Pues de nada. Y en efecto, recuerdo la p

Pues de nada. Y en efecto, recuerdo la polémica de Barrett, otro paso en la conversión de Morán en caricatura de sí mismo. Mi conclusión es que cuando tuvo que elegir entre la coherencia y el asiento, ya sabemos lo que eligió y se enclaustró en esta suerte de radicalismo verbal, que bajo una apariencia contestataria sirve claramente a uno de los poderes establecidos.

Sé el primero en comentar en «Pues de nada. Y en efecto, recuerdo la p»

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*


Traducción »