todo el déficit de la balanza por cuenta corriente del Estado español proviene de los intereses de la deuda exterior, y porque con la financiación propia de los déficits públicos podrían bajar los tipos de interés de la deuda y también las primas de riesgo. Finalmente, el Bank of America/Merrill Lynch en un informe de julio consideraba que las posibilidades de una ruptura del euro tienden a crecer, a pesar de los últimos acuerdos de la UE, y que una importante devaluación del euro podría ayudar a salvarlo. En el caso de España, una salida ordenada del euro tendría importantes efectos negativos en el saldo de la balanza por cuenta corriente, pero las consecuencias serían positivas con respecto al crecimiento del PIB (moderado, eso sí), por la disminución en los costes de la deuda a partir de la bajada de los tipos de interés y de la prima de riesgo al disponer de una moneda propia y soberana, y porque una depreciación de la nueva (o recuperada) moneda mejoraría las condiciones de unas deudas privadas y públicas no reconvertidas.

Antoni Soy. Profesor de Economía Aplicada de la UB. Decano de la facultad de Empresa y Comunicación, UVic.

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