La triste confesión de Blanca Portillo

Chusa Martín y Blanca Portillo (izquierda) 

La exdirectora del Festival de Teatro Clásico de Mérida habla a fondo sobre su amarga experiencia al frente de un certamen lleno de irregularidades y mentiras

La actriz achaca por igual a PP y PSOE los errores en la gestión

Stop corrupciónRosana Torres – Madrid.- “La oscuridad de los despachos”. Eso es lo que más ha sorprendido a Blanca Portillo de su fugaz experiencia como directora del Festival de Mérida, cuyas riendas abandonó en octubre al término de la última edición, que fue a la vez la de su debut y la de su adiós. Se trata, en las propias palabras de la actriz, directora y productora, de la incursión profesional más frustrante de su carrera, a pesar de haber llegado a ella llena de una ilusión “casi infantil” cuando la nombraron directora del certamen junto a la productora Chusa Martín.

“Se faltó a la verdad”, sentencia ahora Blanca Portillo, a quien no le importa confesar que se sintió honrada cuando la llamaron y que creyó en el proyecto “con vehemencia” ya que, sostiene, de existir una estructura clara, limpia y saneada, dirigir el Festival de Mérida sería “una aventura maravillosa”. Pero en su caso no fue así, bien al contrario: se encontró con una gestión económica carente de transparencia, tal y como denunció a los pocos días de llegar allí, primero ante los responsables políticos y después ante todo el que la quiso escuchar: equipos artísticos, técnicos, colaboradores…

Ya con el poso del tiempo como argumento, Blanca Portillo desgrana su personal lamento de Mérida en el transcurso de una larga conversación con este diario: “Lo dijimos al descubrir que las cosas no eran como me habían contado. Creo que nuestra actitud puso muy nerviosa a mucha gente, porque temían que saltara el escándalo, con el perjuicio que eso hubiera supuesto para todos los implicados”.

Ella y Chusa Martín se vieron, de la noche a la mañana, al frente de un festival en el que la dirección no tenía certeza alguna del dinero con el que contaba: “No podíamos gestionar el presupuesto, no teníamos firma legal, desconocíamos los mecanismos económicos y se nos negaba sistemáticamente la situación real del aspecto financiero, así que eso era un festival inviable”, explica. Para Portillo ocultar la verdad es una agresión al ciudadano, al teatro y a quienes han creído en ese festival. “La dirección es quien da la cara y a quien se achacan todos los fallos y errores. Los demás permanecen ocultos. Y como no puedes dar datos fidedignos, te conviertes en sospechosa. La gente desconfía y cargas con un muerto que no te corresponde”.

A ella la nombró el gobierno socialista de la Junta de Extremadura presidido por Guillermo Fernández Vara pero tuvo que trabajar, desde el día de la inauguración, con la Junta gobernada por el PP, partido ganador en las últimas elecciones autonómicas. “Todos, los representantes de ambos gobiernos, lo sabían, estaban al tanto de los desmanes del festival. No les pilló por sorpresa y nadie lo destapó. Aunque la verdad es que creo que deberíamos hablar más de personas que de partidos políticos”.

La actriz piensa que cuando se llevan 28 años gobernando, uno siente que está en su casa. “Pero eso no es tu casa, es la casa de los contribuyentes”, comenta. “¡Si todo el mundo lo sabía, ¿por qué nadie hizo nada?!”. Ella y Martín se sienten orgullosas de haber dicho que algo estaba mal y que se iban. “Todos los que lo sabían son cargos públicos y, si hay algo que es ilegal, que no está bien, ¡váyase!… me tiene comida la cabeza que nadie lo ha dicho”.

También tiene espacio para la autocrítica, después de recordar que dejó tirados todos sus proyectos durante ocho meses por trabajar, todos los días sin excepción, en el festival. “¿Mis errores? Hacer una programación tan amplia en un año que estaban mal las cosas. Además hay que acostumbrar al público a que no solo vaya a ver reconstrucciones históricas de grecolatinos, que hay que hacer otras cosas, aunque no se rentabilice en ese momento, aunque estoy segura de que a la larga Mérida dará beneficios como Aviñón o Stratford-upon-Avon”. Cuando la nombraron propuso sanear el festival, pagar las deudas, empezar de cero, reducir la muestra a tres semanas. Pero le dijeron que era imposible, cuando hacer un festival de dos meses es impensable en estos tiempos.

También vive con estupor el drama de que -como adelantó en su día este diario- muchos de los profesionales que intervinieron en el Festival (actores, directores, técnicos…) no hayan llegado a cobrar nunca sus emolumentos. En ese capítulo, como en otros, Blanca Portillo confiesa la impotencia personal que le invadió: “Cuando me nombraron les dije que no iba a permitir que lo de los impagos se repitiera… y bueno, se repitió. Es muy complicado deshacer eso, es una comunidad pequeña, donde todo el mundo depende de todos”.

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“¡Claro que hubo presión política!”

Uno de los episodios que con mayor tristeza recuerda Blanca Portillo de su experiencia emeritense tiene que ver con la controversia de las fotos. Como se recordará, la directora del Festival se vio obligada a retirar de una exposición una fotografía de Sergio Parra en la que el actor Asier Etxeandia se tapaba los genitales con una postal de El Cristo de Velázquez, lo que generó fuertes protestas. “Fue un momento realmente triste. La retiré por respeto a los ciudadanos que se quejaron y escuché y leí que no había sufrido presiones políticas. ¡Claro que las tuvimos, y muchas! Pero todo el mundo tiró la piedra y escondió la mano”, recuerda.

Toda esta aventura le ha servido a la actriz para darse cuenta de que no debería existir una cultura de izquierdas o de derechas. “Es un espacio de libertad. El teatro necesita libertad, por encima de todo”, sostiene.

Pero hay vida después de Mérida… Desde que dejó el festival en octubre Blanca Portillo ha participado en lecturas dramatizadas, episodios de las series Frágiles y Hospital Central y, a partir de la semana que viene, se la podrá ver en la película La chispa de la vida, de Álex de la Iglesia. En el futuro inmediato rodará, bajo las órdenes de Laura Mañá, una película sobre la vida de Concepción Arenal, y es casi seguro que participará en el proyecto del director francés Jean Baptiste Sastre, que quiere hacer Fedra en varios países.

En pocas semanas, además, empezará el ensayo de uno de los grandes proyectos de su carrera como actriz: será Segismundo, con la directora Helena Pimenta y la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Y paralelamente está perfilando su gran empeño a nivel personal: la creación de una fundación, una suerte de compañía estable, no comercial, con muchos creadores y artistas, sin ánimo de lucro y cuyos beneficios vayan a parar a nuevos proyectos. “Vamos a ver si es verdad que amamos tanto el teatro”, avanza.

El País (4.01.2012)

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