Si, Montse, mi familia materna también

Si, Montse, mi familia materna también vino del sur huyendo del hambre, la miseria y las injusticias de los señoritos andaluces. Pero sabes una cosa, a menudo me pregunto si valio la pena. Fíjate, cambiaron unos señoritos por otros (los de aquí), que además de despreciarlos por su condición (como aquellos otros que dejaron en su tierra materna) también los desprecian por su origen; educaron a su hijos en la vergüenza y el odio, entre otros, a sus antepasados; intentaron que estos mismos renunciasen a su lengua, a su cultura … a sus raices. Ellos, los señoritos de aquí, lo llaman “integrar”; yo prefiero el término “diluir”, que define com más exactitud lo ocurrido. Y lo que más me indigna es que después de semejante tropelía, de tal barbaridad, de tal humillación una parte de aquellas personas se hayan dejado convencer para aceptar de buen agrado ese papel vergonzoso que les han asignado “nuestros señoritos”, los de aquí. Al menos los que allí se quedaron todavía mantienen la “dignidad”; que dicho sea de paso es algo innato al individuo cuando nace y que únicamente él por propia decisión personal decide perder a lo largo de su vida.

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