El fin del entendimiento (1)

Obama e Irán 

 Las últimas declaraciones de Obama sobre Irán no difieren gran cosa de las de Bush y cabe interpretarlas como un llamamiento a favor de un cambio de régimen en Teherán, si bien hasta el momento ha resistido requerimientos en casa y en el extranjero para emprender una acción militar antes de agotar todas las opciones de carácter diplomático

A medida que el presidente Obama se acerca al final de su mandato en la Casa Blanca, cabe afirmar que su intención inicial de reajustar las relaciones entre Estados Unidos e Irán no ha rendido fruto. El paradigma de la política de “entendimiento” ha recibido un golpe de gracia y ha sido sustituido por el paradigma del enfrentamiento. El ejemplo de Irán muestra claramente que el diseño político de Obama se ha estrellado contra la oposición institucional en casa y la suspicacia frente a las intenciones estadounidenses en Teherán, en aumento desde la revolución iraní.

Además, los rivales de Irán en la región, sobre todo Israel, han presionado a la Administración Obama para que fortalezca su determinación. Aun antes de su toma de posesión, el nuevo presidente topó con fuerte oposición tanto de republicanos contrarios a cualquier acercamiento a los mulás como en el seno de su propio partido, demócratas que creían que la política de entendimiento daría a Irán tiempo y espacio para desarrollar armamento nuclear y amenazar a la seguridad de Israel. Cundía asimismo notable escepticismo entre los cargos del Departamento de Defensa y de los servicios de seguridad sobre la buena disposición de Irán a abandonar su programa nuclear, así como el convencimiento de que los iraníes se valdrían de la política de entendimiento como tapadera para impulsar sus aspiraciones nucleares. En lo concerniente a Irán, Obama nadaba a contracorriente en su propio país.

La postura de Obama con respecto a Irán en política exterior no sobrevivió a su primer año en la Casa Blanca. Lo cierto es que se abre paso un esfuerzo concertado para limitar la influencia de Irán en la región e impedir que desarrolle armamento nuclear. La Administración Obama ha renunciado a alcanzar un acercamiento al régimen de autoridades religiosas y ha vuelto a los recursos y políticas retóricas de su predecesor, la guerra y presión económicas. Obama ha dejado claro que el objetivo no era atajar a Irán, sino impedir que la República Islámica se hiciera con armamento nuclear. Las relaciones entre Estados Unidos e Irán se encuentran a un nivel tan bajo como al final de la presidencia de Bush, si no más. Los políticos y funcionarios estadounidenses se refieren a Irán con franqueza. “La mayor amenaza planteada a Estados Unidos, a nuestros intereses y a nuestros amigos (…) se ha hecho patente y se trata de Irán”, dijo un cargo militar al dirigirse a la audiencia de un foro en Washington. Admitió también que no creía que Irán quisiera provocar un conflicto y añadió que no sabía si la República Islámica había decidido construir un arma nuclear.

La ola de revueltas democráticas que ha barrido la región desde la primavera del 2011 ha añadido más tensión a unas ya ásperas relaciones. La respuesta de Obama a las revueltas árabes muestra el alcance del cambio de su visión sobre Irán y la región en general. Los asesores de la Casa Blanca se quedaron de brazos cruzados mientras Ahmadineyad eliminaba el Movimiento Verde en el 2009, pero tras el estallido de las revueltas árabes Obama ha adoptado un tono más agresivo frente a las violaciones de los derechos humanos y el creciente autoritarismo de Irán. Respondiendo al aplastamiento de las protestas en Irán tras el derrocamiento de Mubarak en enero del 2011, Obama arremetió contra el régimen iraní: “Resulta irónico que el régimen iraní finja celebrar lo ocurrido en Egipto… Sus líderes actuaron de forma diametralmente opuesta a lo sucedido en este país, usando la fuerza contra los manifestantes”.

Desde el estallido de los despertares árabes, el presidente Obama y su equipo de seguridad nacional se han devanado los sesos tratando de vislumbrar la forma en que estos cambios revolucionarios en Egipto y Túnez son susceptibles de afectar el rumbo de los países árabes en el futuro a fin de sacar partido de ellos. Israel y Arabia Saudí, enemigos jurados ambos de la República Islámica, han hecho sonar la alarma afirmando que Irán será el principal beneficiario de las revueltas árabes.

El presidente Obama ha acusado a Irán de ayudar a Siria en el aplastamiento de la revuelta que ha sacudido el régimen de Basilar el Asad. En sus primeras declaraciones sobre la crisis siria en abril del 2011, Obama apuntó a la conexión irano-siria: “En lugar de escuchar a su propio pueblo, el presidente El Asad acusa a los extranjeros al tiempo que pide ayuda a Irán en la represión de los ciudadanos sirios mediante las mismas tácticas brutales utilizadas por sus aliados iraníes”. En su discurso en el Departamento de Estado sobre las revueltas árabes, en el que trató de alinear a Estados Unidos con las aspiraciones del pueblo, Obama describió a Irán como modelo de países represores como Siria y el ansia de libertad de los iraníes como ejemplo que seguir por parte del pueblo árabe: “Hasta ahora, Siria ha dirigido sus miradas a su aliado Irán, tratando de asegurarse la ayuda de Teherán en lo relativo a la táctica de sofocar a la oposición. Tal actitud es ilustrativa de la hipocresía del régimen iraní, que defiende los derechos de los manifestantes en el extranjero pero rerecordar que las primeras protestas pacíficas en la región tuvieron lugar en las calles de Teherán, donde el Gobierno trató brutalmente a mujeres y hombres por igual y encarceló a personas inocentes. Todavía son audibles las consignas coreadas desde los tejados de Teherán. La imagen de una joven agonizante en la calle sigue grabada en nuestra memoria. Seguiremos insistiendo en que el pueblo iraní merece ejercitar sus derechos que son universales y tiene derecho a un gobierno que no sofoque sus aspiraciones”.

Cuando la crisis siria alcanzaba este año su punto culminante, Obama consideró la posibilidad de un derrocamiento de El Asad como una ocasión de oro para rodear y debilitar en mayor grado al régimen iraní. Dijo que una transición hacia un gobierno sirio de carácter pacífico, estable y representativo a partir del régimen proiraní de El Asad constituiría “una gran pérdida para Irán”, una afirmación que muestra que el levantamiento en Siria se ha visto envuelto en la nueva guerra fría entablada en Oriente Medio.

Obama ya no intenta la contención de un enemigo tan dilatado. El juego se llama ahora confrontación y estrangulamiento económico. En su discurso en el Departamento de Estado en mayo del 2011, Obama reiteró los principales motivos de agravio de Estados Unidos contra la República Islámica -la intolerancia y política represora de Irán, así como su programa nuclear contrario a la normativa internacional y su apoyo al terrorismo- en una intervención que se apartaba marcadamente de sus declaraciones como candidato presidencial y ya como presidente al inicio de su mandato. Es de notar que no apoyó al Movimiento Verde del 2009, una coalición de signo progresista en Irán, no fuera que pudiera ofender al régimen iraní, con el que trataba de llegar a un entendimiento. Dos años después, Obama confirió al Movimiento un significado que trascendía el ámbito de Irán para desplegarlo como una espada pendiente sobre las cabezas de los dirigentes iraníes. En realidad, las últimas declaraciones de Obama sobre Irán no difieren gran cosa de las de Bush y cabe interpretarlas como un llamamiento a favor de un cambio de régimen en Teherán, si bien hasta el momento ha resistido requerimientos en casa y en el extranjero para emprender una acción militar antes de agotar todas las opciones de carácter diplomático.

Fawaz A. Gerges, director del Centro de Oriente Medio en la London School of Economics. Autor de Viaje a la yihad (Libros de Vanguardia) y del próximo libro Obama y Oriente Medio

La Vanguardia (19.03.2012)

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