Sarkozy tira de la ‘tasa Tobin’ para salvar su carrera política

Nicolas Sarkozy se despide de Angela Merkeltras una reunión en el Elíseo (Efe). 

El sorprendente recorrido del impuesto antisistema

Álvaro Rigal – Siguiendo la tradición establecida por Charles de Gaulle, el presidente de la República Francesa se dirige a los ciudadanos cada 31 de diciembre en un breve mensaje televisado en directo. La pasada Nochevieja, Nicolas Sarkozy cumplió con el rito anual y, tras apagarse las notas finales de La Marsellesa, habló a los franceses: “El mundo de las finanzas debe pagar los daños que ha provocado. Hemos de instaurar una tasa sobre las transacciones financieras. Es una cuestión de eficiencia. Es una cuestión moral”.

No se trataba de ninguna ‘boutade’ del presidente galo. Días después, Angela Merkel declaraba al respecto: “Francia tiene razón al decir que hay que actuar de una vez y poner los puntos sobre las íes”. Palabras que dan cuenta del largo camino recorrido por esta idea, promovida en las últimas dos décadas por organizaciones altermundistas y antisistema, y que el propio Sarkozy tachó de “absurda” en 1999. Un itinerario inesperado que ha sido destacado por diversas cabeceras internacionales, como el diario francés ‘Le Monde’.     

La ‘tasa Tobin’ recibe su nombre del estadounidense James Tobin, galardonado con el Premio Nobel de Economía en 1981. A grandes rasgos, la idea consiste en fijar un impuesto sobre las transacciones financieras especulativas en el mercado de divisas. Con una tasa impositiva en torno al 0,1%, permitiría desestimular el flujo de operaciones a muy corto plazo, para frenar el abuso de instrumentos financieros complejos de alto riesgo y alta volatilidad. En palabras de Tobin, se trataría de “echar unos pocos granos de arena” en los engranajes de las finanzas internacionales.

No es extraño que sea en Francia donde el debate haya surgido con más fuerza en los últimos meses porque, si bien el padre es americano, el ADN de la tasa es puramente francés. En 1997, un editorial de Le Monde Diplomatique titulado ‘Desarmemos a los mercados’ dio lugar al nacimiento de ATTAC (Asociación por la Tasación de las Transacciones Financieras y por la Acción Ciudadana), que desde el país galo ha extendido su influencia a todo el mundo. En los años 90, ATTAC estuvo a la cabeza del movimiento antiglobalización, provocando que el propio Tobin renegara de la interpretación que se hacía de su idea y recordara que, a diferencia de ellos, él era partidario del libre comercio.

El monstruo del lago Ness

Tobin solía decir en sus clases que su tasa era como “el monstruo del lago Ness”. Sale a la superficie, desaparece, y al cabo de cierto tiempo vuelve a asomar la cabeza. Así lo ha revelado quien fuera alumno suyo en la Universidad de Yale, el primer ministro italiano Mario Monti. Y aunque muchos prefieren pensar que la tasa nunca pasará de ser una extravagante leyenda, lo cierto es que las aguas de la economía mundial han visto como la criatura emergía en numerosas ocasiones en las últimas décadas, y los avistamientos comienzan a ser cada vez más frecuentes.

Ya en el año 2005, el entonces presidente francés Jacques Chirac defendió la idea en el Foro Económico de Davos, recibiendo el apoyo del canciller alemán, el socialdemócrata Gerhard Schröder. Pero fue en 2009, con la crisis financiera ya en marcha, cuando la tasa se asomó más frecuentemente a los titulares. Primero fue el ministro de Exteriores francés Bernard Kouchner quién abogó por su implantación, asegurando que su homólogo en Gran Bretaña, David Miliband, estaba de acuerdo con él. Poco después, el primer ministro británico, Gordon Brown, proponía la idea en una reunión del G-20 e incluso Adair Turner, jefe del organismo regulador financiero británico y auténtico ‘policía de la City’ se mostró favorable a la tasa. Pero el auténtico punto de inflexión llegó en abril del año pasado, cuando el FMI dobló la rodilla y reconoció por primera vez la necesidad de imponer barreras a la entrada de capitales para evitar los dañinos efectos de la especulación. El organismo estaba aún dirigido por Dominique Strauss-Kahn, que en años anteriores se había mostrado contrario a la idea por considerarla “simplista” y “muy difícil de aplicar”.

La tasa, más viva que nunca

En los últimos seis meses, los acontecimientos se han acelerado vertiginosamente para un proyecto que lleva 40 años en el aire. A principios de verano, la extensión de la crisis griega amplió el círculo de partidarios y la Comisión propuso aplicarla en el 2014. En agosto, Sarkozy y Merkel anunciaron una iniciativa sobre la cuestión, provocando una caída inmediata de las acciones del grupo NYSE-Euronext, que explota las bolsas de Nueva York, París, Bruselas, Amsterdam, Lisboa y Oporto. En el Parlamento Europeo, la mayoría de diputados (salvo los euroescépticos británicos) se han mostrado a favor de la propuesta.

En su encuentro de esta semana, Merkel y Sarkozy volvieron a escenificar su acuerdo sobre el fondo de la cuestión, pero dejaron patente sus diferencias sobre los tiempos. Mientras que la canciller alemana quiere lograr un acuerdo entre los 27, al presidente francés le corre prisa. Y es que nadie se le escapa que el entusiasmo galo por la tasa está en íntima relación con las elecciones presidenciales de abril. Situado en los sondeos por detrás del socialista François Hollande, Sarkozy está echando el resto para erigirse como un hombre de Estado, interpretando el papel del líder que defiende al pueblo de los ataques de los mercados. El martes, Francia anunciaba que implantará la tasa en solitario en 2012 esperando que otros países le sigan. “Si no damos ejemplo, no se hará”, sostiene el presidente galo. Habrá que esperar a la cumbre del 30 de enero para conocer el impacto de la decisión en el resto de miembros de la UE, aunque David Cameron ya ha manifestado su intención de vetar la propuesta.

En España, el Gobierno no se ha pronunciado sobre la cuestión. El pasado martes, el PSOE presentó una proposición no de ley para que el Congreso acoja un debate sobre la posición española en la próxima cumbre, pidiendo al Gobierno que respalde la idea de Sarkozy, con el que Mariano Rajoy se reune hoy. La petición choca con la actuación socialista de los últimos años, en los que tumbaron sin miramientos las propuestas sobre la cuestión formuladas por Izquierda Unida. De producirse el debate en esta legislatura, el Congreso contaría con una nueva voz cualificada sobre la cuestión, ya que el joven diputado de IU, Alberto Garzón, es miembro de ATTAC.

Problemas y preguntas sin respuesta

A pesar del reciente aumento de la voluntad política, la ‘tasa Tobin’ sigue planteando numerosos interrogantes de cara a su aplicación, como el criterio para precisar las transacciones que serían gravadas, el momento de hacerlo y su tipo impositivo. Pero sobre todo, el gran argumento esgrimido por los detractores es que si la tasa no se aplica a nivel mundial será inútil, porque los flujos de capital se desplazarían hacia los centros financieros exentos del control. El ejemplo más recurrente es el fracaso de Suecia, que instauró la tasa en 1984 y hubo de retirarlo en 1990 ante la fuga de capitales. No obstante, no faltan quienes señalan hacia Brasil, que aplica con éxito varias medidas para penalizar la entrada excesiva de capitales externos en sus mercados, entre ellas un impuesto del 6% a las actividades financieras.

Por último, está la cuestión de la finalidad a la que se destinarían los ingresos. Tradicionalmente, el movimiento antiglobalización presentaba la tasa como un instrumento para luchar contra la pobreza, pero a día de hoy, la idea que gana fuerza es la de apuntalar las maltrechas economías continentales. En España, la “Plataforma por un impuesto a las transacciones financieras” anunciaba el viernes que el impuesto reportaría a las arcas del Estado más de 6.000 millones de euros, evitando así la necesidad de subir el IRPF y congelar el salario mínimo. No obstante, en la zona euro se mira con esperanza la posibilidad de dedicar esos ingresos al Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF), cuya calificación de ‘AAA’ se encuentra seriamente amenazada después de que Francia perdiera la ‘triple A’ este fin de semana, lo que le supondría graves problemas para financiarse.

Tras dos décadas de movimientos altermundiales, los gobiernos nunca se vieron obligados a desenfundar un arma del calibre de la ‘tasa Tobin’ para luchar contra la pobreza. Está por ver si lo harán para enfrentarse a Standard & Poor’s.

El Confidencial (16.01.2012)

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