La única línea roja es la ley

Rivera (C's) y Díez (UPyD)... ¡eran otros tiempos! 

Por boca del ministro de Educación, hemos vuelto a comprobar, una vez más, que la promesa electoral de garantizar el derecho a estudiar en lengua española en toda España se ha quedado en una alusión vacía

Otra vez no. El PP no puede volver otra vez a engañar a los ciudadanos de Cataluña y renunciar a hacer cumplir la ley. La lengua no puede volver a ser moneda de cambio para apaciguar a los nacionalistas. Por boca de su ministro de educación, José Ignacio Wert, hemos vuelto a comprobar, una vez más, que la promesa electoral de garantizar el derecho a estudiar en lengua española en toda España, se ha quedado en una alusión vacía, sin plazos ni procedimientos. Hablando en plata, en ¡nada! Y para acabarlo de adobar, en el encuentro entre el presidente de Gobierno, Mariano Rajoy y el de la Generalidad, Artur Mas, en la Moncloa, ni se tocó la actual inmersión lingüística declarada ilegal por el Constitucional y por cinco sentencias del Tribunal Supremo.

El que quiera volverse a engañar, que se engañe, pero Mariano Rajoy está haciendo exactamente lo mismo que hizo José María Aznar y todos los presidentes del PPC a excepción de Vidal Quadras: traicionar los derechos lingüísticos de los catalanes para templar gaitas con los nacionalistas. En este caso además, sin necesitarlo. Si con mayoría absoluta permiten este camuflado racismo cultural… ¿qué no harían sin ella?

Ni siquiera son conscientes del matonismo político que se ha instalado y ejercen sin pudor en Cataluña cada vez que los Tribunales de Justicia sentencian contra sus abusos. Nadie se siente obligado por ellas; es más, envalentonados, amenazan, como ha hecho Artur Mas nada más salir de la Moncloa, con la existencia de “ciertas líneas rojas” que el Gobierno de España no puede traspasar. Y no se refería sólo a la hipotética pretensión del Gobierno de garantizar la elección de la lengua vehicular, incluyó también, “todo el tema identitario, todo el tema lingüístico, todo el tema de la inmersión lingüística, todo el tema de nuestro modelo educativo… todo eso forma parte de las líneas rojas”. Y Rajoy como el Rey Pasmado.

Si las sentencias del TC, del TS y del TSJC instando a la Generalitat a restablecer al español como lengua vehicular en las escuelas catalanas, habían logrado poner contra las cuerdas a la consejera de educación de Cataluña, Irene Rigau, la aptitud mercantilista del ministro de Educación y del presidente de España, la ha envalentonado de nuevo: “Hemos de poder defender nuestro modelo de escuela catalana, en lengua y contenidos, tal y como hemos venido haciendo siempre”. Es decir, seguirán adoctrinando a nuestros hijos en el ideario nacionalista.

Después del abrazo de la Moncloa, el desacato jurídico ha derivado en burda chulería política. La susodicha consejera de Educación ha amenazado con impartir el estudio del Estatuto si se enseña educación Constitucional. ¡Cómo si el Estatuto constitucional fuera el rival de la Constitución! Se le entiende todo: muestra, a las claras, que la Constitución es una amenaza para Cataluña, y ante ella, opondrían el modelo estatutario secesionista que fue invalidado por el Tribunal Constitucional. No es un juicio de intenciones, es la realidad de cada día. Yo imparto clases en Barcelona hace 32 años y sé lo que eso significa y sus consecuencias.

Frente a ello, un paisaje desolador; la presidenta del PPC, Alicia Sánchez Camacho no ha dicho esta boca es mía, pero sí ha mimetizado el lenguaje de los nacionalistas al modo y manera con se confundía en el paisaje catalanista, Josep Piqué, o como hacía de palanganero de CiU en los ochenta, el actual ministro de defensa, Jorge Fernández Díaz, o cómo se trasformaba de convergente a popular, Trías de Bes en una operación de blanqueo catalanista del PP. ¡Ya está bien de tanta tomadura de pelo! Si Rajoy cree que somos idiotas, le recordaremos día sí y día también que esta estafa electoral no le saldrá gratis.

Mariano Rajoy y su PP no son mejores que Zapatero o Rubalcaba con su PSOE. Unos y otros han dejado a los ciudadanos de Cataluña a su suerte, es decir, a la suerte de los nacionalistas. Un día no muy lejano, recordaremos con amargura la cobardía y la falta de visión de Estado  de estos gestores de circunstancias.

Ya sólo nos quedan C’s y UPyD. Y encima no se ponen de acuerdo. Grandeza de miras a raudales.

Antonio Robles

Libertaddigital (9.02.2012)

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