Lengua: dos libros discrepantes

Mercè Vilarrubias

La semana pasada visitó Barcelona la escritora búlgara en lengua alemana Herta Müller, premio Nobel de Literatura. El título de su conferencia era «La lengua como patria», pero matizó esta formulación al sostener que «la lengua no es una patria; en todo caso, la patria del escritor es lo que se dice en esa lengua». En efecto, lo importante es el contenido de lo que se dice, no su forma, aunque el dominio de una lengua es imprescindible, no sólo para comunicar lo que pensamos sino también para, simplemente, pensar. Recordemos el aforismo de Joseph Joubert: «Sólo buscando las palabras se encuentran los pensamientos».

El orden gramatical es un orden mental: no sólo cuestión de estética, también de lógica, análisis riguroso y argumentación racional. De ahí la importancia de la lengua en la enseñanza: dominar una lengua es un presupuesto imprescindible para poder después entender y razonar sobre cualquier materia, algo previo a cualquier otro conocimiento. Pero vayamos a la actualidad.

Una sentencia del Tribunal Supremo ha anulado seis artículos de un decreto de la Generalitat sobre la educación infantil. Un nuevo revés judicial para el Govern catalán, el quinto en dos años y no parece que el alud de sentencias contrarias vaya a decaer dada la insistencia en sostenella y no enmendalla. El motivo no es nuevo: pretender que el catalán sea la única lengua vehicular en la escuela.

Adolfo Suárez tuvo una frase genial -que probablemente le sopló Fernando Ónega- para justificar la transición democrática: «Lo que es normal en la calle debe ser también normal en las instituciones». Pues más o menos se trata de eso: una sociedad bilingüe como la catalana debe tener instituciones bilingües, entre ellas la escuela. Sin embargo, desde 1998 la ley catalana se empeña en lo contrario: el catalán debe ser la única lengua vehicular. Antes no era así: ni en la época de la II República, ni en la Generalitat provisional, ni fue la posición de Ramon Trias Fargas, portavoz de Convergència en la Constituyente de 1978, ni en la buena ley de 1983. Por tanto, lo que ahora se considera un dogma de fe desde tiempos inmemoriales tiene fecha reciente de nacimiento.

Además, el sistema de inmersión, como así se suele llamar al modelo catalán, no es tal sistema de inmersión. Veamos. La inmersión en el aprendizaje de lenguas es un sistema bien acreditado, probablemente el mejor. Consiste en que alguien que quiera aprender una lengua desconocida pase a desarrollar toda su actividad en esa lengua con objeto de asimilarla lo mejor posible. Es un método comparable al de enseñar a nadar a un niño arrojándolo a la piscina para que espabile. A mediados de los años sesenta, la inmersión en la escuela se empezó a utilizar en Quebec, con carácter voluntario, para estudiantes anglófonos que querían aprender el francés.

Pero el modelo catalán es muy distinto. El catalán se utiliza como lengua vehicular obligatoria no sólo para aquellos que lo desconocen sino también para quienes lo tienen como lengua materna. Ambos se ven perjudicados. Para los alumnos de familias catalanohablantes porque no se les enseña bien el castellano, para los de familias castellanohablantes porque se les añade una dificultad más en el estudio de las demás asignaturas. Algunos creen que se trata de un sistema habitual en países plurilingües: no es cierto. Todos los países europeos, a excepción de Portugal, son plurilingües. Pues bien, ninguno utiliza un sistema como el catalán, somos caso único en Europa y, que yo sepa, en el mundo.

Últimamente se han publicado en Barcelona dos libros que critican abiertamente este modelo catalán. El primero, es el de Félix Ovejero, La trama estéril. Izquierda y nacionalismo, que dedica dos capítulos a esta cuestión y la trata desde el punto de vista de la teoría de la justicia y de la democracia. El otro es el de Mercè Vilarrubias, Sumar y no restar. Razones para introducir una educación bilingüe en Cataluña (Editorial Montesinos, 2012). Ambos son una muestra más de la falsedad de otro mito: que nadie discrepa en Catalunya sobre esta cuestión.

El libro de Vilarrubias está escrito desde una perspectiva nueva e interesante: desde la razón pedagógica, no la política; es decir, sólo desde la utilidad de las lenguas para la enseñanza. La autora es especialista en el aprendizaje de lenguas y catedrática de inglés en la Escuela de Idiomas de Barcelona. En su breve libro, expone de forma clara y argumentada las debilidades del sistema catalán y las ventajas del sistema bilingüe, añadiendo a ello la introducción progresiva del inglés y otras lenguas extranjeras.

Nada nuevo, por otra parte: es lo que practican las mejores escuelas privadas y concertadas de Catalunya. Vean, por ejemplo, la página web de la famosa Escola Aula, de Barcelona, donde han estudiado, por ejemplo, el president Mas y sus hijos. Curioso: el bilingüismo se exhibe como reclamo en las webs de las escuelas de élite. La Generalitat incumple las sentencias y ciertos colegios ignoran las leyes de la Generalitat. ¡Qué país!

Francesc de Carreras, Catedrático de Derecho Constitucional de la UAB

La Vanguardia (5.07.2012)

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