Incitación al odio

 

En Cataluña, la proyección del odio sobre el excluido es un mecanismo de defensa utilizado hasta el esperpento por el nacionalismo. Quien excluye y deja el rastro de su odio en cada acción, se atreve a acusar de «genocidas» a quienes se defienden de él.

En Cataluña, la proyección del odio sobre el excluido es un mecanismo de defensa utilizado hasta el esperpento por el nacionalismo. Quien excluye y deja el rastro de su odio en cada acción, se atreve a acusar de «genocidas» a quienes se defienden de él. La última escenificación de esa grotesca acusación la acaba de hacer la plataforma Escola en Català contra los convocantes del acto a favor del bilingüismo y el cumplimiento de las sentencias del TS que obligan al Gobierno de la Generalitat a introducir el castellano como lengua vehicular en la escuela.

La presidenta de la plataforma Escola en Català, Mercè Escarrà, ha presentado este jueves una denuncia ante la Fiscalía Provincial de Barcelona contra Convivencia Cívica Catalana (CCC) y su líder, Francisco Caja, por considerar que «incitó al odio» en el acto en defensa del bilingüismo del teatro Goya el pasado sábado, y «ha cometido el delito de apología de genocidio lingüístico y cultural» contra el pueblo y la lengua de Cataluña.

Sólo el genio de Valle Inclán podría relatar el estupor que produce semejante esperpento. ¿Quién incita al odio, quien denuncia la exclusión o quien la lleva a cabo? ¿Quién incita al odio, quien defiende la libertad lingüística o quien impone una sola lengua? ¿Quién incita al odio, quien defiende que sean el catalán y el castellano conjuntamente lenguas vehiculares en la escuela o quien impone solo el catalán? ¿Quién incita al odio, quien acata y respeta las sentencias de los tribunales y la Constitución, o quien la quema y monta campañas de insumisión contra las cinco sentencias del Tribunal Supremo que obligan a que el castellano sea lengua docente junto al catalán? ¿Quién incita al odio, quien permite que los comercios rotulen en la, o las lenguas que quiera, o quien multa por hacerlo en castellano? ¿Quién incita al odio, quien defiende y respeta la pluralidad cultural y lingüística o quien impone la inmersión sólo en catalán como condición para que haya paz social? ¿Quién incita al odio, quien considera a todos los ciudadanos iguales ante la ley o quien envenena el egoísmo tribal con acusaciones a España de expolio fiscal? ¿Quién pretende excluir lengua alguna del sistema escolar, quien pide que catalán y castellano sean lenguas vehiculares o quien sólo permite estudiar en catalán…? La lógica de esa impostura nos llevaría a condenar a Luther King por genocida y darle el premio Nobel de la Paz al Ku Klux Klan.

Lo más increíble no son estas paradojas imposibles, sino el que rueden hace años como una bola de nieve, alimentadas por todos los gobiernos de la Generalitat a través de subvenciones, normas y leyes contrarias a la Constitución y a la democracia, y cuando alguien exige respeto a los derechos lingüísticos de todos en un acto público a favor del bilingüismo, como ha hecho Francisco Caja, lo denuncien ante los tribunales por «incitación al odio». Lean ustedes su discurso íntegro y juzguen.

El lema que han utilizado los acusados es: «Una sociedad bilingüe, una escuela bilingüe». Y el utilizado por los Savonarolas de «Escola en català», o de «Som escola.cat» que agrupa a 29 entidades, todas subvencionadísimas por las instituciones de la Generalitat, este otro: «Per un país de tots, escola en català» («Por un país de todos, escuela en catalán»). Pero si traducimos su impostura en una impostura no controlada por el nacionalismo, mostraría toda su fealdad: «Por un país de todos, voto únicamente masculino». La ley del embudo.

¿Qué sociedad catalana es esta que encumbra al poder a quienes sostienen semejantes majaderías y aguanta que le tomen el pelo de forma tan obscena?

Antonio Robles

Libertad Digital (26.04.2012)

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