¿Por qué lo llaman privilegio cuando deberían decir derecho?

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“Privilegiados” es el nombre con el que algunos medios de comunicación y algunos creadores de opinión han bautizado a los funcionarios y a otras personas que trabajan en la administración catalana. 
Los médicos, profesores, bomberos, policías, administrativos, técnicos, guardas forestales que trabajan para la administración pública de la Generalitat de Catalunya han “perdido” su profesión. Ya no son lo que pensaban. Ni si quiera son funcionarios, con la connotación despectiva habitual. Ahora son “privilegiados”. “Privilegiados” a los que por supuesto hay que recortarles sus privilegios. 
Un par de apuntes que conviene tener en cuenta cuando se habla de este colectivo. La mayoría  trabajan diariamente para que el país al que sirven vaya mejor. Algunos incluso creen acérrimamente en el servicio público. También hay que reconocer que algunos, como sucede en muchas empresas, no dan un palo al agua. Pero son una minoría.
En el ojo del huracán
Los funcionarios están en ojo del huracán. Ahora hay que reducirles sus derechos, que no privilegios, y por lo tanto hay que preparar el camino. La operación es la misma de siempre. Los líderes gubernamentales deciden a quien hay que “atacar”, porqué y con qué objetivo. Entonces se inicia el ataque con la inestimable ayuda de la prensa amiga que hace el trabajo sucio. El objetivo es claro: que la opinión publicada (prensa, radio, televisión…) convenza a la opinión pública (los ciudadanos). Si la campaña está bien elaborada y tiene los apoyos suficientes suele obtener buenos resultados.
Esto es lo que está sucediendo desde hace unas semanas con las personas que trabajan en la administración, sean funcionarios, laborales o interinos. Es curioso que los que han iniciado esta campaña sean los que fomentaron y engordaron esta administracion que ahora critican. Y en su momento estaban muy orgullosos de tener una administración catalana como signo de identidad y de eficacia.
Más pedagogía y menos demagogía
Pero la gente cambia de opinión. Ahora hay que justificar los recortes. Y en vez de hacer pedagogía, se opta por la demagogia. Por desgracia, demasiado a menudo es mucho más efectiva la demagogia que la pedagogía. 
¿Es necesario desprestigiar injustamente a ciertos colectivos con generalizaciones poco fundamentadas? ¿Es bueno “criminalizar” a tus trabajadores públicamente? Por cierto, ¿quién otorgó estos “privilegios” a los funcionarios? Estaría bien que quienes han decidido rebautizarlos lo explicasen. Los funcionarios no son empresarios que deciden cuánto cobran, cuantos días libres tienen… 
De modelo a seguir a modelo a erradicar
Hasta hace pocos años siempre se dijo que las condiciones laborales de la administración pública eran el camino a seguir por las empresas privadas. La conciliación laboral y el permiso de paternidad son dos claros ejemplos.
Por cierto, muchas de estas personas han pasado años estudiando oposiciones para lograr un trabajo con determinadas condiciones laborales. Ahora deben aguantar que se las cambien y además les piden que lo hagan con alegría y sin protestar. 
El poder del lenguaje
Como explica el lingüista Georgge Lakoff en su libro No piense en un elefante el control del lenguaje es fundamental en la comunicación política. La importancia de crear marcos mentales es un arma muy potente para teledirigir a la opinión pública. Y como relata Lakoff la derecha es mucho más efectiva en este terreno.
Es cierto que la situación actual no es fácil para la gran mayoría de los ciudadanos. Y puede que la administración catalana requiera recortes. Pero hay diferentes maneras de plantearlos. Y probablemente se puedan tomar medidas menos drásticas que busquen el bien común.
Recortar sí, faltar al respeto no
Un último apunte. He trabajado como personal eventual durante siete años en la administración del Estado y en la de la Generalitat. Pasé muy buenos años y aprendí mucho. Hice mi trabajo lo mejor que pude pero no hubiese sido posible sin la ayuda de todo el personal ya fuesen funcionarios, laborales o interinos.
Si hay que recortar que se recorte. Y si hay que reorganizar la Administración que se reorganice, pero que no se “criminalice” a éste ni a ningún colectivo tan alegremente para justificar determinadas medidas.

David Espinós

El Blog de David Espinós (29.11.2011)

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