Rectificación

Monarquía o República. Tú eliges.

No hay acuerdo para castigar la tala de árboles en el Amazonas. No hay acuerdo para renovar un compromiso que limite las emisiones de CO2. No hay acuerdo para refundar el euro. Todas las noticias son malas, y todas las malas noticias tienen el mismo origen. Si a los europeos les falta dinero para consumir, las potencias emergentes solo pueden crecer a base de deforestar selvas o de contaminar la atmósfera para reducir costes. El apocalíptico Leviatán que nos acosa, lo está poniendo todo boca abajo. Y esta vez, todo quiere decir todo.

No sé si rectificar es de sabios, pero me dispongo a hacerlo con mucho gusto. Después de llevar media vida afirmando que la Monarquía es una forma de Estado anacró-nica, esencialmente incompatible con los principios básicos de la democracia, el yerno del Rey me ha demostrado cuán equivocada estaba. Su trayectoria basta para contextualizar, con admirable contundencia, esa institución a la que ya no sabemos si representa o no. Porque en la España de la burbuja y el pelotazo, es difícil encontrar a alguien que haya llegado tan lejos.

Urdangarin le sacó un millón al Gobierno balear a cambio de proponerle que el Tour, nada más y nada menos, corriera una etapa en las islas. ¿Qué significan la geografía y la historia a la hora de hacer un buen negocio? Nada, así que no digamos ya los Pirineos, y mucho menos el Mediterráneo, ese despreciable charco. Lo notable no es que Urdangarin lo planteara, sino que en Mallorca se lo pagaran, y no digo que se lo creyeran porque la que no se lo puede creer soy yo, así que alguien más pondría la mano por el camino. Naturalmente, el Tour se quedó en Francia, pero esa minucia no implicó reembolso alguno. Así las cosas, nada tan extraordinario como que siga habiendo españoles que opinan que una República nos saldría más cara. Pues menos mal.

Almudena Grandes

El País (12.12.2011)

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