Los otros ‘hijos’ de Fraga: del adiós de Mancha a la inquina de Verstrynge

Fraga y Verstrynge; eran otros tiempos

La opuesta valoración de dos figuras efímeras

Daniel Forcada.- A Jorge Verstrynge nadie le esperaba ayer en el pequeño piso de la calle Fernando el Católico por el que los principales políticos de la Transición y de la Democracia fueron desfilando a lo largo de todo el día para despedir a Manuel Fraga Iribarne. Hay heridas que cicatrizan mal y la abrupta salida de Verstrynge de Alianza Popular, de la que fue secretario general a las órdenes del político gallego, es una de ellas. Quien fue considerado el delfín político de Fraga durante años y que luego sufrió una llamativa metamorfosis que le llevó hasta las filas del socialismo, ni siquiera quiso ayer hacer valoración alguna sobre la figura del fundador de Alianza Popular.

Al contrario que Antonio Hernández Mancha, fugaz líder de AP entre 1987 y 1989,  que ayer sí acudió al velatorio de Fraga y reconoció la importancia de su legado como un político bisagra entre la dictadura y la democracia parlamentaria, Verstrynge no ha querido tener palabras de recuerdo hacia quien fue su jefe de filas y a quien consideraba su “patrón”. Contactado por este diario, Verstrynge se negó a hacer cualquier valoración del político gallego.

Verstrynge salió de AP después de que Fraga lo cesase al considerar que estaba involucrado en un complot para sacarle de la presidencia del partido que él mismo había montado. Fue lo que se denominó la operación Chirac, en la que se trató de que Fraga aceptase la candidatura de su partido al Ayuntamiento de Madrid una vez constatada su incapacidad para vencer al PSOE en las urnas. Corría el año 1986. De buenas a primeras, Fraga aceptó el proyecto, pero derivadas posteriores le hicieron sospechar de la preparación de un complot, y a partir de ahí el asunto concluyó en la destitución del entonces secretario general.

Memorias de un maldito

Lo recuerda Verstrynge, con su versión de los hechos, en el libro que publicó en 1999, Memorias de un maldito, en el que carga contra Fraga y traza un semblante a veces cruel del ex presidente de la Xunta de Galicia, a quien acusa, incluso, de no descartar la hipótesis del golpismo “en su desesperación por llegar al poder”. Por eso, en su opinión, la operación para enviarle como candidato al Ayuntamiento tenía como objetivo mandarle a un “sanatorio democrático donde aprendiese de verdad democracia, pudiera demostrar que se había enterado y que se podía confiar en él, y donde curara, o calmara, su renacida tendencia a usar vías de acceso al poder incompatibles con la práctica democrática”.

Y es que, según Verstrynge, en julio de 1986, Fraga, convencido de que no volvería a haber elecciones generales en otros cuatro años, pues el PSOE había ganado por mayoría absoluta, planteó tres hipótesis “para llegar al Gobierno antes…”.

La primera, que el rey Hassan de Marruecos diera un golpe contra Ceuta y Melilla y que el Rey provocase “la formación de un Gobierno de Concentración Nacional” en el que AP exigiría una vicepresidencia y las carteras de Defensa, Interior y Justicia. La segunda hipótesis, que “con ocasión de algún movimiento militar”, se formase también un Gobierno de Concentración con las mismas reivindicaciones antes expuestas. Y, en tercer lugar, que se pudiera producir un atentado de ETA contra el presidente del Gobierno, Felipe González, que provocase también otro Gobierno de unidad.

En realidad, se trataban de tres hipótesis formuladas por Fraga para que el partido estuviera preparado ante una situación de emergencia. Pero en sus memorias, Verstrynge va mucho más allá, aunque sin aportar más datos que su recuerdo personal de los hechos. “Mi mundo había dado un vuelco”, escribe: “Estaba ante un hombre que, en su desesperación por llegar al poder, estaba dispuesto a aprovechar cualquier situación, incluso la golpista, para apalancar su posición. Un hombre que ante la negativa de las urnas a darle lo que deseaba, comenzaba a buscar alternativas no exactamente democráticas, o ponía esperanzas en un magnicidio”.

Pero si Verstrynge ni estaba ni se le esperaba ayer en el velatorio de Manuel Fraga, el otro personaje clave de la historia política de AP, Hernández Mancha, no quiso faltar a la despedida de quien de designara líder del partido. Y Mancha, hoy al frente de un bufete de abogados en la madrileña calle Ferraz, reaparecido fugazmente hace años ante la opinión pública como el ‘hombre de los Bush’ en nuestro país, optó ayer por recordar ante los periodistas una anécdota que da muestras del carácter de Fraga: cuando hacían campaña en la comarca del Alto Almanzora (Almería) y, para reducir costes, tenían que compartír habitación. Ayer, muchos años después, la capilla ardiente del político gallego tenía lugar en el piso de 90 metros cuadrados de su hija: él nunca tuvo piso en Madrid.

El Confidencial (17.01.2012)

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