El problema es el euro

Los países del euro

Hay un defecto de diseño: el divorcio entre política fiscal y soberanía monetaria

Con la crisis en la unión monetaria europea (UME) se han producido diferentes situaciones de emergencia, sobre todo en los países del sur. La crisis parece que puede tener algunas repercusiones incluso en Alemania y en los países del norte. La respuesta de los policy makers, especialmente los europeos, ha sido una mezcla de dejar pasar el tiempo y de políticas radicales de austeridad que tienden a empeorar la situación. Sin embargo, tal como han señalado algunos economistas heterodoxos (poskeynesianos), desde sus inicios la UME y el euro estaban destinados a no funcionar. Los países adoptaron el euro como moneda: ni propia ni soberana. Al mismo tiempo, seguían teniendo la responsabilidad fiscal. Es el pecado original de la eurozona: la separación de la política fiscal de una moneda soberana. Se parte de un defecto de diseño. Los estados de la eurozona se convirtieron en el equivalente a un estado americano: son usuarios del euro pero no son emisores. Y no pueden aprovecharse de la política fiscal del Tesoro americano, ya que el equivalente europeo no existe.

Por lo tanto, los países del euro se tenían que encontrar inevitablemente con dos problemas: primero, ante una recesión sus presupuestos pasarían automáticamente a tener importantes déficits, que se tendrían que financiar a través del BCE o de los mercados financieros, y eso daría lugar a crecientes primas de riesgo de su deuda, cuyos tipos de interés tenderían a crecer, lo que provocaría más aumentos de los déficits en un círculo vicioso. Segundo, al no existir un Tesoro europeo, los estados se han convertido en responsables de sus propios sistemas bancarios y parece imposible que sean capaces de rescatarlos sin que sus gobiernos quiebren. Con la desregulación y la disminución de la supervisión del sistema bancario, este ha podido endeudarse masiva y libremente, pero una vez estallan las burbujas y los bancos no pueden devolver sus deudas, los gobiernos tampoco pueden hacerse cargo de esta carga porque ya no tienen una moneda soberana, ni tampoco un Tesoro europeo. Con la pasividad del BCE, hay un movimiento masivo de depósitos desde los países en crisis hacia Alemania y otros países del norte, para cubrirse ante una eventual ruptura del euro y de que los depósitos estuvieran en una moneda que se depreciaría de forma importante. Sin embargo, vistas algunas tendencias en Alemania y otros países del norte, ¿podría también haber movimientos de depósitos desde los bancos de estos países hacia otra moneda diferente del euro?

Los gobiernos donde no ha habido divorcio entre política fiscal y soberanía monetaria no tienen el círculo vicioso de los costes crecientes del endeudamiento: EE.UU., Japón, el Reino Unido, Suecia… Pueden tener grandes déficits, con elevadas ratios de deuda, pero con unos tipos bajos. Y pueden mantenerse bajos mientras quieran sus bancos centrales con moneda soberana. Eso no lo pueden hacer los países del euro, especialmente los de la periferia, cuyos costes financieros crecen y crecen, a pesar de tener unas ratios con respecto al PIB muy inferiores a las de Japón, por ejemplo.

Antoni Soy. Profesor de Economía Aplicada de la UB. Decano de la facultad de Empresa y Comunicación, UVic

La Vanguardia (20.08.2012)

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