Carta de un padre al president Mas

Eduardo López-Dóriga EnríquezDistinguido Sr. Mas,

Soy catalán como lo era mi abuela paterna y hablo catalán con toda normalidad con la mitad de mis amigos y en el trabajo.

Igual que Ud. quiero lo mejor para mis hijos y por ello me gustaría que mis hijos tuvieran un sistema educativo más equilibrado entre el catalán y el castellano como ocurre en el colegio privado Aula, al que según tengo entendido Ud. lleva o llevaba a sus hijos.

También querría que mis hijos aprendieran una tercera lengua con total fluidez como hacen los hijos del Sr. Montilla en el Colegio Alemán y como hacen otros hijos de las élites políticas catalanas, que escogen el Liceo Francés o escuelas inglesas privadas.

Es curioso que los políticos nacionalistas (encabezados por los del PSC) que nos imponen la inmersión total en catalán y nos adoctrinan en la identidad catalana a la «plebe», escojan para Uds. otros modelos educativos en los que el catalán puede quedar reducido a unas pocas horas semanales.

Pero parece que si algunas ovejas díscolas de esa «plebe» nos atrevemos a traspasar sus ficticias y amenazadoras rayas rojas, y pedimos abiertamente el bilingüismo en la escuela pública y concertada, se nos declara enemigos de Cataluña y se nos acusa de estar cometiendo una ofensa a la sociedad y poniendo en peligro la convivencia y la paz de esta comunidad autónoma.

No pedimos eliminar el catalán ni de la escuela ni de la vida pública. Sólo pedimos que una vez normalizado su uso tras más de 35 años de democracia, no se utilice aún esa falsa argumentación de ser una lengua amenazada y en vías de extinción, para justificar excluir el castellano de la vida pública y privar a los niños de la riqueza que supone conocer de forma culta una de las lenguas más importantes del mundo.

Permítame que le resuma nuestra experiencia infructuosa para intentar conseguir que se respetara el derecho a la enseñanza en una de las lenguas maternas y oficiales de esta comunidad autónoma, derecho que defendió con toda la razón el Sr. Trías Fargas y su partido al inicio de la democracia. ¿Por qué ahora nos niegan para el castellano ese derecho básico recogido por la UNESCO?

Nuestras primeras quejas se remontan al año 2006 cuando protestamos al Síndic de Greuges por la ausencia de las casillas lingüísticas en las hojas de inscripción lo que provocó que no supiéramos que existía el derecho al llamado «trato individualizado», que no pudimos pedir a tiempo para nuestra hija mayor, que tenía siete años y cursaba 2o de Primaria, último año del plazo marcado por la ley para ese trato individualizado.

La respuesta del Síndic fue negativa apelando a la discrecionalidad de la administración para consultar a los padres por otro medio que no fuera necesariamente el de las casillas en los formularios de inscripción.

En 2008 denunciamos ante el Departamento de Educación y El president ante el Síndic de Greuges (Sr. Rafael Ribó) la ausencia de libros de texto en castellano para la primera etapa de la enseñanza en la que habíamos pedido el trato individualizado en castellano para nuestros dos hijos pequeños.

A pesar de que la inspectora del colegio reconoció la gravedad de la situación y sin que el Departamento de Educación (Sr. Ernest Maragall) hubiera dado respuesta alguna, el Síndic rebatió nuestros argumentos y volvió a decir que era discrecionalidad de la administración poner los medios para llevar a cabo el trato individualizado, y que no era necesario disponer de libros de texto en español.

Tras las sentencias del TS de finales de 2010 en las que se obligaba a la reintroducción del castellano en el sistema educativo de forma proporcionada respecto al catalán, en enero de 2011 presentamos una solicitud a la consejera de Enseñanza (Sra. Irene Rigau) para que se aplicaran dichas sentencias equilibrando la proporción de clases entre catalán y castellano.

Lo pedimos no sólo para nuestros hijos que cursaban 2º, 4º y 6º de Primaria, sino en general, adaptando el sistema en todos los centros de Cataluña, como dicen con toda claridad las sentencias del TC y del TS, ante las que recientemente se ha lavado las manos el TSJC quitándose de encima el problema (sólo de momento), tras la tremenda presión a la que desde la Generalitat y sus asociaciones afines (subvencionadas generosamente con dinero público de todos) se ha sometido.

Ante la ausencia de respuesta y tras las repetidas declaraciones de Ud. y de otros dirigentes del gobierno de la Generalitat en las que manifestaban que no se pensaba acatar las sentencias del TS y que no se cambiaría el sistema de inmersión, al inicio del curso escolar 2011-2012 decidimos enviar a nuestra hija de 12 años a empezar la ESO en Pamplona, donde reside la familia de mi mujer, y donde no está sometida ni a la inmersión forzosa en catalán, ni al adoctrinamiento nacionalista identitario que practican los libros de texto.

En octubre de 2011 el Departamento de Enseñanza contestó negativamente a nuestra solicitud de enero, por lo que en el plazo estipulado hemos presentado una demanda en el TSJC contra la resolución del Departamento de Enseñanza.

Como escuché en una ocasión a Fernando Savater, «las lenguas tienen dos enemigos: los que las prohíben y los que las imponen». Muy a su pesar van a conseguir que el catalán sea para muchos niños la lengua de la clase, la antipática y la de la imposición, mientras que el español quedará para sus ratos de ocio y de relajación, para sus escasos espacios de libertad que les permiten.

Es posible que mis hijos tampoco lo vean, pero Ud. sabe que la inmersión forzosa en catalán y la exclusión del castellano de la vida pública tienen los días contados, y le aseguro que será algo beneficioso y enriquecedor para Cataluña.

Eduardo López-Dóriga Enríquez es presidente de la Asociación por la Tolerancia y padre de tres hijos.

El Mundo (14.03.2012)

 

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