Un poema de Gunter Grass contra Israel levanta una polémica internacional

Un poema de Gunter Grass contra Israel levanta una polémica internacional 

En él, el escritor alemán, critica la política militar de Israel y la colaboracion de Alemania

El escritor alemán Gunter Grass ha vuelto a ser el centro de la polémica a nivel internacional. El motivo un poema que escribió titulado «Was gesagt werden muss» («Lo que hay que decir»), y que salió publicado en diferentes periódicos, en el que arremetía contra Israel y su programa nuclear.

En el texto hace referencia al posible ataque “preventivo” del país sionista contra Irán y sobre todo al nuevo acuerdo entre Alemania y los israelís, proporcionándoles un submarino. De fondo un tema tan sensible para los germanos como su precaución y contención a la hora de criticar a los judíos en la actualidad.

Las palabras escritas por premio Nobel de literatura han levantado una gran polvareda y han recogido un sin fin de críticas desde prácticamente todos los estamentos. Varios rotativos alemanes han cargado contra él denominándole, en Die Welt por ejemplo, como un antisemita.

Calificativos que también han llegado desde la embajada de Israel y el Consejo Central de los Judíos en Alemania. Merkel por otro lado ha mostrado su estupor por las palabras del escritor. Netanyahu, primer ministro israelí, ha aprovechado la ocasión para recordad su militancia con 17 años en una división acorazada de la Waffen-SS, el aparato militar de la organización nazi SS, episodio que el mismo dio a conocer.

Pocos son los apoyos que Grass ha recibido, entre ellos el del presidente del Pen Club alemán, Johano Strasser y el diputado de la formación de izquierdas Die Linke Wolfgang Gehrcke que manifestó que el escritor tenía razón en lo que decía.

Poema

Por qué guardo silencio, demasiado tiempo,

sobre lo que es manifiesto y se utilizaba

en juegos de guerra a cuyo final, supervivientes,

solo acabamos como notas a pie de página.

Es el supuesto derecho a un ataque preventivo

el que podría exterminar al pueblo iraní,

subyugado y conducido al júbilo organizado

por un fanfarrón,

porque en su jurisdicción se sospecha

la fabricación de una bomba atómica.

Pero ¿por qué me prohíbo nombrar

a ese otro país en el que

desde hace años —aunque mantenido en secreto—

se dispone de un creciente potencial nuclear,

fuera de control, ya que

es inaccesible a toda inspección?

El silencio general sobre ese hecho,

al que se ha sometido mi propio silencio,

lo siento como gravosa mentira

y coacción que amenaza castigar

en cuanto no se respeta;

“antisemitismo” se llama la condena.

Ahora, sin embargo, porque mi país,

alcanzado y llamado a capítulo una y otra vez

por crímenes muy propios

sin parangón alguno,

de nuevo y de forma rutinaria, aunque

enseguida calificada de reparación,

va a entregar a Israel otro submarino cuya especialidad

es dirigir ojivas aniquiladoras

hacia donde no se ha probado

la existencia de una sola bomba,

aunque se quiera aportar como prueba el temor…

digo lo que hay que decir.

¿Por qué he callado hasta ahora?

Porque creía que mi origen,

marcado por un estigma imborrable,

me prohibía atribuir ese hecho, como evidente,

al país de Israel, al que estoy unido

y quiero seguir estándolo.

¿Por qué solo ahora lo digo,

envejecido y con mi última tinta:

Israel, potencia nuclear, pone en peligro

una paz mundial ya de por sí quebradiza?

Porque hay que decir

lo que mañana podría ser demasiado tarde,

y porque —suficientemente incriminados como alemanes—

podríamos ser cómplices de un crimen

que es previsible, por lo que nuestra parte de culpa

no podría extinguirse

con ninguna de las excusas habituales.

Lo admito: no sigo callando

porque estoy harto

de la hipocresía de Occidente; cabe esperar además

que muchos se liberen del silencio, exijan

al causante de ese peligro visible que renuncie

al uso de la fuerza e insistan también

en que los gobiernos de ambos países permitan

el control permanente y sin trabas

por una instancia internacional

del potencial nuclear israelí

y de las instalaciones nucleares iraníes.

Solo así podremos ayudar a todos, israelíes y palestinos,

más aún, a todos los seres humanos que en esa región

ocupada por la demencia

viven enemistados codo con codo,

odiándose mutuamente,

y en definitiva también ayudarnos.

 

Terc3ra Información (9.04.2012)

 

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