El bilingüismo catalán sale del armario

Cartel 

El sábado 21 de abril puede ser una fecha histórica. Fecha histórica: aquella en que brota o nace algo que, andando los años, llegará a ser mayoritario en la sociedad. El 21 de abril las entidades bilingüistas catalanas -cuatro como convocantes, el resto como adheridas- proclaman en el Teatro Goya aquello que decían los visionarios del 68 y lo pintaban en las parerdes: que la realidad llega al galope. La realidad surge de pronto ante nosotros, desnuda y poderosa. Lo real, pese a todo, se impone: “il revient au galop”. Pero la realidad a veces hay que proclamarla. Y el día 21 proclamamos una realidad clara y sencilla: Cataluña es bilingüe. Los catalanes, los ciudadanos de Cataluña, unos tenemos el castellano como lengua materna, otros el catalán, y todos somos igualmente catalanes. Si los catalanes somos de dos lenguas maternas, como resultado, Cataluña es bilingüe. Tá claro.

Y si Cataluña es bilingüe, ¿por qué la escuela no lo es? ¿Y por qué no lo es la administración, el gobierno, el parlamento, los ayuntamientos, todo lo que es público y representativo, o sea, el Poder? ¿Por qué el Poder es exclusivamente en catalán? Es, claramente, una anomalía. Hay muchas explicaciones para esta anomalía, unas desde la identidad nacional (la patria catalana es esencialmente monolingüe), otras desde la historia (el castellano en Cataluña aparece en los dos últimos siglos, por los funcionarios y la inmigración) otras desde el paternalismo social (cambiar de lengua es el camino para ganar estatus), y otras desde el más crudo interés de clase (los catalanohablantes arriba, los castellanohablantes abajo). Pero ninguna explicación resulta plausible para dar razón de semejante anomalía: ¿por qué, si Cataluña tiene dos lenguas, en la escuela solo hay una? ¿Por qué la mayor parte de niños catalanes no se educan en su lengua, ni ven su lengua en los carteles, ni oyen su lengua en los sitios oficiales? ¿Será porque su lengua no es catalana? Y si su lengua no es catalana, ¿será porque ellos no son catalanes? Uy, qué feo.

La anomalía de la escuela monolingüe en una Cataluña bilingüe responde al catalanismo, la ideología dominante. Una ideología omnipresente, afirmada mil veces y de mil maneras, pero que tiene un defecto elemental: que no cuadra con la realidad. El consenso nacionalista se basa en la negación tenaz, pertinaz y contumaz de la realidad catalana. Como en el cuento del rey desnudo, se empeñan en decir que va elegantemente vestido, y pretenden que nos lo creamos. Nos preguntamos cómo es posible que una ideología tan defectuosa, tan agujereada, tan poco democrática, sea la ideología media de la Cataluña de hoy y configure el consenso mínimo de todo el espectro político, desde el independentismo al socialismo. Eso no puede constituir el armazón de una sociedad, eso es inseguro y peligroso por naturaleza. Material explosivo. Como contrapartida, ese montaje social exige la exclusión de quien reclame el bilingüismo: al bilingüista se le marca con el estigma de elemento ajeno, intruso y enemigo: o sea, anticatalán y facha. Los que iremos al teatro Goya el sábado 21 sabemos tristemente mucho de eso.

Pues bien: el bilingüista es como el niño del cuento que no respetó la norma social, se saltó los idola tribus, y dijo en voz alta que el rey iba desnudo. Una vez roto el tabú, todo el mundo cayó en la cuenta de que algo no cuadraba, que ellos también veían al rey desnudo, pero lo atribuían a defecto personal: “yo veo al rey desnudo, yo tengo un problema”. Cuando el niño dijo “para una sociedad bilingüe, escuela bilingüe” también se rompió el tabú, y la gente se sintió como aliviada: “¡pues claro!”, “ya lo decía yo”, “toda la escuela, solo en catalán, y obligatotriamente, no podía ser bueno”, “¡a quién se le ocurrió semejante atrocidad!”. El bilingüismo ya no será facha ni anticatalán. En todo caso, facha sería la imposición obligatoria. Y anticatalán sería expulsar de la escuela a la primera lengua materna de los catalanes. Este es el final feliz del cuento: ojalá.

El 21 de abril los catalanes empezamos una salida masiva del armario. El bilingüismo es una opción perfectamente democrática: sin duda, más que el monolingüismo obligatorio. La inmersión escolar debe acabar: solo la avala el nueve por ciento de catalanes. Esos deben ser los políticos: ¿no eran el nueve por ciento del país?

Jesús Royo Arpón, Presidente de Ágora Socialista

(18.04.2012)

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